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domingo, 23 de abril de 2017

Curro Dulce: anécdota y muerte de un siguiriyero (A Seve Izquierdo Gutiérrez)


Hay terrenos que no son nada fáciles de transitar. Resbaladizos, como la piedra ostionera que, en función del tipo de algas que las colonice y del tiempo que permanezcan descubierta por la marea, mostrará un piso más o menos deslizante. Hay territorios que parecen entroncar con un estereotipo. También con una forma de ser; e incluso con una forma de estar ante la vida. ¿Vieja actitud? ¿Arquetipos que se repiten y perpetúan en el tiempo, que parecen conectados con la madre tierra? ¿Es Cádiz una urbe proclive al humor, cuando el humor es común y apátrida? ¿Ante cuánta proporción de tópico y cuánta de realidad estamos?

Los textos más tempranos (1881), específicamente flamencos, parecen apuntar en la dirección afirmativa. Antonio Machado Demófilo en El Folk-lore Andaluz en el capítulo Los sombreritos, hacía referencia indirecta a unas coplas que le habían llegado desde Cádiz, territorio desde el que —según su criterio— se hacía pronta copla humorística:

"Los gaditanos que por menos de un pimiento inventan una copla" (1)

Posteriormente, en 1885, con motivo de haberse constituido en Cádiz la Sociedad del Folklore Provincial Gaditano y de haber aceptado Demófilo ser el presidente honorario (y su amigo Alejandro Guichot secretario honorario), el "Padre del folklore" mandó una carta en la que expresaba el cariño que sentía por la tierra de su padre:


"(...) Cádiz es para mí una de las ciudades más simpáticas de Andalucía, y Andalucía, donde han nacido mis padres, mi mujer y mis hijos, y yo he vivido desde la edad de cuarenta días, la región más querida de España. (...) El Folk-lore de Cádiz es 'sui generis'. En la Bahía, en el muelle, en el barrio de la Viña, en la Mirandilla... (...) Mi saludo afrectuoso á los iniciadores y mantenedores del 'Folk-lore de Cádiz', cuna de mi padre y de mis mejores amigos y ustedes dispongan de la inutilidad de amigo.
                                                        Antonio Machado y Álvarez" (2)

"En el barrio de la Viña y en la Mirandilla", es decir, en el barrio de Santa María, en cuyo colegio del mismo nombre (La Mirandilla) estudió Aurelio Sellés; conocía perfectamente Demófilo los territorios especialmente fértiles para 'lo flamenco' en Cádiz.

De Curro Dulce conocemos su jondura, su innegable aportación siguiriyerasoleaera y cañera; el conocimiento de los jaleos y el polo; la viudita, la petenera, la guajira; dominador de todos los estilos de cantiñas, sus bailes por tangos americanos (aportados por Gerhard Steingress); su oficio de puntillero de la plaza de toros de Cádiz; la gran admiración que Silverio Franconetti le profesó; la enorme influencia que sobre don Antonio Chacón ejerció... Mas un aspecto novedoso sobre su persona y personalidad hemos de incorporar ahora al conocimiento de su figura: su enorme gracia —según el literal tenor de los textos que enseguida mostraremos— ¿Otro gaditano más a la nómina de flamenquitos guasones? ¿Tú quoque Curro mi? Leamos al cronista, porque la reseña no tiene desperdicio:

"La actualidad.
Curro Dulce, á quien todo el mundo conoce y estima en Cádiz, fue en sus buenos tiempos uno de los más renombrados cantaores flamencos de Andalucía.

En Seguidillas no tenía rival: su voz varonil y delicado estilo y hasta la misma elección de las coplas, daban á su cante un atractivo especial, mezcla de gracia sin desgarro y de sentimiento sin quejumbres.

Nuestro ilustre amigo y paisano Navarrete, á quien lo puramente 'flamenco' horripila, ha sacado a Curro Dulce en uno de los capítulos de su novela María de los Ángeles.
Es una juerga en la Primera de Cádiz; y el cantaor entona una 'serrana', cuya preciosa letra copia el autor de la obra:

                                                    Una paloma blanca
                                                    como la nieve
                                                    me ha picado en el alma:
                                                    ¡Cómo me duele!

Curro Dulce tiene muchas y buenas relaciones, que sabe cultivar u aumentar con su trato agradable y viva inteligencia.

Es de esas personas que sin echárselas de graciosas, han nacido para hacer reír, tanto por la agudeza y lo imprevisto de sus dichos, como por el contraste entre el aire zumbón de las palabras y la naturalidad y aspecto serio del sujeto.

Desde hace años Curro Dulce se dedica al tráfico de caballerías, y por esta causa ha sido ocupado infinidad de veces para servicios de esa índole en las corridas de toros.

En una de éstas los cornúpetos pegaron duro, y la matanza había sido espantosa.

Terminada la lidia, el empresario, que, valiéndose de Curro había hecho la compra de caballos, ajustaba sus cuentas para calcular lo que salía perdiendo.

Como siempre sucede, no habían costado un precio igual, y convenía recordar dónde y a quién se habían comprado.

—Hombre, Curro, lléguese V. á la cuadra, a ver los pobres que han pagado el pato.
El tratante echó un vistazo y, entendiendo el encargo a la letra, volvió con la noticia.
—Pues allí están el 'tordillo', y el otro 'calin', y aquella jaquilla 'carca'...
—No hombre, Curro, no es eso.
—¡Cómo que no! ¡Vaya V. allá y lo ve!
—Para hacer mi cuenta necesito otra cosa, replicó con algo de impaciencia el empresario.
—Bueno, pues V. dirá, —dijo muy condescendiente Curro.
—Véalos V. otra vez y a ver si V. recuerda quiénes nos lo vendieron.
Curro Dulce no se pudo ya contener:
—Pero oiga V. fulano; ¿Les va V. a mandar el pésame?
                                   
                                                        FRANKLIN JR & CÍA" (3)


Diario de Cádiz, 6 de septiembre de 1896

Antes de detenernos en esta espléndida reseña sobre Curro Dulce, recordemos una segunda alusión que este mismo rotativo hizo, en donde se especificaba, claramente, su entronque con Rosario la Mejorana, a propósito del embarque de su hija Pastora Imperio a La Habana —a los diez años de haber fallecido el cantaor—, y cómo se le seguía recordando, también por su extraordinario gracejo:


Diario de Cádiz, 30 de abril de 1908

El parentesco de Curro Dulce con Rosario la Mejorana fue apuntado después por el cantaor trianero, Rafael Pareja en sus memorias:

"(...) También hubo un Curro Dulce de Cádiz, de la familia de La Mejorana, también cañí que —sacando al gran Silverio— les ganó a todos." (4)

Empecemos por desvelar que tras el seudónimo de Franklin Jr & Cía se encontraba Juan Manuel de Martín Barbadillo, un periodista que formó parte del movimiento pionero en la génesis de la Asociación de la Prensa de Cádiz (1909) (5). Considerado el primer gran articulista que, de forma periódica, cubrió la información cultural en el decano de la prensa andaluza: Diario de Cádiz, en una columna diaria, enormemente popular, titulada Actualidades, en la cual tenía cabida la actividad cultural y las semblanzas relacionadas con ella. Todo un modelo periodístico en la prensa decimonónica gaditana que marcó un estilo propio. No obstante, es muy verosímil que, a partir del año 1894, y tras el seudónimo de Franklin Jr. & Cía, se "escondiesen" varias personalidades periodísticas, pues el "coronel Franklin" que además de periodista era capitán de Infantería de Marina— fue destinado a Sevilla. Por tal motivo la Revista Teatral lamentaba su marcha (6).

Su popularidad en la ciudad hizo que el 15 de febrero, Domingo de Piñata de 1903, se presentara en el Teatro Cómico, a las once de la noche, un coro de niños, titulado: "Los enanos montesinos", con un nuevo popurrí que, en honor al citado periodista, se titulaba: "Franklin Jr. & Cía". El coro alcanzó mucho éxito y firmó contratos en Jerez de la Frontera. Ya e1912, como secretario particular del Gobernador Civil y a partir de un incidente doméstico, la prensa local testimonia nuevamente su presencia en la ciudad gaditana (7).

Para la investigadora Aurora Labio, la columna Actualidades de Diario de Cádiz: "se trata de una nueva forma de enfocar el periodismo, porque predomina en ella la información breve y amena" (8). Sin embargo, la prensa coetánea, como La Semana Cómica o Cádiz por Dentro, deslizaba sus críticas contra el articulista al que tachaban de cultivar crónicas monocordes y de no "mojarse" nunca (9).

Respecto de la referencia que hemos hallado sobre Curro Dulce, destacaríamos, en primer lugar, la forma en la que queda explicada su innegable gracejo, magníficamente retratado en la escena del tratante que le está pidiendo cuentas al calé, y éste le profiere una larga cambiada, con una salida imprevista, llena de comicidad. En segundo lugar, conviene apreciar la descripción que el escribano hace de su voz, adjetivándola de 'varonil'; bastante próxima y coincidente con la idea que de su tesitura ya teníamos: "Curro Dulce cantaba con la voz natural" (dejo dicho Aurelio Sellés); "dueño de una voz de las llamadas naturales, de gran poderío" (había escrito Fernando Quiñones). 

En tercer lugar, nos llama la atención el hecho de aparecer su figura en la novela costumbrista del portuense José Navarrete y Vela-Hidalgo (El Puerto de Santa María1836). Militar de profesión y Diputado a Cortes, muy ligado a la villa de Rota en donde residió, de donde era su madre y en donde lo nombraron Hijo Adoptivo, según acuerdo de 1873. De ideas muy avanzadas, intentó abolir la pena de muerte en 1872 (10). De su producción literaria se destacan algunos trabajos, entre comedias y novelas: Cuantas veo, tantas quieroLa cesta de la plazaLas llaves del EstrechoDe Niza a Rota; El drama de Valle-Alegre; Desde Vad-Ras a Sevilla (episodios de la Guerra de África), o la citada María de los Ángeles, obra editada en 1883, que cuenta con una reedición de 1992 de la extinta Fundación Alcalde Zoilo Ruiz-Mateos, que es la que aquí hemos usado. Es su obra más conocida y fue muy elogiada por el dramaturgo, poeta y periodista gaditano, Carlos Fernández Shaw.


El Liberal, 10 de mayo de 1880

José Navarrete era colaborador del periódico de Madrid, El Liberal, fundado en 1879; tabloide que alcanzó hasta 1939, fecha en la que quedó incautado, como tantos otros periódicos. No sólo sus artículos, también se anunciaban sus trabajos costumbristas, e incluso figuraban recensiones sobre ellos a cargo de Francisco de Asís Pacheco.


Cádiz. El muelle los faluchos y los tinglados. Foto: Ramón Muñoz

La trama de la novela María de los Ángeles no transcurre sólo en Rota, como así se dice en la mayoría de las escasas notas que sobre ella existen —incluso así se afirma en el mismo prólogo de su reedición—, sino que transita también por Cádiz, ciudad de la que el autor demuestra ser un buen conocedor, como así lo evidencia su narrativa precisa, magníficamente descriptiva sobre la capital, sobre sus barrios más populares y la arquitectura de la ciudad.

Descrita queda en ella la Plaza de Mina con sus bailes aristocráticos, armonizados por las bandas militares del cercano Cuartel de la Bomba; sus freidores —especialmente el de Veedor— "mostrando todos, en término principal, en el lebrillo la sabrosa pescadilla que cortan como el salchichón y venden a cuarto la raja" y los pintorescos ventorrillos de Puertatierra"presididos por la sombría mole del Cementerio y arrullados sobre la mole, con sus mesas al aire libre o debajo de una parra tísica, sus fiestas de caña y cante y su sopa al cuarto de hora". Descrito el barrio de La Viña y sus viñeras, aludiendo a cantables de vito:

                                             Quién no ha visto en el mundo
                                             la novena maravilla,
                                             que vaya fletando un barco 
                                             para el barrio de la Viña


Cádiz. El falucho descargando. Foto: Ramón Muñoz

Un Cádiz, calidoscópico, de tiendas de montañeses, con betuneros de gorrilla y señoritos de puro y calañé a las puertas de las tiendas de vinos: La ParraEl SolanoLa SacristíaLa Escalerilla; la célebre Casa de la Camorra "primera sociedad recreativa que hubo en España"; la Plaza de San Juan de Dios en donde José Navarrete refleja, con sobrada propiedad que: "Sanz Pérez encontró al tío Caniyitas vendiendo hierro viejo", o del Teatro del Balón "sobre cuyo tablao hicieron sus primeros desplantes la Nena y la Petra Cámara"


Foto: Ramón Muñoz


La novela María de los Ángeles fue editada, como ya hemos dicho, en 1883, pero Navarrete, a la hora de describir a Cádiz (en el capítulo XXV Nueva decoración), usó párrafos, prácticamente idénticos de un escrito suyo anterior, ya publicado en prensa, concretamente en El Liberal el 6 de abril de 1880, bajo el título Un chico excelente, en donde ya estaba descrita la juerga en La Primera de Cádiz. (11)


Foto: Ramón Muñoz

Allí, vía "el barco de la hora", aquel falucho que comunicaba la villa de Rota con Cádiz, discurre el pasaje que nos interesa sobre Curro Dulce, el cual se desarrolla en la tienda La Primera de Cádiz, del que hace una pormenorizada y exacta descripción, hasta recrear en el lector la atmósfera reinante de aquellos colmaos decimonónicos, en donde el cante se enredaba en los cuartos reservados. El establecimiento estaba ubicado en las confluencias de las calles, entonces, del Óleo y Teniente (hoy Cervantes y Zaragoza). Dejemos que sea el propio José Navarrete el que nos ponga en situación:

"La Primera de Cádiz, más espaciosa y flamante que las demás tiendas, tiene, como todas, su anaquelería con botellas detrás del mostrador, sus andanas de botas pintadas de verde, unas llenas de manzanilla y otras de amontillado, y sus corredores con muchas puertas de entrada a los cuartos, o camarotes, que son de tablas y están al descubierto por arriba desde la altura de dos metros del suelo: de éstos el número doce es el más grande y su menaje el mismo que los restantes: la mesa de pino sin pintar, los bancos, la percha y el mechero del gas.

En la taberna se escuchaba el ruido de vajillas y de cristal, de rasgueo de guitarras, de suspiros de soleás, de oles y de disputas y se respiraban los miasmas característicos de tales establecimientos, a los que van en Andalucía todas las clases y categorías sociales: el capitán de navío y el marinero, el Duque y el peón de albañil.

—¿Qué va a ser, caballeros? —preguntó el montañés Ventura, metiendo, para recogerlas, un dedo de la mano izquierda en cada una de las cuatro cañas vacías que otros inquilinos habían dejado sobre la mesa y limpiando ésta al propio tiempo con un paño que llevaba en la derecha.

Momentos después, Ventura, ayudado por otro dependiente, extendía sobre la mesa un mantel de gusanillo, planchado, pero lleno de manchas añejas y oliendo a tienda de montañés, distribuía los cubiertos de peltre, los platos, las servilletas y las roscas, y ponía sobre la mesa seis botellas de manzanilla recién sacada de la mejor bota y equivalentes a las cañas pedidas, once cañas vacías, una bandeja con vasos llenos de agua y con palillos y dos platos de aceitunas."


 Gente del Puerto. Foto: Fito Carreto
En El Puerto de Santa María existió la taberna La Burra, (desde la que se conoce documentación desde 1863con el interior, con los cuartos reservados de madera de caoba, las losas de Tarifa y azulejos, con un parecido bastante próximo a la descripción que Navarrete hace de La Primera de Cádiz, "con los cuartos o camarotes de tabla y descubiertos por arriba". Al parecer, la fisonomía de las fotografías corresponde a 1880, fecha próxima al pasaje que se relata, cuando era regentada por el montañés, Miguel Felices, de Santillana del Mar.


 Gente del Puerto. Foto: Fito Carreto
Reseñada la taberna y una vez que la reunión de los personajes de la novela han almorzado salmonetes, langostinos y riñones en salsa, tras los pertinentes brindis llega el pasaje en el que figura el célebre siguiriyero:

—Niño, —preguntó Carlos a Ventura, cuando volvió con lo que había pedido —¿qué personal hay en la casa?

—Aquí junto, —respondió el montañés, gente de capa parda, que está remojando la venta de un jaco; más allá unos marineros alemanes de la fragata que entró ayer tarde...

—¿Y en ese camarote de enfrente, de donde no sale ruido?

—Uno con una.

—En el ocho —prosiguió Ventura— están cuatro o seis caballeros diciendo romances, accionando como los cómicos, y en él uno o varios señores del Casino con las coristas de la zarzuela y tres o cuatro cantadores, entre ellos, Curro Dulce y Molina, que es el que ahora echa esa seguidilla.

Molina, con una voz de hermoso timbre, llena de sentimiento y con el más puro estilo gitano, cantaba:

                                                      Ayer, en misa mayor,
                                                      me miraste y te reíste;
                                                      que le parezcas a Dios
                                                      lo que a mí me pareciste.

—Olé, olé —gritó Manuel.

No tardaron mucho tiempo en confundirse la reunión de los artilleros y la reunión de los socios del Casino, cambiándose sus individuos varones fuertes abrazos y cañas de vino y echando requiebros, los paisanos a las costureras acompañantas de los militares y éstos a las coristas de las zarzuela, que cenaban, como ellas decían, con los niños del Casino.

En el cuarto número uno, que es tan grande como el 12, se juntaron quince hombres y doce mujeres; la atmósfera no era respirable, podía cortarse; hubo que abrir las dos ventanas que dan a la calle, aun a riesgo de tener público en las partes de la reja no cubiertas por las celosías; se comió y se bebió hasta lo mitológico; Federico y Carlos pidieron veinte botellas de Champagne, que, sin disfrutar del encanto de asustar a las mujeres con las detonaciones de los corchos, se abrían dándoles con los cuchillos un golpe fuerte en cada gollete; al Champagne siguió el aguardiente de Cazalla; Molina cantó primorosamente y Curro Dulce produjo una explosión terrible de entusiasmo, arrancando aplausos, vivas a su madre y olés, del público de las rejas y del de la calle, al salir, con una voz hermosísima, por serranas, con la copla:

                                                      Una paloma blanca
                                                      más que la nieve,
                                                      me ha picado en el alma,
                                                      ¡cómo me duele! " (12)

El capítulo prosigue y como en toda juerga en la que el alcohol ha corrido generoso, el pasaje acaba "como la comedia de Ubrique". Sitúa Navarrete en su novela apuntes de la realidad y a personalidades conocidas de su época: el periódico El Penínsular, fundado en 1861; así como los poetas gaditanos, el becqueriano Arístides Pongilioni (Cádiz1833—1882) y al poeta, autor dramático y periodista, Víctor Caballero (Cádiz1838 —1874),

"Las mujeres cantaron y bailaron sobre la mesa con un barbián que se coló en la fiesta, haciendo entre todos pedazos la loza y el cristal; moviose pendencia, sin más gravedad que una bofetada dada por Federico con unos guasones que entraron a cenar a última hora y metieron el palo en candela, a consecuencia de estar dos de ellos metidos con dos de las coristas; la redacción de El Peninsular, establecida en la calle del Oleo esquina a la de la Torre, envió al gacetillero Morera, que fue acompañado de los ilustres poetas gaditanos Pongilioni y Víctor Caballero, que estaba allí de tertulia de última hora para que tomara apuntes de aquella bacanal; el alcalde de barrio y el comandante de los municipales estuvieron rondando, por precaución, la tienda toda la noche, pero sin atreverse a llamar al orden a los señores; por último, cerca de las cuatro de la madrugada, después de un ruidoso altercado sobre quién había de pagar, requiriendo seis o siete al montañés para que les tomara el dinero, y rondando, entre unas y otras, por el suelo, los billetes y las monedas de cinco duros, y después de tomar todos en el mostrador, por tres veces, la moza, la última copa de aguardiente, los unos solos y los otros con sus hembras del brazo, roncos, balbucientes, con los párpados caídos, las pupilas extraviadas, los cerebros inflamados, las piernas flojas, dispuestos a hacer cuanto el diablo pudiera inspirarle, dándoseles de todo un bledo, provocando a los transeúntes y a los serenos, hablando a voces los unos, cantando los otros, y arrimándose mucho a las paredes para infringir los bandos municipales, desfilaron por fin en distintas direcciones, siguiendo Carlos y Julio la de los pabellones de Artillería."

De la terna de "tres o cuatro cantadores" (sic) que Navarrete sitúa en la tienda La Primera de Cádiz, además de Curro Dulce, el escritor se refiere a un Molina, de quien no proporciona nombre; mas por paisaje, por época y paisanaje; por enorme siguiriyero —como el primero— por coetáneo suyo y por ser un: "hombre de negocios de ganado y carnes, teniendo entendido que sufragaba por su cuenta numerosas e interminables fiestas de cabales, en la que gustaba reunir artistas que invitaba de distintas localidades, tanto en Jerez, Sevilla, Cádiz y otras ciudades y pueblos bajoandaluces, reuniéndose con los intérpretes más destacados, a los que pagaba por su arte y con los que alternaba en sus propias fiestas..." —al decir de Ríos Ruiz (13)— nos inclinamos ante la factible posibilidad de que se trate de El Señor Manuel Molina, o Curro Molina. Las andanzas de ambos, en comandita, y la celebridad que suponía verlos juntos, habían quedado recogidas por Antonio Machado Demófilo un par de años antes (1881) de escribirse la novela que nos ocupa, como así lo glosaba la soleá de tres versos que el Padre de Folklore había recopilado:

                                                       Juntitos iban los tre:
                                                       Curro Durse y Bayaares
                                                       y Molina er de Jeré. (14)

Una prueba, bastante clara, de la gran capacidad del arte flamenco para absorber y anexionar letras ajenas a su cancionero folklórico (se entiende al andaluz) y alejadas de sus solar natal, es la incorporación de materiales de otras provincias. Es el caso de la seguiriya que José Navarrete sitúa en boca de Manuel Molina:

                                                        Ayer, en misa mayor,
                                                        me miraste y te reíste;
                                                        que le parezcas a Dios
                                                        lo que a mí me pareciste.

Cuatro versos que ya estaban recopilados en un cancionero castellano-leonés, editado en el País Vasco en 1871, dentro del capítulo Cantares para rondar por las noches (15); posteriormente recogidos por Rodríguez Marín, en 1882 (16); más tarde, recopilados por Rafael Calleja, en 1901 en Cantos de la Montaña (17); y por último, reunidos en el folklore salmantino por el sacerdote leonés, César Morán, en 1924 (18).



Más llamativo aún nos parece la copla de serrana que Navarrete coloca en boca de Curro Dulce, al tratarse de una composición del siglo XVIII, a cargo del sacerdote salmantino, José Iglesias de la Casa, editada en 1820, bajo el título La palomita:


                                                       
                                                       Una paloma blanca
                                                       como la nieve
                                                       me ha picado en el alma:
                                                       ¡Cómo me duele! (19)

Se da la circunstancia —por otra parte— de ser una copla, ampliamente cantada y divulgada, siendo en nuestros días un clásico en los conciertos y repertorio del cantautor valenciano, Paco Ibáñez, que la grabó en 1979 (20).

La enorme presencia de materiales folklóricos procedentes de todo el territorio español en el arte flamenco hace que, una vez aflamencada y metía en verea la influencia foránea, se enriquezca el resultado y se configure un enorme y variopinto mosaico musical y literario. La consecuencia no puede ser más enriquecedora. Esta circunstancia, sin pretensiones de ser exhaustivas, fue estudiada por uno de los folkloristas más prestigiosos, el profesor Manuel García Matos, en Sobre el flamenco, estudios y notas, en donde halló similitudes en los martinetes flamencos en cantos extremeños y salmantinos. (21) Por su parte, José Manuel Gamboa, en Una historia del flamenco, constató abundantes ejemplos de letras de rondas, de boda, sobre todo de Cantabria, y otras comunidades; siendo Cádiz, según su criterio, "la provincia que más adopta y adapta":

"Se trata de una simple muestra de las infinitas conexiones que el arte andaluz mantiene con el folclore español, pues la influencia de otros terruños es muy superior a lo que podría pensarse. Por desgracia, las invasiones, persecuciones, expulsiones y repoblaciones fueron continuas en nuestro suelo. Por suerte, somos consecuencia de la mixtura, y el único camino posible es el hermanamiento." (22)

El musicólogo Guillermo Castro, apoyado en los trabajos de Menéndez Pidal y Carmen García Surrallés, en su II tomo de Génesis musical del cante flamenco, ha encontrado similitudes entre El Romance de la Loba Parda, considerado oriundo de Extremadura e irradiado por rutas trashumantes de cañadas reales a los valles de Alcudia, Montes Cantábricos o El Bierzo, con la bulería corta de Jerez. Este mismo romance —como refiere Castro en origen de montaña y pastoreo, luego esparcido entre la gente de la mar de Cádiz, en labores rederas y marineras— según lo materiales estudiados por Joaquín Díaz. (23)

Ha de tenerse muy en cuenta la gran población mixta que habitaba en Cádiz entre los siglos XVIII y XIX, fecha en que 'lo flamenco' cristaliza. Citemos como curiosidad, según los datos estadísticos que arrojan los padrones del barrio de Santa María del Cádiz de las Cortes, que la población montañesa era, en su mayoría, la que regentaba las tabernas y tiendas de vinos (lugar donde, mayormente, se gestaban las juergas flamencas); siendo la colonia genovesa la que se dedicaba, fundamentalmente, a la freiduría de pescado y a la fabricación de pasta y fideos (fideeros) —con el correr del siglo XIX, los gallegos relevaría en Cádiz a los genoveses en el 'noble arte' de freír pescado—; y la población gallega se ocupaba entonces de forma muy numerosa en el oficio de mandadero y haciendo aquellos trabajos de mayor dureza. No hay que perder de vista tampoco a las importantes poblaciones de vascos y levantinos, ligados a la mar y a la pesca del bou, muy presentes en la ciudad desde temprana fecha. (24)




Entre las milicias urbanas que combatieron en Cádiz durante el Sitio de 1812, se encontraba un batallón artillero de milicias provinciales con el nombre de Voluntarios gallegos de Cádiz, formados por cuadrillas de palanquines y mandaderos (25). Alcalá Galiano en sus Recuerdos de un anciano, anotaba:

"De la antigua milicia urbana fue aprovechada una parte, que fue la de los artilleros, servicio que era exclusivo de los gallegos, lo cuales abundan en Cádiz, siendo de esta provincia los mozos de cordel o esquina y gran parte de los criados. Los artilleros gallegos hicieron buen servicio durante el sitio de Cádiz, y destinados a un lugar de algún peligro, como era el castillo de Puntales, no pocos de ellos perdieron allí la vida. Bien está pagarles este leve tributo en recompensa de sus ignorados méritos y sacrificios." (26)

No debe sorprender que Joaquín de Olea y Herrera, socio de número, once "por orden de escalafón" (sic) de los sesenta y nueve que constituyeron la Sociedad del Folk-Lore Provincial Gaditano, entre los que se encontraban —por citar a aquellos más conocidos—: Federico Joly y Dieguez, Manuel Grosso Romero, José del Toro, José Larrahondo, Cayetano del ToroRomualdo Álvarez Espino o Patrocinio de Biedma (por cierto, la única mujer), recopilase en 1885 el siguiente cantable, incorporado al corpus de las alegrías, cuando se instalaron las fuentes públicas en Cádiz y los gallegos —todavía— hacían el trabajo duro de portar los carruajes. Grabado luego por Pericón de Cádiz con la letra deformada de "los gallegos llorando":

                                                       ¡Qué bonita está la fuente!
                                                       los chiquillos acarreando,
                                                       las cigarreras contentas,
                                                       los gallegos con los carros.

Es conclusión de Guillermo Sena Medina, en Antecedente teresiano del mirabrás, la aportación gallega en las cantiñas, el mirabrás y las romeras, al encontrar un antecedente del villancico teresiano en los versos de Santa Teresa de Jesús y raíces comunes con el folklore de otras regiones. Analiza la copla anterior (Qué bonita está la fuente) apoyado en Concha Carriedo, que usa la versión que popularizó Pericón con el verso final de: (los gallegos llorando). (27)

Ramón Solís, por su parte, nos informa que durante la Guerra de la Independencia: "(...) las tabernas eran de número elevadísimo. En su mayor parte eran de montañeses, como puede comprobarse en multitud de textos del Archivo de Protocolos..." (28) Proporciona Solís el dato curioso de que en la calle San Juan, a inicios de 1812, un familiar del Santo Oficio abrió una taberna... ¡Ni por esa se escapó de la guasa meridional!:

                                                      A esa ermita no entro, hermano,
                                                      no le tengo devoción;
                                                      su vino será cristiano
                                                      pues la puso un don fulano
                                                      miembro de la Inquisición.

No es de extrañar que los cánticos de la Montaña estén trasvasados a la romera, con apenas variaciones de un sólo verso: Debajo de los laureles / tiene mi amante la cama / cuando se queda dormía / (hasta aquí todo cántabro) sale el sol y le da en la cara... versos de los que da buena cuenta Venancio González, (médico gaditano, descendiente de cántabros) en su novela El montañés de la esquina, en el personaje del chicuco Fulgencio (29). El mismo Ramón Solís, en su obra maestra sobre la Historia del Periodismo Gaditano, nos da noticias de la existencia de un periódico de la tierruca en el XIX, cuya finalidad era informar a los residentes cántabros de Cádiz:

"También es necesario señalar por su originalidad la publicación de 'El Eco Montañés', que aparece por esta fecha (se refiere Solís hacia 1850) y tendrá una larga existencia. El propósito de este periódico era informar a la numerosa población santanderina de Cádiz de la vida social y económica de la Montaña." (30)


Ya en el siglo XX, la población jándala de Cádiz conocería otra publicación periódica: la revista semanal ilustrada Cantabria, cuya biblioteca del Centro Cántabro, conserva en la actualidad muchos ejemplares.

Con estos antecedentes... ¿alguien se extraña, a estas alturas, que Enrique el Mellizo y Magandé interpretaran montañesas, grabadas luego en 1910 por El Niño de la Isla?

A veces, un material fragmentado del siglo XV aparece, de súbito, como viajado por un agujero del tiempo, en boca de un cantaor que por tradición oral lo mantenía, ignorando su prosapia. Le ocurrió al gran romancerista Luis Suárez Ávila —a quien siempre hay que recurrir— en los 70, cuando en los preparativos de la Fiesta del Cante de los Puertos, una gitana de rancio abolengo y extenso repertorio de romances arcaicos, Jeroma la del Planchero, salió cantando por bulerías unos versos, que la intuición y el olfato investigador de Suárez Ávila, le condujo a hallar una variante de esta copla en La Celestina, de 1499, en el acto XIX en que Melibea canta sola:

                                                       Papagayos, ruiseñores,
                                                       que cantáis por la mañana,
                                                       llevarle carta a mi amante
                                                       que lo espero aquí sentada. (31)

Volvamos a Curro Dulce. Es bastante factible que el J. Navarrete que el 14 de mayo de 1874 firmara una entrega titulada Sevilla en el mes de abril, en donde se menciona a CantoralCurro Dulce como eminentes siguiriyeros; a Molina, dominador de livianas y tonás; al chiclanero Tío José El Granaíno como maestro de cantiñas, se trate del mismo escritor portuense. Lo hizo en el periódico La Andalucía, según la minuciosa recolección hemerográfica de Ortiz Nuevo:

"(...) Ni las seguidillas de Cantorá y de Curro Dulce, ni las Serranas de Silverio, ni las livianas y tonadas de Molina, ni la soledá de Juraco, ni siquiera los torrijos del Granadino, que de todo eso se había ya cantado haciendo furor..." (32)

Francisco Fernández BohigasCurro Dulce para el arte flamenco —y taurino pues, al igual que El Mellizo, fue puntillero—, había nacido en Cádiz en 1823 y falleció en 1898. Cantaor y bailaor. Ahijado de Enrique el Gordo. Hijo de Juan Fernández y de Francisca Bohigas. Casado con Rufina Espeleta Machuca, de cuya unión nacerían, Rufina (Agustina) y Antonio Fernández Espeleta. Su hija Rufina contraería matrimonio con José Ortega Feria 'El Águila', de cuya unión nacería Caracol el del Bulto, por lo tanto, bisabuelo de Manolo Caracol; en semblanza harto reducida de su biografía.




Plaza de Toros de Cádiz. Fondo: Antonio Accame

Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz

El Archivo Histórico Municipal de Cádiz conserva tres carteles excepcionales para la historiografía flamenca, según el rastreo de Guillermo Boto (33). El primero de ellos corresponde a la corrida del 13 de agosto de 1876, con el espada gaditano Francisco DíazPaco de Oro (padre de Pepa de Oro, cuya milonga grabaría Chacón) y el espada británico Juan O´Hara. En la cuadrilla de Paco de Oro, figuran juntos, de puntilleros Enrique el Mellizo y Curro Dulce. Ambos emparentados familiarmente y empleados en la Casa de Matanzas, el Matadero de Cádiz. donde se fraguó una auténtica escuela taurina gaditana.




A los estudios de Boto Arnau debemos la brillante aportación que está efectuando sobre la historia del toreo en Cádiz. En ése sentido ha constatado que el linaje de Manolo Caracol de los Ortega de Cádiz se retrotrae aún más, conectando "tres generaciones anteriores a los cuatro banderilleros, cinco antes de Joselito y seis antes de Manolo Caracol, los progenitores siguen siendo toreros y flamencas" (34) con Lorencillo, el primer torero conocido de la historia, que era gaditano y fue el que de la mano del Marqués de la Ensenada llevó el toreo a pie a Madrid en 1737. El toreo a pie comenzó en Cádiz en 1661 y en Sevilla en 1730. (35)

Es criterio de Boto Arnau que en la tercera fiesta Asamblea General, descrita por Serafín Estébanez Calderón, con El Planeta, y los que "vengan y lleguen de Cádiz", junto a Dolores, Enriquillo, El Granaíno y la Mosca, figura Espeletilla, a su entender, Francisco Espeleta Machuca, hijo del torero Francisco Espeleta Moreno; hermano de Rufina Espeleta Machuca, la mujer de Curro Dulce; por lo tanto, su cuñado con dieciséis años.





Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz

Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz

El segundo cartel corresponde a la corrida celebrada el 29 de junio de 1877 en la Plaza de Toros de Cádiz, y figura Curro Dulce (Francisco Fernández) de cachetero en la cuadrilla de Paco de Oro y Enrique el Mellizo de cachetero en la de Manuel Hermosilla:


AHMC Sig. 6.26

Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz

Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz

El tercero anuncia la corrida celebrada el 15 de julio de 1877 en la Plaza de Toros de Cádiz, figurando Enrique el Mellizo de puntillero en la cuadrilla de Fernando Gómez El Gallito; y Curro Dulce (Francisco Fernández) de puntillero en la cuadrilla de Antonio Ortega el Marinero:


AHMC Sig. 6.27
Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz
Plaza de Toros de Cádiz. Foto: Ramón Muñoz



Su relación con Silverio Franconetti fue muy estrecha, con el que compartió escenario en numerosas ocasiones. Silverio había vuelto de hacer las Américas en mayo de 1864 (36). Al año siguiente se produjo la célebre Función del Siglo de 1865 en la Fonda del Turco de San Fernando, aportada documentalmente por José Blas Vega, gracias a la generosidad del bibliófilo gaditano, Federico Joly que le regaló el cartel original. Allí Curro Dulce cantó "lo más escogido de su nuevo repertorio" e hizo la petenera. Sus hijos bailaron en compañía de las hijas de El Viejo de la Isla.


Función de 28 de octubre de 1865. Silverio, Curro Dulce, Enrique Ortega,
José Patiño; los hijos de Curro Dulce y de El Viejo de la Isla. Archivo: José Blas Vega

Obsérvese el encabezamiento del cartel anunciante, que dice que "Don Silverio Franconetti vuelve á presentarse al respetable público de San Fernando, acompañado de las tres primeras notabilidades que se conocen en el arte de VALLADARES Y PLANETAS." O sea, el enigmático Valladares que juntito iba con Curro Dulce y Manuel Molina, en la soleá de tres versos que Demófilo recopilara en 1881.

A propósito de Silverio, recordemos la valiosa información que José Blas Vega obtuvo de Aurelio Sellés, en su magnífico trabajo Conversaciones flamencas con Aurelio de Cádiz. Silverio era gachó y para la gitanería gaditana del XIX, sus cantes estaban agachonaos; aunque en el fondo, muchos de los testimonios de los cantaores calés, evidencian que lo admiraban mucho; pero una mentalidad etno-cultural les impedía reconocerlo y menos en público:



José Rebujina y Aurelio Sellés. Foto: Gente de Cádiz
"—De María Borrico, ¿se acuerda usted de algo?

—De María Borrico lo que conozco son adagios suyos, las cosas que le dijo Silverio, que le preguntaron... salió cantando Silverio, como cantaba Silverio, que era un fenómeno y dijo Curro Dulce: "este gachó canta que le parte los huesos a su puñetera madre, pero no tiene el gusto de que yo le diga ole". Fíjese usté del amor propio que tienen los flamencos...

—Pues Silverio era al revés, porque le preguntaban: 'Oiga, mejor que usté ¿quién canta?' Y decía Silverio: '¿Mejor que yo...? ¡Mejor que yo nadie!' Y decían: 'Bueno, ¿y después de usted? Algunas veces, después que yo, Curro Dulce' O sea, que para Silverio le merecía una consideración.

—A Chacón no le gustó nadie más que Curro Dulce..., na más que Silverio; porque Curro Dulce cantaba con la voz natural y Silverio cantaba con la voz afillá." (37)

Don Antonio Chacón, como reconocido admirador de su escuela cantaora, recuperaría y continuaría parte del legado siguiriyero de Curro Dulce, en el caso de Santiago y Santa Ana, recreado luego por Manuel Torre, en aquella célebre letra, en la cual se aludía a la propia madre de Curro DulceFrancisca:

                   Ay, ay //
                   y era una madrugá 
                  de Santiago y Santa Ana // Santa Ana 
                  ay, ay, a eso de la una las fatiguitas grandes le diñaron
                  ay, a mi madre Curra.


Continuaba Aurelio con Blas Vega:

—Bueno, por eso; es que lo tengo como lo hacía Chacón y él, por lo visto, ese cante lo había aprendido de Curro Dulce... (...) Y de ahí fue de donde lo cogió Manuel Torre y lo hizo 'Un día señalao'. (38)

Al respecto, apunta Ramón Soler(...) El jerezano era un rendido admirador de Curro Dulce, cuya seguiriya canta aquí de nuevo. Es bien conocida la versión que hizo Manuel Torres ("Era un día señalao") que hizo arreglos a la letra y música para componer de forma genial un cante propio que ha contado con muchísimos adeptos. (...) Es bastante probable que Chacón imitara en ello a maestros suyos como Curro Dulce o El Mellizo. (39)

En la conocida entrevista que el propio Chacón concedió en 1922, había todo un reconocimiento a Silverio Franconetti, dándole su lugar prominente, así como a los gaditanos Curro Dulce y Paquirri Guanter, como modelo paradigmático y matriz de seguiriya (en el caso de Curro) y de soleá (en el de Paquirri); y en ambos ejemplos por la dificultad de su ejecución y por la belleza de su melodía, técnica y virtuosismo:

"(...) Cada día me explico menos (no hoy, que soy viejo, sino cuando era joven, igual) (continúa Chacón) por qué se ha perdido el recuerdo del hermoso cante por seguiriyas de Curro Dulce, y, en general, todo el cante de Silverio Franconetti, como no sea por el temor a no poder vencer las grandes dificultades que tenían los cantes del uno y del otro. ¿Qué me dice usted de aquellas serranas y aquellas cabales de Silverio, y aquellas soleares de Paquirri?" (40) 

                                                       A las dos de la noche,
                                                       los campanilleros
                                                       con el ruío de las campanitas
                                                       me quitan el sueño.



El cantaor y bailaor gaditano, José Ortega MoralesJoselito la Morala, (Cádiz, 1880), nieto de El Gordo Viejo, hijo de Enrique el Gordo, padre de Rafael Ortega y abuelo de Manzanita, en una entrevista concedida en 1922, así valoraba el cante de Curro Dulce:

Diga usted conmigo continuó— que nadie las ha cantado como Curro Dulce, de Cádiz. ¡Y había también que oír a Curro cuando se arrancaba por seguirillas! Diciendo malagueñas, pa mí, Enrique el Mellizo, y por alegrías para baile, el Quiqui y el Chato Granadino. (41)


                                           Dicen que duermes sola:
                                           mienten como hay Dios
                                           porque de noche con el pensamiento
                                           dormimos los dos.



                                           Redoblaron las campanas señores
                                           de San Juan de Dios
                                           habían redoblao por mi mare de mi alma
                                           y de mi corazón.



                                           Salí de la Breña
                                           me metí en San Pablo
                                           a rezarle como le rezo 
                                           a mi madre de mi alma
                                           mi parte del Rosario.






Para Fernando QuiñonesCurro Dulce"representa para la historia flamenca gaditana un papel parangonable al de Haydn con respecto al inminente Mozart o al de Marlowe en cuanto a Shakespeare, si es que, en su terreno, se nos permite pensar en Enrique el Mellizo como en el incomparable niño de Salzburgo o como en el mayor poeta de todos los tiempos." (42) 



El tenor lírico Alfredo Kraus siempre mostró una especial querencia por el arte flamenco, a pesar del velo de ínfula pretenciosa que rodeaba —aún lo hace— al mundo operístico, que ve al flamenco como un género de arte menor, tabernario y tosco; más o menos la misma visión antiflamenquista de la que hizo gala toda la Generación del 98. Por eso, entre tanto divismo, sus palabras laudatorias para con el arte flamenco suenan encomiables, al estar expresadas y argumentadas desde la sinceridad:

"Yo me siento muy unido, pero muy unido, a toda Andalucía. Y, además, para colmo, me gusta también el flamenco. Y además digo una cosa —que nadie ha dicho nunca, pero que es cierta—, que los flamencos son los que cantan con mejor técnica del mundo. Mejor que los cantantes. Los flamencos no saben por qué, pero lo hacen. Y es muy sencillo. Ellos buscan la defensa de la voz ante el estrés que significa cantar flamenco, y una noche seguida, y otra noche, y venga mandándose copas de vino, o de lo que sea, y fumando y no sé qué... Entonces se defienden, ¿cómo?: ¡a través de la técnica!" (43)

Sostiene Luis Suárez Ávila, por su parte, que la aparición del café cantante, junto a las exigencias derivadas de 'lo contractual', aparejó la necesidad de ampliar repertorio y esto obligó a los artistas a darle cabida a cantes de procedencia familiar externa, ya que eran los propios núcleos familiares, por tradición oral, los depositarios de determinadas letras y giros melismáticos, conservados casi sólos de forma gregaria y transmitidos en el ámbito parental. De ahí que al repertorio clásico español haya 'saltado', sobreviviente del repertorio familiar decimonónico, las 'Coplas de Curro Dulce', ampliamente cantadas por las voces líricas de mayor reputación.



¿De dónde obtuvo el compositor catalán Fernando Obradors el material folklórico de su pieza titulada 'Coplas de Curro Dulce'? Parece ser que éstas sus cuatro volúmenes de Canciones Clásicas Españolas— deben su popularidad al hecho de que fueron compuestas en un estilo directamente obtenido de la canción folklórica y de la tonadilla de varias regiones de España, cada una de ellas, tratada de una manera particular. Cádiz y toda su Bahía eran, especialmente, granero depositario de una riqueza inusual de cantes y cantos; de textos y letrillas. Lo supo bien Manuel de Falla y su amigo Álvaro Picardo, cuando encontraron en los hijos de Enrique el Mellizo (Antonio y Enrique), en 1922, todo un legado siguiriyero: de su padre, de Andrés el Loro, de Tomás el Nitri, de Curro Dulce, el polo y la caña de este último; muestras de saetas viejas y martinetes en ambos casos, anunciadas "estilo Mellizo"; el fragmento de romance la nana moruna e incluso cantes en trance de desaparición, como la giliana, probablemente su última interpretación en los salones de la Real Academia de Santa Cecilia de Cádiz:

                                                        Chiquitita es la novia,
                                                        chiquitito es el novio,
                                                        chiquitita la sala
                                                        y el dormitorio;
                                                        por eso yo quiero (bis)
                                                        chiquitita la cama
                                                        y el mosquitero.
                                                                  (Curro Dulce)

Oigamos las 'Coplas de Curro Dulce' en la voz del gran tenor Alfredo Kraus:



Murió Curro Dulce. Rodeado de los suyos, en su humilde alcoba del domicilio viñero de la Plaza Pinto, en el número 16, un 9 de diciembre de 1898, cuando hacía poco tiempo que del muelle gaditano habían zarpado las tropas para la Guerra de Cuba. Se apagaban sus facultades; quedaban los moldes de sus seguiriyas; la caña y el polo bien fijados, que el tiempo, siempre caprichoso y arbitrario, quiso conservar. Otros muchos cantes y variantes de su inmenso repertorio se extinguieron para siempre, como asimismo se perdieron cantables de otros acuíferos salobres en los que él mismo había bebido: de El Planeta, de Los Loros, de Lázaro Quintana, de Agualimpia, de El Granaíno, de María Armento, de El Muerto, de La Cachuchera, de Juan Feria, de Juana la Sandita...


"Número 1.737
Francisco Fernández Bohiga.

                                                En la ciudad de Cádiz, término municipal, partido y provincia  de ídem, á las diez de la mañana del día diez de Diciembre de mil ochocientos noventa y ocho, ante el Sr. Lcdo. D. Rafael Laraña y Ramirez, Juez Municipal del Distrito de San Antonio, y D. Ángel Rodríguez y Díaz de la Bárcena, secretario, compareció Francisco Reina, natural de Cádiz, mayor de edad, soltero, domiciliado calle de la Soledad número siete, manifestando: que Francisco Fernández Bohiga, natural de Cádiz, de ochenta y dos años de edad, corredor, domiciliado calle de Pinto número diez y seis, falleció en dicha casa a las tres y media de la tarde del día de ayer, a consecuencia de Hipertrofia vértice del corazón, según certificación facultativa.

En vista de esta manifestación y de la certificación facultativa, presentada, el Sr. Juez Municipal dispuso se extendiese la presente acta de inscripción, consignándose en ella, además de lo expuesto, y en virtud de las noticias que se han podido adquirir, lo siguiente: =

Que el referido finado era hijo de Juan y de Francisca, difuntos. Que era de estado casado con Rufina Espeleta. Que ha dejado dos hijos llamados Rufina y Antonio, habidos con esa dicha esposa. Que no ha otorgado testamento.

Y que al cadáver se le dará sepultura en el cementerio de esta ciudad.

Fueron testigos presenciales del acto. D. José Allande y Díaz, Joaquín Garibardo, ambos mayores de edad, empleados y domiciliados en esta Capital.

Leída íntegramente esta acta é invitadas las personas que deben suscribirla á que la leyeran por sí misma si así lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del Juzgado Municipal y la firmaron el Sr. Juez, el declarante y testigos artífices.

(Cinco firmas y rúbricas)  Rafael Laraña
                                          Francisco Reina y Moro
                                          José Allande
                                          Joaquín Garibardo
                                          Lcdo. Ángel Rodríguez." (44)


Certificación Literal de Defunción de Curro Dulce.Tomo 154-1, página 115 de la Sección 3ª.
Certificación Literal de Defunción de Curro Dulce.Tomo 154-1, página 115 de la Sección 3ª.


Enterramiento de Curro Dulce. Libro de Registro de Inhumaciones de 1898 AHMC


Su mujer, Rufina Espeleta Machuca, viuda de ochenta años y uno de sus hijos, Francisco Fernández Espeleta de treinta, se van a vivir al barrio de Santa María y en el censo de 1900 figuran residentes en el número 33 de la calle Santo Domingo. (45)


Censo de 1900. L-2.993, folio 1.173. AHMC


________________________

(1) MACHADO ÁLVAREZAntonioEl Folk-lore Andaluz, órgano de la sociedad de este nombre, dirigida por Antonio Machado y Álvarez "Demofilo"1882 á 1883Sevilla, en BLAS VEGAJosé y COBOEugenioEdición conmemorativa del Centenario. Estudio preliminar, Sevilla: Tres-catorce-diecisiete, 1981 (Pág. 37).

(2) MACHADO ÁLVAREZ, Antonio, Una carta un documento, Boletín Folk-lórico Gaditano. Año I, Cádiz, julio de 1885. Número I (Págs. 2 y 3), en LÓPEZ ÁLVAREZ, Juan, La Sociedad del Folklore Provincial Gaditano, Junio-Noviembre 1885, Cádiz: Cátedra Adolfo de Castro, 1990 (Págs. 62 y 63).


(3) Diario de Cádiz, 6 de septiembre de 1896.

(4) RONDÓN RODRÍGUEZ, Juan y MOLINA, RomualdoRecuerdos y confesiones del cantaor Rafael Pareja de Triana, Córdoba: Ediciones La Posada colección Demófilo, 2001 (Pág. 108).


(5) Según el escritor de su época, Ernesto López, su nombre completo era Manuel María de Martín Barbadillo y Fernández de Herrera Dávila, y era oficial de Infantería de Marina. Véase: LÓPEZ FERNÁNDEZ, Ernesto, Siluetas gaditanas. Detalles biográficos, apuntes, opiniones, juicios sobre cuantas personalidades de la capital y de la provincia son conocidos como políticos, literatos, artistas, hombres de ciencia, comerciantes, industriales, etc. por Ernesto Lopez Fernández, Cádiz: Tipografía Gaditana del Boletín Oficial, Argantonio, 5 y 7, 1891 (Págs. 81 y 82). Hemos usado una edición facsimilar: Extramuros Edición, 2088.

(6) "Martín Barbadillo deja en el reporterismo gaditano un vacío difícil de llenar. Maestro en el arte de informar al público, á la manera que exige el modernismo periodístico, mucho han de trabajar otros para llegar á donde él". Véase El coronel Franklin en Revista Teatral, 10 de noviembre de 1894 (Hemeroteca Municipal de Madrid).


(7) "Esta tarde tuvo la desgracia de causarse dos heridas en una mano, al cerrar una puerta y romperse un cristal de ella, nuestro estimado amigo don Juan M. de Martín Barbadillo, secretario particular del señor gobernador civil. El señor Barbadillo fue asistido inmediatamente por el doctor don Rodrigo Lavín, no siendo de gravedad, por fortuna las heridas que se causó y de las que deseamos cure rápidamente". El Comercio, 28 de agosto de 1912.


(8) LABIO BERNAL, Aurora, Diario de Cádiz: historia y estructura informativa (1867-1898), Cádiz: Diario de Cádiz, Universidad de Sevilla y Asociación de la Prensa de Cádiz, 2000 (Pág. 313).


(9)"Se inauguró El Gran Teatro, como se pudo. Con una Compañía bastante endeble y con un gran público en las primeras noches, que aplaudió la esplendidez y grandiosidad del teatro, las bellezas del exorno y decorado de Felipe Arbazuza y las decoraciones pintadas por Manolo Sancho. Porque de la Compañía nada notable se puede decir, dicho sea con perdón de las 'Actualidades' que todo lo ve siempre de color de rosa". Cádiz por Dentro, 22 de enero de 1910. Véase también La Semana Cómica, 8 de marzo de 1897 (HMM).


(10) Para conocer una mayor semblanza sobre José Navarrete, véase de Antonio GutiérrezJosé Navarrete y Vela Hidalgo. Diputado, militar y escritor, intentó abolir la pena de muerte hace 143 años.


(11) El Liberal, 6 de abril de 1880. La descripción es muy similar, con idénticas oraciones gramaticales. Si bien, José Navarrete aquí 'coloca' al cantaor cordobés Rojas el de Córdoba de quien transcribe una serrana: 

                                                
                                                             Quien quisiere madroños
                                                             vaya a la sierra,
                                                             que se están desgajando
                                                             las madroñeras.

(12) NAVARRETE VELA-HIDALGOJoséMaría de los Ángeles, Rota: Fundación Alcalde Zoilo Ruiz Mateos, 1994 (Págs. 154-181).

(13) BLAS VEGA, José y RÍOS RUIZ, ManuelDiccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco Tomo II, Madrid: Cinterco, 1988 (Pág. 500).


(14) Citamos una edición reciente: MACHADO Y ÁLVAREZ, AntonioColección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996 (Pág. 119).


(15) Album dedicado a los mozos de Verdeña, que lo son al comenzar el año de 1871 por su compañero el Doctor D. M. B. M. C. de la U. L. de V., Vitoria: Imprenta de Ciprinao Guinea, calle del Prado, número 8, 1871 (Pág. 35)


(16) RODRÍGUEZ MARÍN, FranciscoCantos populares españoles, recogidos, ordenados e ilustrados por Francisco Rodríguez Marín, Sevilla: Francisco Álvarez y Cía Editores, Tetuán, 24, 1882 (Págs. 277 y 382).


(17) CALLEJA, RafaelCantos de la Montaña. Colección de canciones populares de la provincia de Santander, harmonizadas por el maestro Rafael Calleja, precedidas de dos cartas de los maestros Don Ruperto Chapí y Don Tomás Bretón y de diversos artículos y poesías, Madrid: 1901 (Pág. 32)


(18) MORÁN BARDÓN, CésarPoesía popular salmantina (Folklore), colección del P. César Morán Bardón, Salamanca: Establecimiento Tipográfico de Calatrava a cargo de Manuel P. Criado, 1924 (Pág. 149).


(19) IGLESIAS DE LA CASA, JoséPoesías póstumas de don Josef Iglesias de la Casa, presbítero. Tomo primero que contiene las poesías serias considerablemente aumentadas en esta segunda edición, Barcelona: Imprenta de Sierra y Martí, año de 1820 (Pág. 35).


(20) A flor de tiempo. Paco Ibáñez. Ariola Récords.


(21) GARCÍA MATOS, Manuel, Sobre el flamenco, estudios y notas, Madrid: Cinterco, 1984 (Págs. 35-44).

(22) GAMBOA RODRÍGUEZ, José Manuel, Una historia del flamenco, Madrid: Espasa Calpe, 2005 (Págs. 477 y 478).


(23) CASTRO BUENDÍA, Guillermo, Génesis musical del cante flamenco (Volumen II), Sevilla: Libros con Duende, 2014 (Págs. 1.344-1.347).

(24) Véase: Padrón General de la Parroquia Matriz de Santacruz (Libro 1.058) Archivo Histórico Municipal de Cádiz. Documentación usada para teatro radiofónico: OSUNA GARCÍA, Javier, Radio la Pepa 18.12 de la Banda de Onda Corta, Cádiz: Consorcio para la conmemoración del II Centenario de la Constitución de 1812 y Quorum Editores, 2011.

(25) Diario de las discusiones y actas de las Cortes. Tomo IX, Cádiz: en la Imprenta Real, 1811 (Septiembre de 1811, sesión del día veintisiete).

(26) ALCALÁ GALIANO, Antonio, Recuerdos de un anciano, Barcelona: Biblioteca de Autores Andaluces, 2004 (Pág. 103).

(27) SENA MEDINA, Guillermo, Antecedente teresiano del "Mirabrás". Consejero C. del Instituto de E. Giennenses (Pág. 48).

(28) SOLÍS LLORENTE, Ramón, El Cádiz de las Cortes, Madrid: Silex, 1987 (Pág. 113).

(29) GONZÁLEZ GARCÍA, Venancio, El montañés de la esquina, Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2006 (Págs. 125 y 126).

(30) SOLÍS LLORENTE, Ramón, Historia del periodismo gaditano 1800-1850, Cádiz: Instituto de Estudios Gaditanos, 1971 (Pág. 330).

(31) SUÁREZ ÁVILA, Luis, Jaleos, gilianas, versus bulerías (Págs. 6 y 7)

(32) ORTIZ NUEVO, José Luis, ¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del arte flamenco en la prensa sevillana del XIX, Sevilla: El Carro de la Nieve, 1990 (Pág. 261).

(33) BOTO ARNAU, Guillermo, Curro Dulce, puntillero en la Plaza de toros de Cádiz, XXXV Congreso Internacional de Flamenco, 2007.

(34) BOTO ARNAU,  Guillermo, El eslabón sorprendente (Págs. 5 y 6).

(35) BOTO ARNAU, Guillermo, Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858), Industrias Gráficas Gaditanas, 2002 (Pág. 36).

(36) STEINGRESS, GerhardSilverio Franconetti en Uruguay. La aventura taurina del cantaor sevillano (1857-1864). Revista de Estudios Taurinos nº 22 Sevilla, 2006. (Pág. 182).

(37) BLAS VEGA, José y SELLÉS NONDEDEU, Aurelio, Conversaciones flamencas con Aurelio de Cádiz, Madrid: Librería del Valle, 1978 (Pág. 35).


(38) Ibídem. Ob. cit. Pág. 34 y 35.

(39) SOLER DÍAZ, RamónDon Antonio Chacón, en Análisis del cante y de la guitarra, Madrid: Colección Carlos Martín Ballester, 2017 (Págs. 245 y 246)

(40) La Voz, 28 de junio de 1922.


(41) La Voz, 17 de junio de 1922.


(42) QUIÑONES CHOZAS, FernandoDe Cádiz y sus cantes. Guía de un folklore y una ciudad milenarios, Barcelona: Seix Barral, 1964 (Pág. 181).


(43) Entrevista realizada a Alfredo Kraus en 1996 por Domingo Postigo en el Parador de Nerja (Málaga). Véase: Ópera, siempre. Bitácora sobre actualidad operística y cantantes líricos del pasado.


(44) Registro Civil de Cádiz. Certificación Literal de Defunción. Tomo 154-1, página 115 de la Sección 3ª. Obsérvese que el testigo que acude a notificar su defunción, Francisco Reina, declara que Curro Dulce tiene "ochenta y dos años de edad" que, de ser cierta ésa afirmación, habría que retrotraer a 1816 su año de nacimiento. No obstante, nos inclinamos más porque su fecha natal sea 1823.


(45) Censo de 1900. Libro 2.9993, folio 1.173 Archivo Histórico Municipal de Cádiz. Véase del compañero Antonio Barberán, noticias sobre Curro Dulce, relativas a su empadronamiento en 1860 y 1862, respectivamente.