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domingo, 17 de marzo de 2013

Magandé, escarbando por la tarde, de noche y por la mañana (1904)

Magandé, tensa el puño derecho. A la guitarra Carlos Montoya. Archivo de Blas Vega


Macandé. Dibujo: Laura Pérez Vernetti (2)
¿Magandé o Macandé? ¿Ge o ce? Me inclino por lo primero. Son varias las razones. Desde luego, el hablante gaditano de su época lo llamaba Magandé. Así lo pronunciaba. Con independencia de que en ocasiones la grafía fuese, supuestamente, Macandé. En los últimos años, como queriendo gitanizarlo más, le añadieron una ka: Makandé. Que es como pretender gitanizar al más gitano del mundo, por popá y por momá; por Díaz y por Fernández; por abuelos y por bisabuelos, de Tomás El Nitri a Los Ortega; de los Melu a María Borrico ¿Más sangre gitana? ¡Imposible! Es como querer echarle más sal a una disolución saturada que ya no admite más soluto. En absoluto. Difícilmente se encuentra una veta más pura, más racial y descarnada como la del gitano del barrio de La Viña. Y difícilmente se encuentra también una biografía más cruel, más dura, más desabrochada y auténtica que la de Magandé.

Con toda la ilusión del mundo —y con toda la osadía del mundo, también— estoy dirigiendo y escribiendo el guión de un documental sobre la dramática vida del cantaor Magandé, que va a deparar —ya lo está haciendo, desde el punto de vista documental— algunas novedades sobre Gabriel y confirmándose gran parte de lo que se escribió en su primera y única biografía: Pasión y muerte de Gabriel Macandé, obra sobre la que todos los aficionados al flamenco nunca estaremos lo suficientemente agradecidos, pues de no ser por ella, la figura de Gabriel, se hubiera diluido en el pozo de la más completa y terrible ignorancia. Gracias a Eugenio Cobo, a su tesón y a Andrés Raya y la editorial Demófilo, quedaron fijados y rescatados para siempre la mayoría de sus datos esenciales, que peligraban en la dúctil y efímera oralidad de los últimos de una generación de informantes que, a inicios de los setenta, vivían los estertores de un régimen. El libro de Eugenio, con prólogo de Andrés, contiene una preciosa prosa que a mí, particularmente, me pareció y me sigue pareciendo exquisita (1).



Paco de Lucía y Leonardo Casais
El rodaje sobre Magandé —así se va a llamar— estará protagonizado por David Palomar, que será el cantaor que lo encarne. 


Flores el Gaditano, con 90 años, nos hizo
su fandango. Lo conoció siendo un niño




En octubre de 2010 comenzó el rodaje y hemos recogido ya un material interesante en el que han participado, entre otros, el eminente psiquiatra Leonardo Casais, los cantaores Flores El Gaditano y Chiquito de Cádiz, y el malogrado Pedro Romero que, por desgracia, recientemente nos dejaba.







Nacho Odero y Carlos Redondo atentos a la iluminación
Profesionales de raza, como mis compañeros los cámaras Carlos Redondo, Carliqui de Clac! Comunicación, y Nacho Odero, ambos veteranos de los planos y curtidos en el oficio; la edición y post producción de Jesús Godoy y la impagable labor, profesional y de cohesión de equipo, de Sebastián Massa El Curso, hará que disfrutemos —ya lo hacemos— con el rodaje.


Con nuestro amigo Pedro Romero


Retrocedamos ahora en el tiempo. Viajemos hacia 1904. Concretamente a principios del mes de junio, cuando las laberínticas redes de la Almadraba de San José, del extramuros de Cádiz capital, se calaron para capturar los atunes de derecho, con diferencia, los túnidos más cotizados por su mayor proporción de grasa jugosa y propiedades culinarias. Sucedió que unos duros columnarios, o de ambos mundos, de plata, fechados entre 1753-1755 y acuñados en la ceca de México, aparecieron en la arena de la Playa del Sur —hoy Playa Victoria— cuando los operarios de las instalaciones almadraberas, enterraban los desperdicios de los atunes. 

El resto lo saben ustedes mucho mejor que yo, gracias a El Tío de la Tiza cuando fue notario de que "estaba la playa / igual que una feria", con el tango de Los duros antiguos.

Pero miren, farderos, miren bien quién se acercó y quién —con siete añitos de edad— se tiró toda la noche a ver si "mangaba" algún duro, porque estaría más canino que Pericón, a la sazón, cuatro años menor que él. Y fíjense bien la grafía que usó el periodista corresponsal cuando en 1904 redactaba la noticia para el periódico El Heraldo de Madrid:


El Heraldo de Madrid, 5 de junio de 1904


Ramón Díaz "Fletilla". Fotografía: Begoña Lombardía

Por eso cuando Ramón Díaz "Fletilla", nacido en 1908, por tanto, conocedor y coetáneo de Magandé, no lo dudó a la hora de titular a su agrupación, la que en 1963 homenajeaba a Gabriel:

                                           Hay caramelos,
                                           hay caramelos
                                           que son del Bomba, Gallo, Gaona
                                           y El Espartero.


Portada original del libreto de "Los discípulos de Magandé" (1963).
Colección Osuna & Camacho
Rafael Alberti y Pedro Romero en la Diputación de Cádiz

Y por eso cuando Pedro Romero, que tanto convivió con su hija Teresa Díaz en el barrio de Santa María, la señora muda que, con expresivos gestos de signos y sonidos guturales, le agradeció la mención que en 1981 le había hecho a su padre, tampoco dudó:

                                         ...mientras Magandé decía ¿por qué?
                                         vendiendo sus caramelos ¿por qué?
                                         ¿por qué, tan toreros son?
                                         ¿Quién los quería mis caramelos?
                                         ¡Los traigo de Juan Belmonte,
                                         de Rebujina y de Vicente Pastor;
                                         cómprame mis caramelos
                                         que a chica los traigo yo!

Es más, Pedro Romero, se reafirmaba en su libro de memorias:


“Nació Magandé (no sé de dónde han sacado lo de Macandé) en mi barrio de Santa María. Conozco a gran parte de su familia y aún hablo con alguno de ellos. Y sobre todo, hablo con amigos y conocidos de Magandé que me cuentan cosas y anécdotas de Francisco Gabriel Díaz que así se llamaba Magandé" (3)


Macandé. Dibujo: Laura Pérez Vernetti (2)

Azulejo colocado en su domicilio de Santa María, el 26 de abril de 1985
por la Cátedra Municipal Adolfo de Castro

Ojalá encontremos los jurdores necesarios para terminar el rodaje como se merece, para poder intentar comprender el "fandango esquizofrénico" de Gabriel, en acertada frase de Leonardo Casais. Querer es poder. Y nosotros queremos.

                      

_________________________

(1) COBO GUZMÁN, Eugenio, Pasión y muerte de Gabriel Macandé, Madrid: Ediciones Demófilo, 1977.

(2) HERNÁNDEZ CAVA, Felipe y PÉREZ VERNETTI, Laura, Macandé, Vitoria: Ikusager Ediciones, 2000.

(3) ROMERO VARO, Pedro, Memoria de una copla, Cádiz: El Autor,1988 (Cádiz: Jiménez-Mena, Pág. 125)

Antonio Hernández. Diccionario Gaditano de Flamenquitos Insignes (V) (A mi amigo Rodicio)


Antonio Hernández Rodríguez.

Antonio Hernández Rodríguez. Cádiz, 1889-196?. Concertista de guitarra clásica y flamenca; también excepcional bandurrista. Residió en las calles Mesón, número 5; después en el número 20 de la calle Botica, y más tarde en el número de la calle San Martín, del Pópulo (1). Fue discípulo de los músicos gaditanos Antonio y Aurelio Rivas. La humilde situación económica de su familia no le permitió dedicarse de lleno al estudio, viéndose en la necesidad de ingresar como aprendiz en los talleres navales de Matagorda, de la Compañía Trasatlántica, aprovechando las noches para dar clases de música y guitarra con el profesor Antonio Rivas, el eminente músico gaditano que también fue decisivo en la formación musical de Manuel de Falla y uno de los tres profesores que acompañó a Falla en su primer concierto en el Salón de Manuel Quirell, un 16 de agosto de 1899, como ya contamos aquí.


Acrílico. Manos de guitarrista. Enrique María Llorens
En sus comienzos estuvo estrechamente ligado a la fiesta del Carnaval de su ciudad natal, en donde desarrolló su técnica de digitación y su más temprana formación como instrumentista de cuerdas, participando en el coro "Los murciélagos" (1902) y formando parte, más tarde, de la "Estudiantina del Círculo de Empleados y Obreros de la Compañía Trasatlántica" (1903) para actuar en los carnavales gaditanos como primer guitarrista y solista de dicho instrumento (estudiantina en la que se formara también el no menos virtuoso Manuel López Cañamaque y en la que, asimismo, participaran sus profesores Antonio y Aurelio Rivas). 

Participó en el coro "Los maestros del baile" (1906); más tarde en la "Estudiantina gaditana" (1907) y en la "Tuna gaditana" (1908). Asimismo, fue bandurrista en la comparsa "Los portamonedas" (1910) y autor del coro "Los caprichos" (1912), agrupación a la que le compuso la música. Ya en esta etapa simultaneaba sus salidas en las agrupaciones con sus giras artísticas.


Revista Cádiz
El crítico del periódico El Comercio, redactor rudo donde los hubiera a la hora de enjuiciar a los artistas que desfilaban por los escenarios gaditanos, tuvo duras críticas con esta agrupación; sin embargo, buenas palabras para él: "(...) Y por último, enviamos un aplauso al bandurrista del coro, el artista D. Antonio Hernández, por su maestría y perfección"

Siguió ligado al Carnaval de su tierra y le compuso la música al coro "Los caleseros" (1913), una de cuyas divertidas polkas metió por bulerías, nada menos que el cantaor Magandé: "Las monjas del convento / de Santa Clara / tienen un loro / pico de oro / quién lo pillara. / Plumas de rojo y verde / pico de oro / ¡ay, quién pudiera / pillar al loro de Santa Clara! / Y las buenas madres dicen a porfía / como si rezaran una letanía: / ¡Ay qué rico loro! / ¡Ay que rico loro! para darse el baño / va del coro al caño / va del caño al coro / pero repitiendo mucho esta canción / sufren muchas veces equivocación". Compuso la música a la agrupación "Aviadores internacionales" (1913), coro en el que además tocaba.

Se convirtió en un excelente concertista de guitarra que recorrió los principales teatros de España. Entre muchos: Teatro Cómico de Barcelona, Salón Vizcaya de Bilbao y Trianon Palace, Reina Victoria, Price, Fuencarral, Proyecciones y Albéniz (estos seis últimos de Madrid). 

Su debut se produjo en el Teatro Principal de Puerto Real (Cádiz) el 5 de agosto de 1911, formando parte del "Dúo Andalucía" en unión del tocaor flamenco Manuel Ramírez, otro extraordinario guitarrista (de ejecución más flamenca que él) que había dirigido la orquesta del célebre coro "Los anticuarios" en 1905. Ese mismo año, el dúo actuó en el Teatro del Parque Genovés y prolongaron sus actuaciones por la provincia de CádizJerez de la Frontera, La Línea de la Concepción, AlgecirasSan Fernando, en el Cine la Rosa y en el Gran Cine de Córdoba. Veamos el rastro hemerográfico de su debut.


El Comercio, 12 de agosto de 1911


El Comercio, 14 de octubre de 1911

En 1912 realizó actuaciones en el Teatro Principal de El Puerto de Santa María, imitando los aires de La Niña de los Peines con gran éxito:


El Comercio, 15 de abril de 1912


Antonio Hernández en 1913. Diana, 12 de abril de 1913. Fuente: David Pérez

En febrero de 1915 la revista ilustrada gaditana Iberia daba cuenta de sus éxitos:


Iberia, 5 de febrero de 1915

Poco después, esta misma revista lo llevaba a portada con una caricatura suya:


Iberia, 3 de marzo de 1915

Desde 1919 estuvo seis años consecutivos en la isla de Cuba, actuando en los teatros Nacional y Capitolio de La Habana y en casi todos los coliseos cubanos; y más tarde en Venezuela.

En 1922 es ya toda una celebridad, lo apodan: "Mago de la guitarra" y ha recorrido los principales teatros de España: Barcelona, Valencia, SevillaBilbao, Madrid, Santander... siendo su composición La Semana Santa de Sevilla su pieza de mayor éxito:


El Noticiero Gaditano, 18 de febrero de 1922
El Contribuyente, 22 de abril de 1922

Antonio Hernández, anunciado en 1927. AHMC, caja número 6.192

Así fue descrito en el año 1927 por Francisco Cuenca, para su libro editado en La Habana, Galería de músicos andaluces contemporáneos“La generalidad de las obras que interpreta son originales, predominando en ellas los motivos andaluces, cuyo admirable caudal tiene en Hernández un sentido intérprete. Ha hecho gran cantidad de arreglos para guitarra, debiendo citarse entre sus composiciones más celebradas el Vals Lucinda, el Pasodoble Sol andaluz; unas Malagueñas clásicas, y su famosa Semana Santa en Sevilla, donde hace verdaderas filigranas de ejecución reproduciendo la música de los pasos, el redoble de los tambores, el canto de las saetas, los pianísimos de las bandas que se alejan y las notas vibrantes de la Marcha Real” (2). 


Bromas y Veras, 6 de mayo de 1928


Antonio Hernández en 1931.
Nuevo Mundo, 16 de enero de 1931.
Fuente: David Pérez
Por su parte, Antonio Martín Moreno, en su obra Historia de la música andaluza (3) en el capítulo Intérpretes andaluces de la primera mitad del siglo XX, dice de él: “Como complemento de esa actividad creadora e investigadora, surge también un extraordinario elenco de intérpretes entre los que citamos al guitarrista Antonio Hernández Rodríguez”








José Recio Díaz


El 16 de enero de 1931, el periodista gaditano José Recio Díaz, propietario del periódico El Comercio; redactor de El Reformista, de la revista Diana y del periódico Juácaro, todo un prolífico novelista que había sido su representante en los inicios de Antonio Hernández, le efectuó una entrevista para la revista ilustrada Nuevo Mundo, que pueden ver en el blog Papeles flamencos de David Pérez, en una reciente e interesante entrada.



Cartel de sus actuaciones. Años 50

Siendo ya un hombre de avanzada edad concedió una de sus últimas entrevistas para el folleto Cádiz en sus fiestas folkclóricas, 1960: Al habla con un gaditano de prestigio. Antonio Hernández, sorprendido en su estudio, entrevista en la que refleja la incorporación de los tangos gaditanos en sus grandes obras musicales: "En uno de los números de mis programas, en 'Ecos de Cai', selección flamenca, llevo el final de "Los anticuarios" a tres voces, y otros nuevos tangos carnavalescos gaditanos".


Antonio Hernández en una de sus últimas fotografías.
Avante, mayo de 1962

En la revista Avante de mayo de 1962, Federico Rodway Zambrano, le dedicaba la siguiente semblanza póstuma a su memoria:



Avante, mayo de 1960


                                                              –oOo



A pesar de su talla artística y del lugar prominente que le corresponde como gran figura de la guitarra, Antonio Hernández  Rodríguez es un concertista por estudiar y, en la actualidad, un perfecto desconocido en su ciudad natal, donde cultos Ateneos y sesudas Cátedras no le solicitan placas, ni programan conferencias sobre su figura; tampoco expertas Comisiones de Honores y Distinciones lo acogen con predilección, porque la pátina mísera del desconocimiento ¡Ay, la memoria de Cái! lo condenan al ostracismo. Eso sí, Misses Españas, ganadores de Gran Hermano y monjitas benefactoras, son en Cádiz entronizados con asombrosa regularidad.

¡No ni ná!
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(1) Archivo Histórico Municipal de Cádiz, cajas número 3.354 y 3.615.

(2) CUENCA, FranciscoGalería de músicos andaluces contemporáneos, La Habana: Cultura S.A., 1927 (Págs. 129-130).

(3) MARTÍN MORENO, AntonioHistoria de la música andaluza, Granada: Editoriales Andaluzas Unidas, 1985 (Pág. 344).

jueves, 14 de marzo de 2013

Americádiz

Fotografía: Jaime Gorospe

La vida no le dio a Camarón la oportunidad de estudiar a Lorca, sin embargo lo intuyó y, a su forma, lo comprendió. Ricardo Pachón le acercó a Federico, en clase de bulería por soleá, con textos que hablaban de cuándo había que cortar las adelfas de un patio o, a ritmo de tango, de lunas que venían a la fragua, pongamos que de su padre Luis Monge, cuando templaba las alcayatas gitanas. José interpretaba La Tarara, y con la te y las tres mismas vocales –ahora en tiempo de bulerías de Cádiz– le cantaba también a La Tarraya (voz cubana, puertorriqueña y nicaragüense), o sea, al decorado marino que le había oído a La Perla y a su madre Rosa, con el arte de pesca (y el arte flamenco) que atrapaba en su red "un bichito mu feo por la orilla de la playa"; el mismo litoral donde se cantaban las playeras, siguiriyas de Cádiz y los Puertos, barrio y playa… de Santa María, en ambos casos. 


Salitre de Fernando Villalón del barquito de vapó, el que echándole carbón navegaba contra marea; de la Viña o del Nuevo Mundo reflejado en el sainete de González del Castillo; o del Viejo Mundo del poeta árabe Omar Khayyam, en bulerías frigias o cadencia andaluza de La leyenda del tiempo


Ya contamos aquí, que detrás de la fabulosa imaginación de Pericón aguardaba, asimismo, una poderosa intuición: Juan le fantaseó a Ortiz Nuevo, vía los Mellizos, sobre el proxeneta de un pulpo que le suministraba piedras preciosas, sin saber (o quizá sí) que a los simpáticos cefalópodos, todo lo que brille le servirá luego para decorar la entrada de la cueva marina, lo mismo una concha de nácar que un anillo de oro. Lo saben bien los mariscadores. ¿Lo sabía Pericón? Seguro que sí. Como también intuía que la música más rica del mundo es aquella tremendamente mestiza, capaz de contagiarse, porosa y permeable; la que más y mejor haya incorporado los elementos externos, melódicos, rítmicos y armónicos, por eso su disparatada teoría del origen del flamenco, aquél navío que encallara en La Caleta, allá por 1512, esparciendo los fardos con las partituras flamencas (cuyos mejores pentagramas se quedaron, por este orden: en Cádiz, Jerez y Sevilla), tiene, como toda leyenda, un substrato de verdad. Los últimos hallazgos historiográficos (léanse Bohórquez, Gamboa y Barberán en torno a El Planeta y El Fillo) le está dando la razón a Pericón, demostrando su sabia clarividencia. 



Cachuchas, fandangos, jaleos y olés se oían en el Teatro del Balón durante el asedio de 1812, y un corpus de cantiñas daban fe de la contienda y sus destrozos; un parte de guerra de romeras, de rosas, caracoles, alegrías y mirabrás con "barrios desgraciaítos"; un parte descriptor de "la batalla del Cerro", con "voluntarios que sueltan carabinas", dibujando "baluartes invencibles" y "murallitas que son de piedra y no se notan"



                                             ¡Viva Fernando y Jorge
                                             muera el francés!
                                             que luzca en la diadema
                                             palma y laurel


La petenera fue veracruzana antes que de la rivera de Paterna, en boca flamenca del cantaor Lázaro Quintana (teatro del Balón), como el tango americano, ya imbuido del elemento afro-negroide, se instaló en Cádiz… y lo bailó Curro Dulce: De la Habana vengo, señores, / de bailar un fandango / entre mulatas y chinas / que ya lo están chancleteando; y las autoridades municipales gaditanas discutieron y trataron de legislar sus diferencias, buscando la imposible cuadratura de un círculo rítmico que los buenos musicólogos (escuchen bien a Faustino Núñez) definen el compás con una ‘palabrota’, tan técnica como aclaratoria: ‘anfíbraco’. 


                                           De Guatemala a Puerto Rico
                                           como tan chico
                                           a Veracruz
                                           traigo la fama de una habanera
                                           tan hechicera
                                           como eres tú


Cádiz
San Juan de Puerto Rico
Guarachas y danzones, sangá, sangá de Viejas Ricas con el güiro del caribe triunfando en Argentina, a la vera de D. Antonio Chacón; guajiras, vidalitas y milongas de Pepa Oro, que desembarcaron en Puerto Piojo, tras la corrida centroamericana de Bogotá, Lima y La Habana, de su padre Paco de Oro… y grana.

Cádiz

San Juan de Puerto Rico

Iglesia del Carmen. Foto: blogdejesusymaria74.blogpot.com

                                          Y se refleja en el Carmen
                                          sus espadañas
                                          y alumbra el continente
                                          de las Españas.


San Juan de Puerto Rico


Huella lexicográfica, arquitectónica y de cantos populares. Y zarzuela que viene y cantable que va; género ínfimo con la marea del muelle gaditano al corazón del porteño de Buenos Aires; al uruguayo de Montevideo. Y llega a Villoldo –sombrerito Orión– la copla lunfarda y canalla en un pentagrama escrito a Tiza –con el sombrero en la mano, como personas de diplomacia–. La arribazón de la polirritmia desembarca en el Río de la Plata y lo hereda Gardel, del arrabal a París, con un Cádiz en medio, puerto y puerta de cantes que recibe y que da, situado en el eje geográfico de todo este proceso que Fernando Quiñones bautizó: "De ida y vuelta". 



Cádiz. Fotografía: Rafael Tamayo
San Juan de Puerto Rico


Cádiz








                                    
                                       De la Guaira hasta Cienfuegos,
                                       de Veracruz a Caracas,
                                       de San Juan a Barranquilla,
                                       hay detallitos del Mentiero:

                                          
                                          La Habana y Santiago
                                          y la Guayana,
                                          conservan una huella
                                          que es gaditana.

                                          Santa Marta no es tan santa
                                          por más que la santifiquen
                                          ni tan mala Guatemala
                                          ni tan rica Costa Rica (1).



San Juan de Puerto Rico
Cádiz



                                          El que tiene la llave
                                          del Virreinato,
                                          no es el Virrey de España
                                          que es mi mulato.



La Bodeguita del Medio, La Habana (Cuba)



Y en el Mentidero pirulís de La Habana, sultanas de coco, guayaberas y tejeringos de La Guapa. Latitud americana y Longitud africana. Ése fue el rumbo. Ésa la rumba. ¡Y punto! (el punto cubano). 




"Home date cuenta que en aquella época para uno de Cái era más fácil embarcarse pa la Habana que ir a Madrid…"

(Marcos Zilbermann) 




Taberna El Manteca, Cádiz
La Habana, Castillo del Morro


"Hay que recordar aquí la vinculación constante de Cádiz con La Habana, a través de un tráfico ininterrumpido. Las clases más modestas de Cádiz nutrían aquellos buques de camareros, marmitones y marineros. Tripulaciones y tripulaciones gaditanas se impregnaban de los ritmos dulces y cadenciosos de ultramar. La población de Cádiz, año tras año, se renovaba en aquellos buques, y los que volvían traían para siempre una añoranza que unía más y más con los puertos del otro lado del mar Océano. La Habana fue, de todos ellos, el que más se vinculó a Cádiz en su folklore. Sólo un gaditano con añoranza pudo cantar"

(Ramón Solís)

Cádiz, Castillo de San Sebastián

                                             Me gusta por la mañana
                                             después del café bebío
                                             asomarme por La Habana
                                             con mi cigarro encendío. (2)
_________________________

(1) Haciéndole un guiño atrevido (e insolente) a la soleá apolá que nos grabó Pepe el de la Matrona:

                                                     Ni Veracruz es cruz
                                                     ni Santo Domingo es santo
                                                     ni Puerto Rico es tan rico
                                                     pa que lo veneren tanto.

 le escribimos a Carmen de la Jara las alegrías arriba insertadas: Alegrías de las Américas (Javier Osuna) en su precioso trabajo Puerto de Indias, Fonoruz, CDF-2432

(2) Artículo publicado en el periódico El Conciso, 26 de julio de 2012, (Pág. 8. Tercera época. Número 7), cabecera conjunta, editada por Diario de Cádiz con motivo del Bicentenario de las Cortes.