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lunes, 4 de febrero de 2013

El Cante (I). Un periódico flamenco

Lo que este fardo hoy comparte no constituye ninguna novedad. Ya fue mostrado por José Luis Ortiz Nuevo, de la Hemeroteca Municipal de Madrid y se editó en apéndice facsimilar, con hojas en color hueso, en un libro que conmemoró los cien años del nacimiento de tres enormes cantaores coetáneos: Aurelio Sellés, Bernardo el de los Lobitos y Pepe de la Matrona (1).

Sin buscarlo, tropezamos con él, cuando años después en Conde Duque realizábamos un estudio sobre la prensa gaditana. Por cierto, que dado su mal estado de conservación, fuimos el último investigador al que se le permitió fotografiar (y tocar) los cinco únicos ejemplares, tras lo cual, fueron retirados de consulta para ser digitalizados. Gustosamente hoy los difundimos.

Maestro Pérez
Se trata de un periódico-revista de flamenco que bajo el nombre de El Cante, se editó en Sevilla, desde diciembre de 1886 a enero de 1887. Su periodicidad era semanal y se definía artístico-literario y defensor del arte flamenco. La redacción y la administración se encontraba en el número 28 de la calle Placentines de la capital hispalense. Costaba el ejemplar suelto cinco céntimos; la suscripción un real al mes y cuatro el trimestre. El director de este periódico era Fructuoso CarpenaTan sólo cinco ejemplares son los que se conservan en la citada hemeroteca. He aquí el número 1, primero de los conservados. En él se hace una interesante semblanza del tocaor, Antonio Pérez que, a su vez, aparece dibujado en portada, a partir de una de sus fotografías más conocida. Que ustedes lo disfruten. 
Han venido con la marea.

El Cante, 18 de diciembre de 1886. Hemeroteca Municipal de Madrid

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(1) VVAA, Aurelio, Bernardo, Matrona. Cien años que nacieron, Madrid: Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música. Ministerio de Cultura, 1987 (Págs. 144-174).

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Concurso de San Severiano (1903)

Como es fácil deducir, concursos de cante y de bailes flamencos han debido existir muchos a lo largo de la historia y seguramente en todos los pagos donde lo flamenco haya discurrido suelto y consustancial a la tierra donde floreció. Al hombre le gusta competir por naturaleza, y seguro que no será nada difícil que en un futuro quizá aparezca algún concurso, cronológicamente más antiguo que este que ahora extraemos del presente fardo (si es que no ha aparecido ya, anterior al célebre Concurso de Granada de 1922). En cualquier caso, como esta entrada no busca ni el "concurso" ni la competición, aquí va una curiosa muestra de un certamen de cante flamenco, diecinueve años antes del granadino, celebrado en el barrio de San Severiano del Cádiz de extramuros de principios de siglo XX.

El concurso tiene un aire verbenero y, si me apuran, pedáneo; no en vano, San Severiano, junto a San José y Puntales, fueron los tres núcleos urbanos que empezaron a configurar la población del istmo del Arrecife, entre chumberas y parras, albercas, caminos polvorientos, ventorrillos y fértiles huertas.

Barrio de San José, hacia 1890, imagen obtenida desde la parroquia del mismo nombre. A la izquierda los hornos de la fábrica de gas. A la derecha la torre almadrabera y el cementerio. Foto: AHMC


El flamenco encontró siempre en Puertatierra horma cómoda para que los tercios sonasen altos y libres. Las Puertas de Tierra cerradas, impedían el retorno a Cádiz en calesas y la proliferación de ventas, con patios espaciosos, favorecieron las juergas, regadas de manzanilla y pescao frito.



Gitanos viviendo en los glacis y cuevas de las Puertas de Tierra (*)


Dejemos que sea el político gaditano Emilio Castelar, según feliz rastreo hemerográfico de Ortiz Nuevo (1), el que nos cuente, cómo era una juerga "beduina" en la Puertatierra del año 1874:

"Me encontraba una tarde en la Puerta de Tierra de Cádiz. El levante nos enviaba sus ráfagas abrasadoras, y el infinito Océano el jigante (sic) rumor de sus olas.

Bajo un parral a la pálida luz de un farol que el viento agitaba entre los aullidos de una zambra de jitanos (sic), que parecían traídos, según lo negruzco de sus rostros, lo gutural de sus voces, por una ráfaga del viento del gran desierto que azotaba las costas, entre los aullidos de una zambra de jitanos (sic), levantábase una mujer que a primera vista parecía fea, y que, sin embargo, con su cabeza levantada, sus brazos tendidos al cielo, erguido su cuerpo tan flexible, como el de una serpiente, bailaba, y de su pecho, exhalaba un cántico que parecía el acento de una desesperación infinita y de sus ojos relámpagos siniestros, que fulguraban como la tempestad de una inmensa pasión. Aquella mujer, no cantaba el amor, no, cantaba la libertad. Su voz era un gemido infinito, un gemido capaz de partir en pedazos el corazón más duro. Cuando yo la veía bailar exclamaba: Así debió bailar Cleopatra. Cuando yo la veía cantar exclamaba: Así debían cantar las hijas de Israel en las orillas de los ríos de Babilonia. Su canción principal era como sigue: 
                   
                 En el patio de la cárcel
                 miré al cielo y di un suspiro
                 ¿Dónde está mi libertad
                 que tan niña la he perdido?
                                           
¡Oh! He recogido estos recuerdos de mi cartera de viaje. Pero ¿qué valen ellos en presencia de la realidad? Visitar Andalucía, y de seguro que traeréis en el alma uno de esos poemas de grandes recuerdos que son una fuente perenne de consuelos y de poesía, en la triste esperanza de la vida."
                                       Emilio Castelar 
(La Andalucía, 30 de abril de 1874)

Es curioso. En la actualidad, los sustantivos tocador/tocadora, cantador/cantadora y bailador/bailadora, han sido "derrotados" oficialmente por las hablas andaluzas. Lo cual ha obligado a la RAE hoy día, a aceptar las preciosas formas expresivas de tocaor, cantaor y bailaor, sin la necesidad de entrecomillarlo ni de ponerlo en cursiva.

Volvamos al concurso de San Severiano. Repárese de qué manera el cronista se refiere a Cádiz, como la tierra en la que "tantos tocaores existen" (además de la tierra de los tangos) y cómo usa ya los sustantivos cantaores y tocaores, eso sí, con la tipografía en cursiva, indicando el vulgarismo:

Diario de Cádiz, 5 de junio de 1903

La noticia parece que cunde y en breve se disponen a viajar cantaores de Sevilla y Jerez a disputarle el premio a los artistas de Cádiz. El concurso es un hecho:

Diario de Cádiz, 6 de junio de 1903

Diario de Cádiz, 14 de junio de 1903

Finalmente, el concurso se celebró el viernes, 26 de julio de 1903, a las ocho y media de la noche, ignorándose el desenlace final, que no quedó reflejado en la prensa periódica.

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(1) ORTIZ NUEVO, José Luis¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del Arte Flamenco en la prensa sevillana del XIX, Sevilla: Ediciones el Carro de la Nieve, 1990 (Págs. 310 y 311).

(*) Fotos blog MdChttp://memoriadecadiz.es/

lunes, 10 de diciembre de 2012

Cantes y cates (De Cádiz y sus cates)

Diario de Cádiz, 6 de abril de 1888
No nos engañemos. La tragantá es tan antigua como la humanidad. Que le pregunten a Stanley Kubrick, por qué reflejó la hostilidad de los primates, al son de Así habló Zaratustra, con el hueso al aire. En materia de cates ningún tiempo pasado fue peor; pero tampoco mejor.

El reverso pendenciero y la asociación de arte flamenco con peleas y altercados —principal argumento de los antiflamenquistas decimonónicos— fue muy frecuente, y en parte cierto, a lo largo del siglo XIX. Estudiado por Ortiz Nuevo en su capítulo Maldición en la cuna (1); por Manolo Bohórquez con el asesinato del Canario (2) o por José Gelardo, describiéndonos el ambiente extremadamente hostil de las antiguas tabernas de la Cuenca Minera (3). La abundancia de alcohol lo facilitaba todo. En el Carnaval también, y también estudiado, véase El periodismo en tiempo de Carnaval, capítulo Crónicas negras (4), (y disculpen la autocita).


Diario de Cádiz, 7 de agosto de 1903

La Nueva Era, 8 de mayo de 1891
Más pruebas, más cates, más sangre y más drama. En sitios tan distantes como Algar (Cádiz, 1888), Buenos Aires (1891) o la Plaza de la Cruz Verde en Cádiz, a la vera de La Tienda de la Cabra (Diario de Cádiz, 7 de agosto de 1903). Una guitarra rota en las costillas, un estoque en los alrededores de La Plaza y un revólver disparado en un cafetín bonaerense, que recuerda la copla de La Ruiseñora, de Quintero, León y Quiroga, magníficamente versionada por Miguel Poveda en su último trabajo discográfico.

La Nueva Era, 8 de mayo de 1891














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(1) ORTIZ NUEVO, José Luis¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del Arte Flamenco en la prensa sevillana del XIX, Sevilla: Ediciones el Carro de la Nieve, 1990 (Pág. 337).

(2) BOHÓRQUEZ CASADO, ManuelEl cartel maldito, Sevilla, 2009.

(3) GELARDO NAVARRO, JoséEl Rojo el Alpargatero, flamenco. Proyección, familia y entorno, Córdoba: Almuzara, 2007.

(4) OSUNA GARCÍA, JavierEl periodismo en tiempos de Carnaval, 1763-2005 (más linotípico no lo hay), Cádiz: Quorum Editores, 2009 (Págs. 337).