Querida Real Academia Española:
Que digo, que resulta, que decís que la granaína no existe, ¿no?, que existe la granadina, lo cual obliga, de facto, a ignorar a dos estilos: la granaína y la media granaína. Si acaso, la media granadina, que supongo definirá el zumo de media granada; o a mi prima, que nació en la calle Villalobos, pero que siendo una chiquilla se fue a Granada, por tanto, no es granadina, pero es medio (media) granadina.
Que digo, que resulta, querida RAE, que hay que daros un toque de atención, porque en lo tocante al flamenco, el toque —como dijo Sabino Fernández Campos en el Palacio de la Zarzuela— "ni está ni se le espera". Sin embargo, bien que entendéis y bien que definís el toque de queda, el de corneta y el de campana, tres toques mu malajes (perdón si he decir mal ángeles) que se hubieran producido, la noche anteriormente aludida, de no ser por la frase de marras, que —dicen— paró el golpe de Estado. Pero ¡ay! no conocéis ni definís el bello toque flamenco del Maestro Patiño, de Tapias, de Trinidad Huertas, de Paco de Lucena... o Paco de Lucía.
Que digo, que resulta, que decís que tango es un "baile del Río de la Plata", amén de "fiesta y baile de origen africano". Desde luego. No hay más que ver el sufijo "ngo" —que también lo muestra el fandango y el zorongo— para entreverle a la palabrita su africanía. Pero también decís que tango es la "música de este baile y letra con que se canta".
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| Tango de diciembre. Aguada sobre papel de estraza. Obra (y gentileza) de Manolo Morgado |
¿De qué música y baile habláis, queridísima RAE? ¿de los tangos graciosos en los que los andaluces lucían sus chistes, en 1779, según la sonanta del guitarrista gaditano Tomás Abril? ¿Quizá de la guanábana, la limoná y la lotería, los tres, tangos de 1823? ¿del tango americano? ¿del tango de negros? ¿del tango morisco que se bailó en el Teatro del Balón en 1848? ¿De los tangos guacanitos aclimatados en Cádiz en la segunda mitad del XIX, derivados en tangos de Carnaval? ¿del tango porteño, tango lunfardo, tango argentino, que es posterior al tango andaluz, de quien bebe y recibe influencias? ¿De los tangos flamencos, aquellos que el Maestro Otero daba fe escrita en 1912 que bailaban los gaditanos Paquiro y El Churri en el XIX?
Es que verá, querida RAE. Es que resulta que ninguno de estos tangos, miles y miles de veces nombrados en la literatura, en la calle, en la prensa y en los pliegos de cordel, desde el siglo XVIII a nuestros días, están contemplados ni recogidos en vuestra docta Real Academia. Y eso —cuando menos— encoraja.
Os lo diré "enseguidilla". Que digo, que resulta, que en la RAE recogéis seguidilla, que para eso las hubo de todas las clases, colores y sabores: manchegas, boleras, mollares, serranas, rasgueadas, extremeñas (cantadas por El Planeta), madrileñas o de Pedro-Lacambra (ambas interpretadas por Lázaro Quintana) y sevillanas. ¡Cómo no sevillanas, que así se llaman hoy las seguidillas!; pero... ¿y las voces seguiriyas y siguiriyas? ¿Y el sustantivo siguiriyero, ra: referido al especialista de la seguiriya? ¿No fue suficiente que Federico García Lorca lo inmortalizase, hablando de Silverio?La densa miel de Italia
con el limón nuestro
iba en el hondo llanto
del siguiriyero.
Que digo, que resulta, querida RAE, que decís que la rumba es un "cierto baile popular". Cierto. Y cierto que no decís nada más, salvo que su origen es cubano. Antes, mucho antes que los gitanos catalanes popularizaran su rumba, Diego Antúnez, La Niña de los Peines y muy probablemente Pepa Oro la incorporaron a su repertorio. Sin perder de vista a Pepe de la Matrona, todos anteriores a Peret, que bebió, entre otras fuentes, de Beni de Cádiz y de Miguel Vargas Bambino.
Que digo, que resulta, señores académicos de la RAE, que la voz mirabrás no aparece recogida, lo cual es muy extraño, al tratarse de una cantiña gaditana, transmitida en el siglo XIX, en Cádiz por Tío José el Granaíno (perdonen que no diga granadino) de la cantiña El Almorano, de cuyo estribillo salió la nomenclatura del estilo que ustedes ignoran: "¡Ay! qué mirabrá / y qué mirabrandito viene, mirabrandito va"; y en Sanlúcar de Barrameda, conservada por la dinastía gitana de Los Bochoque y enraizada con las canciones liberales: "A mí no me importa / que un rey me culpe, / si el pueblo es grande y me abona / Voz del pueblo / voz del cielo".
Que digo también, señores de la RAE, que del mismo modo que recogéis alborear, para definir el amanecer, haced lo propio con alboreá, explicando que es un cante, íntimamente ligado al ritual de las bodas y que por tradición se hacía al alba, considerando que sus noticias se remontan a 1855 y que dependiendo de la provincia, tiene aire de bulería por soleá, soleá bailable romanceada, jaleos o tangos.
Como también digo, señores de la RAE, que en vuestro erudito Diccionario de la Lengua Española no puedo leer la definición de bambera, por lo tanto no puedo entender a Armando Palacio Valdés cuando en su obra Los majos de Cádiz transcribe la copla del columpio (de bamba, onomatopeya de balanceo) interpretada a ritmo de soleá aligerada:A la que se columpia
echarle rosas,
que todo se lo merece
por buena moza.
Al columpio he subido
porque no digan
que mi amante está ausente,
yo pensativa.
Mocito que está a la puerta
mirando para el columpio.
entre usté y columpiará
la que sea de su gusto. (1)
Ciertamente hermosas son
las voces ‘siguiriya’ o ‘seguiriya’, como los sustantivos ‘siguiriyero’,
‘saetero’, ‘buleaero’ o ‘festero’. El problema es que las dos primeras no están
recogidas en la RAE, aún cuando ya estaban presentes en los incipientes estudios
del XIX, y sólo 'saetero' y 'festero' se libran; lo malo que 'festero' viene
definido regulá ná má.
Si yo abriera una oración que dijera (por poné un poné):
“La
alzapúa brilló en la sonanta y junto a la voz afillá del intérprete,
consiguieron en la danza una bella escobilla; unos preciosos replantes y una
memorable pataíta festera”…
Entenderíamos todos –versados y profanos– que un
guitarrista, con una técnica del pulgar sobre el instrumento, junto a una voz
rozada, casi ronca, fueron capaces de mostrar en el baile, un bello zapateado,
un remate y una pincelada, pongamos que por bulerías. Quizá el profano tuviese
que recurrir al diccionario para entender bien lo que ha leído. Quizá.
Pero en ese caso, este último nada encontraría en el querido
diccionario para ayudarle a entender la oración. ¿Por qué? Porque el rollazo
academicista, de la RAE no incorpora lo que lleva décadas, ya incorporado al
lenguaje coloquial e incluso al técnico.
Así, encontraríamos que ‘alzapuá’ no está, que ‘sonanta’ tampoco,
ni ‘afillá’ (la voz) ni ‘afillao’ (el intérprete); mucho menos explicar quiénes fueron 'los Fillos' (de donde provienen ambas voces); ‘escobilla’ vendría, pero
definiría la del váter. Nos aparecería el verbo replantar, cuyo presente de
subjuntivo: ‘replante’, vendría a expresarnos que algo (un vegetal u hortaliza)
se vuelve a plantar en suelo ya plantado, o sea, trasplantado desde el sitio
que estaba a otro. Qué decir de la ‘pataíta’ (puestos a figurar lo haría
patadita), que sería un pequeño golpe dado con el pie.
No tendría más importancia si viniese recogido que la
'colombiana', además de una gachí de Colombia es un cante, aunque no haya
nacido allí (pero ése es otro tema). Qué decir de 'polo', que para la RAE es
sólo “Punto en el que el eje corta a una superficie de revolución” (aparte del
Polo Antártico y Ártico). Glorioso que el 'martinete' sea para la RAE un
"ave o un martillo", o que las 'cabales', aquellas que hicieron tan
célebre a Silverio y que Federico García Lorca evocaría para la eternidad, no existan, y sólo
en forma de presente de subjuntivo del verbo ‘cabalar’.
En los escasos triunfos en que el habla andaluza se impuso y
“dieron por buena”: ‘cantaor, ra’; ‘bailaor, ra’; o el “jaspiradísimo”: ‘jondo’
(por cantador, bailador y hondo) ¿Por qué no incluyen 'toná' (por tonada)?
Me encantaría pensar que no existe animadversión hacia Andalucía y
a su rica forma de hablar. Repito, me encantaría. Pero estoy convencido, justo
de lo contrario. Decía el colombiano Rufino J. Cuervo: “El día que tengamos un
diccionario de andalucismos, hallaremos maravillas los americanos.”
Por eso la RAE cuando habla de ‘morcilla’ dice que “ha de estar
embutida de piñones y arroz” (como en Burgos, claro); cuando habla del ‘bienmesabe’
dice "que es un dulce de clara de huevos y azúcar" (teniendo “a
huevo” el adobo del cazón). Si entramos en el campo de los pescaos, ya es para
tirarse al suelo y no levantarte en una temporá: ¿Todavía no se ha enterado la
RAE lo bueno que está el ‘pez limón’? ¿Y el 'garapello'?... que hasta a las
embarcaciones gaditanas del siglo XVIII le llamaban “barcos garapalleros”. Pues
no vienen. Tampoco el ‘picúo’ o ‘picudo’ (la ‘mojarra de pico’); nada de ‘sargo
burdo’; como si no existiera el ‘borriquete’ (con lo rico que está en tomate o
a la naranja amarga). Viene el ‘ostión’ en forma de ‘ostrón’, diciendo que “es
una especie de ostra mayor y más basta que la común”, lo cual es de nota, de
matrícula de honor y de copie usted mil veces que…; en todo caso, el ‘ostión’
es “la ostra menor” del firmamento de los bivalvos; por cierto, descrito ya en
la provincia de Cádiz, en un trabajo científico, datado en el año 1612.
OTROSÍ.
Vale que hayáis recogido la voz bulerías, aún cuando la definición esta cortita. Muy cortita. Decís de ella que "se acompaña con palmoteo" —palabrota que sería muy del gusto de Pío Baroja— en cuyo caso, ¿por qué, en su acepción número 11, no decís lo mismo en alegría —donde, por cierto, también se tocan las palmas—?; y, sobre todo, doctos académicos de la RAE, que digo que unificad criterios, es decir: ¿por qué bulerías en plural y alegría en singular? Me lo expliquen. Oiga.
OTRO OTROSÍ. Si recogéis el singular soleá, como "tonada, copla o danza", ¿por qué ignoráis el plural: soleares? ¿No fue suficiente que Antonio Machado Demófilo recogiera, en 1881, un capítulo de soleares de tres versos (con 399 coplas, de soleares, claro); otro de soleariyas –sic– (con 13 coplas de soleariyas) y otro de soleares de cuatro versos (con 71 coplas de soleares)? (2)
UN OTROSÍ MÁS.
Vale que digáis que la vidalita es una canción popular. Vale que no expliquéis que fue Manuel Escacena quien aflamencó este cante, de origen argentino. ¿Pero, es necesario explicar en la definición "que se acompaña con guitarra"? Porque con guitarra se acompañan también la bulería, la alegría, la malagueña, la soleá, la petenera, los tientos, los tangos, los tanguillos, la taranta, la bulería por soleá, la seguiriya... ¿sigo?... y no decís ni pío del instrumento.
OTRO OTROSÍ MÁS.
¿Sois conscientes, señores de la RAE, del mamarracho de definición que le habéis dado a la petenera, cuando afirmáis que es un: "aire popular parecido a la malagueña" —sic— ?
¿Parecido a la malagueña en qué? ¿en la melodía?, ¿en las estrofas?, ¿en los acordes?, ¿en los versos?, ¿en el compás?... Por cierto, definís la propia malagueña, a su vez, como "algo parecido al fandango"; o sea, que si la petenera es parecida a la malagueña, y ésta, asimismo, es parecida al fandango... la petenera, forzosamente, ha de ser parecida al fandango. De cajón de madera de caoba de las Indias occidentales. Por lógica formal matemática. Puro silogismo. Le llamaban Transitividad (se llama la película).
Si petenera (p) es parecido a malagueña (m) y malagueña (m) es parecido a fandango (f), petenera (p), por lo tanto, es parecido a fandango (f). O séase:
Si p = m, entonces m = p (Simetría)
Si p = m y m = f, entonces p = f (Transitividad)
Y pregunto a los académicos de sillón: ¿En qué se parecen la petenera y el fandango, del que, por cierto, afirmáis que se acompaña con violín?
Y ÚLTIMO OTROSÍ.
Del mismo modo que los americanismos entran abundantes y a pelú en vuestro (nuestro) Diccionario, dadle cuelo a los andalucismos, que son las voces más sabias y depositarias del arte flamenco. No por nada, sino porque fue ese lenguaje, esa singularidad y esa modalidad lingüística la que estuvo cerca; la única que fue testigo de la gestación de corridos y tonás, de infinitas madrugadas de cante, por las noches oscuras de los sonidos negros.
No sé si la noticia habrá llegado a vuestros sillones académicos, pero el arte flamenco —esencialmente andaluz, él— ha sido no hace mucho declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
No se pierdan dos artículo sobre el mismo tema. Uno de Luis Carlos Díaz Salgado, ¿Hasta cuándo, Academia, hasta cuándo? El ninguneo de la RAE a los cantes y bailes flamencos, y otro de Antonio Rodríguez Almodóvar, Queridos catedráticos, dos puntos. Ambos escritos, antes y mucho mejor que éste, que ahora concluye.
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(1) PALACIO VALDÉS, Armando, Los majos de Cádiz, Madrid: Espasa Calpe, 1967 (Págs. 82 y 83).
(2) MACHADO Y ÁLVAREZ, Antonio, Colección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996 (Págs. 163-169).






