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jueves, 18 de abril de 2013

Manuel Torre concursa en Cádiz (1925)


Los concursos de cante y baile flamenco debieron ser bastante tempranos. Somos de natural competitivos, por tanto no es de extrañar que ya en 1903 tengamos constancia de la celebración de uno —no así de su desenlace—. Y los que aparecerán. ¡Dale tiempo a la gotita... y tú verá la estalagmita!

Contábamos en otra ocasión que los prestigiosos jerezanos hermanos Torre, Manuel Torre y Pepe Torre, actuaron en Cádiz el 25 de abril de 1903, en el Teatro Circo Gaditano, cosechando mucho éxito y siendo una de las grandes atracciones de la función, junto a las también destacadas figuras gaditanas de Enrique Jiménez Hermosilla y de Vicente el Colorao.

Hoy traemos un anuncio insertado en el periódico El Noticiero Gaditano, programado para el sábado, 3 de enero de 1925, en el que el espectáculo se publicita específicamente como concurso de cante y baile flamenco.

Participan los bailaores Francisco Serran y Antonio Ramírez; las bailaoras Hermanas Sevilla; los cantaores Pepe Torre y Manuel Torre y el tocaor El Niño de Huelva.


domingo, 3 de marzo de 2013

1938. Y la juerga acabó en Consejo de Guerra (II)


El propietario del establecimiento de bebidas en el que se desarrollaron los incidentes, Pasaje de la Europa, era Teodoro Díaz Portilla, natural de Villasevil de Toranzo (Santander), con residencia en Sevilla en el número 1 de la calle Barco. Acudió también a testificar en el Juzgado, diciendo —básicamente— "que no oyó nada". Manifestación muy similar a la declarada por José del Pino Tejera, camarero del Pasaje de la Europa.

Sevilla, Pasaje de la Europa. Riada de 1947 (*)
Omitimos ambas declaraciones para no alargar esta entrada, ya de por sí larga —como la de ayer—, pero sí que es de sumo interés conocer qué dijo la policía. ¿Qué sabía la policía franquista sobre los implicados? Veamos a continuación la información que la Jefatura del Servicio Nacional de Seguridad suministró en el proceso. 

La policía nunca es tonta; ni un pelo, además. Y la franquista tampoco lo era.




Sobre Juan Incierte Gutiérrez:




Sobre el tocaor José Capinetti Rodríguez a quien (miren por donde) sabemos que apodaban "El Gitano" y que estaba de paso:





Sobre el tocaor El Niño de Huelva




Sobre el cantaor Pepe el Limpio:




Sobre Antonio Márquez Rodríguez:



Sobre Diego Zuleta y Queipo de Llano, y sobre Manuel Solís García:



Sobre José Arredondo y Sierra y sobre José Luis Olavarrieta González:





Pónganse los farderos en pie que llega la sentencia firme, o pónganse firmes que llega la sentencia. Da lo mismo. ¡Total! Vista la vista... no eran "malos" ni "buenos", eran "Regulares". Y los flamenquitos todos limpios —y eso que uno ya lo era desde el principio: Pepe el Limpio—, flamencos víctimas de una época sobria y lamentable.


Los papeles hablan por sí solos. Aquellos jueces sacaron sus conclusiones, que cada lector saque ahora la suya sobre la presente documentación pública (1).












Quedémonos con el cante de Pepe el Limpio y el toque de El Niño Ricardo (cortesía de Paco Zambrano).
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(*) Postales y fotos antiguas de Sevilla.

(1) Archivo Histórico Tribunal Militar territorial Segundo, Sevilla, Fondo 8.000. Causa 1557/38 contra los alféreces don José Arredondo Sierra y don Luis Olavarrieta González por supuesto delito de excitación a la rebelión. Legajo 224/10657.

sábado, 2 de marzo de 2013

1938. Y la juerga acabó en Consejo de Guerra (I)

El arte flamenco, a lo largo de sus siglos recorridos, suele estar asociado a una serie de conceptos. Clichés de cristal de gelatino-bromuro que a veces responden a una realidad indiscutible. El vino y las bebidas espirituosas siempre hacen de bisagra, al menos, de dos aspectos bastante claros: la juerga y el posterior escándalo. Lo segundo casi siempre consecuencia de lo primero. Y el alcohol en el centro de ambos, dando fe de la transformación y como queriendo atrapar el duende; "el espíritu", como así ya indica la propia raíz de la voz árabe "al-kuhl".

Otra realidad sociológica fue la del señorito. Archisabida y poco estudiada. En realidad nada estudiada por la flamencología. Flamenco y prostitución. Flamenco y señoritos. Dos posibles títulos para dos probables análisis futuro. Espécimen sin estudio. Arquetipo de una España, muy abundante en su lado meridional. Gracioso sin gracia. Afecto de todo régimen. Generalmente mal aficionado, engreído y patoso; caprichoso y cuando no alcohólico. El artista en medio, preso de un reservado; detenido en un cuarto supuestamente cabal. Siempre con hambre, con la garganta rota y las uñas destrozadas, a la espera constante de un desenlace incierto y con el estómago protestando; y a veces —todo hay que decirlo— plegado a una determinada ideología.

El Niño de Huelva en su juventud.
Foto archivo Blas Vega
Lo que sigue es el testimonio ocurrido de una juerga de la España franquista, acaecida un 12 de octubre de 1938, en el reservado de un bar de Sevilla, El Pasaje de la Europa, en la que se vieron envueltos el tocaor gaditano José Capinetti , el tocaor onubense El Niño de Huelva y el cantaor pacense Pepe El Limpio.


La documentación arribó esta mañana dentro de un fardo, avistado en la zapata del lienzo de muralla de la Alameda Apodaca. Flotaba junto a la murallita de San Carlos, entre plateadas alfajoas y lisas carroñeras de la superficie; precisamente debajo, de donde un alcalde franquista elevó en su día la Cruz de los Caídos (caídos de un sólo bando, claro), que el tiempo —afortunadamente— borró de la preciosa Alameda, atlántica ella, un poquito sudamericana y colonial. Un magnífico pescador amigo, José Luis Gutiérrez Molina, con una caña del país, enganchó en el tramo de tanza de la espiga de bambú, el fardo que sigue.

Lean, lean. No pierdan hilo. Reparen en cada detalle; escruten pacientes cada renglón del sumario, aún cuando la prosa es pobre, repetitiva y enormemente burocrática. Pero merece la pena. Lo que sigue es un verdadero retrato sociológico de una España terrible, en la Sevilla de Queipo, con un arte flamenco al servicio de laureados vencedores, que muestra su lado más bufonesco y lamentable, en un aciago Día de la Hispanidad. Aquí un Consejo de Guerra (1).




Francisco Largo Caballero
Sevilla. A las 22 horas del incidente, todo el mundo en Comisaría de Investigación y Vigilancia prestando declaración, ante el Inspector de Guardia, Juan Carvajal Ibáñez y ante el agente interino, Manuel Vázquez Moya, que ejerció como secretario habilitado. ¿El motivo? haber gritado U.H.P. y Viva Largo Caballero. Comparece el subteniente de la Región Basilio Rodríguez Barroso; los cabos Rodolfo Capilla Jimeno y José Ballesteros Delgado; y el legionario Rafael Vargas Bazo

Todos presentan a los siguientes implicados: Manuel Solís García de Puente Genil (Córdoba); Juan Incierta Gutiérrez de Jerez de la Frontera (Cádiz); Antonio Márquez Rodríguez de Cádiz; Diego Zuleta y Queipo de Llano de Jerez de la Frontera (Cádiz); Manuel Gómez Vélez de Rio Tinto (Huelva); José Azuaga Morcillo de Badajoz y José Capinetti Rodríguez de San Fernando (Cádiz).

Declaración del tocaor Manuel Gómez Vélez, El Niño de Huelva:




Declaración del tocaor José Capineti Rodríguez:



Declaración del cantaor José Azuaga Morcillo, Pepe El Limpio:




Otro de los implicados en la juerga fue el Alférez de Regulares, José Arredondo Sierra, que no prestó declaración inicialmente en Comisaría, pero que luego, ya abiertas las diligencias, testifica en el Juzgado de la Prisión Provincial, el 17 de octubre de 1938. Arredondo llega a detallar en su declaración la letra "flamenca" que por fandangos se estaba interpretando en el cuarto: "Viva el Caudillo de España / y el ejército español / gloria al invicto Mola / y a Sanjurjo el inventor / de la cruzada española".






Declaración en el juzgado del Alférez de Regulares, José Luis Olavarrieta González:





Declaración del abogado, imputado Diego Zuleta y Queipo de Llano (la misma persona que en el año 1932, con motivo de la Sanjurjada, fue deportado a Villa Cisneros. Léase aquí en Diario de Jerez):




Declaración del tocaor Manuel Gómez Vélez, El Niño de Huelva:



Declaración del tocaor José Capinetti Rodríguez:


Las Calles de Cádiz con Concha Piquer. En el centro Pepe El Limpio.
A la izquierda Pericón de Cádiz. A la derecha Luis el Compadre

Declaración del cantaor José Azuaga Morcillo, Pepe El Limpio:





Informe del Fiscal, fechado el 3 de diciembre de 1938, Tercer "Año Triunfal":






Hasta aquí nuestra entrega de hoy. "¡Se levanta la sesión!", "¡Queda visto para sentencia!" ¿Condenarán a los dos alférez de Regulares? ¿Quizá al abogado, apellidado Queipo de Llano? ¿Les pasará algo a los flamenquitos? Se aplaza la sesión hasta nueva audiencia. Mañana se verá.



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(1) Archivo Histórico Tribunal Militar territorial Segundo, Sevilla, Fondo 8.000. Causa 1557/38 contra los alféreces don José Arredondo Sierra y don Luis Olavarrieta González por supuesto delito de excitación a la rebelión. Legajo 224/10657.

jueves, 28 de febrero de 2013

Javier Molina: entrevista inédita. "Ahora hay muchos flamencos de pan y pescao"

Javier Molina. Foto: Arte y artistas flamencos
Una de las grandes figuras de la guitarra flamenca, sin ningún género de duda, fue la del jerezano Javier Molina Cundí, Jerez de la Frontera (Cádiz), 1868-1956. Considerado el punto de partida de la Escuela guitarrística de Jerez, tuvo, entre otros muchos alumnos-discípulos, a los jerezanos Rafael El Lápiz y a Manuel Morao.

Acompañó a todas las grandes celebridades del momento. Su gran longevidad (88 años), impensable para los datos y cifras que conformaban la esperanza de vida de su tiempo, hizo que su toque ilustrara el cante de artistas de épocas muy distintas: Tomás El Nitri, El Caoba, Paco la Luz, Fosforito, El Loco Mateo, Juan Breva; Manuel Torre, Don Antonio Chacón; Manuel VallejoLa Niña de los Peines, Manolo Caracol o Lola Flores.

Este fardo ha entrado por Santa María del Mar, por la Playita de Los Corrales y arrastra con la mar de leva una entrevista a Javier Molina, cinco años antes de aquella que el artista jerezano concedió al periódico Dígame, el 23 de agosto de 1955, realizada por Juan de la Plata, con fotografías de Eduardo Pereiras. Para quien no la conozca y esté interesado en leerla, hay distintos sitios webs que la tienen transcrita desde hace tiempo. Puede conocerla aquí, pero si lo que quiere es ver la reproducción hemerográfica, puede hacerlo en el blog papeles flamencos.

Si cotejamos una y otra entrevista, separadas cinco años en el tiempo (la muy conocida de 1955 y la que hoy desempolvamos de 1950), no encontramos contradicciones en el testimonio de Javier Molina sobre su concepción del arte flamenco, pretérito y presente. Para casi todo el mundo —y para los flamencos, especialmente— todo tiempo pasado fue mejor.

Sigue hablando con devoción y no poca nostalgia de Don Antonio Chacón, al que admira más que a nadie —más que a Manuel Torre, como la mayoría de los coetáneos de los dos, con la sola excepción del grito siguiriyero de éste— y narra la aventura "artístico-Tartésica" que junto a Chacón y a su hermano, el bailaor Antonio Molina tuvieron; periplo que discurrió por las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, con una guitarra al hombro, descalzos los tres, para preservar las preciadas botas. Una información que es concordante con aquella que se nos contó y que tan bien descrita quedó en la biografía que Blas Vega hizo de Chacón, lo cual demuestra el excelente aparato crítico del biógrafo y la veracidad y la sólida documentación que Pepe Blas Vega le insuflaba a sus trabajos. Por eso dicha biografía, lejos de interpretaciones personales o patéticas gitanofobias o gachefobias (que tan nocivo es lo uno como lo otro), es todo un modelo a seguir (1).

Se inclina Javier Molina en 1950 en destacar a La Niña de los Peines como la mejor artista cantaora del momento y en subrayar a El Niño de Huelva como la mejor figura de la guitarra. Cinco años después, en 1955, era Manuel Vallejo a su entender el cantaor más completo y El Niño Ricardo el mejor tocaor del momento. ¿Contradicción? No lo creo. Normalmente, a insulsas preguntas: insulsas respuestas; quiero decir, que en el amplio abanico de los gustos hay espacio para muchos "números unos"; y en segundo lugar, hay cinco años de diferencia entre una entrevista y otra, tiempo más que suficiente para que una opinión sea modificada, como es natural y legítimo (por otra parte).

Javier Molina, visto por Chumy Chúmez

Sí encontramos —en cambio— una notable inexactitud en la respuesta que da a la pregunta de "si tuvo muchos discípulos", pues señala a Enrique el Mellizo, y a Enrique Ortega como depositarios de su enseñanza y, en modo alguno, pudieron ser discípulos suyos, primero por una cuestión de edad: El Mellizo (1848) le sacaba 20 años a Javier Molina (1868); Enrique Ortega (Feria) El Gordo, otro tanto de años —no digamos ya la segunda posibilidad de Enrique Ortega (Díaz), El Gordo Viejo—; y aparte de todo: esos tres Enriques eran todos cantaores, no tocaores.

Me inclino más por una mala interpretación y posterior transcripción periodística de lo que el artista jerezano le estaba narrando en su humilde domicilio de la calle Prieta. La entrevista la firma José María Cepero y está ilustrada con una fotografía, junto a un dibujo de Chumy Chúmez, al igual que aquella que vimos de La Pompi, al darse la circunstancia de que el humorista gráfico se encontraba, circunstancialmente, en Jerez de la Frontera, como alférez de las milicias universitarias, según publicó Diario de Jerez y según nos indicó nuestro fardero amigo David.

La entrevista revela que unos avispados señores de Barcelona se llevaron en una "cajita" magnetofónica, —pa los restos y sin trincá, que diría El Beni—, una cinta con su toque antiguo, sus trémolos irrepetibles y sus magníficas ligazones, grabado en las partículas de hierro de una vieja cinta casete. Coba del nueve. Le llamaron "El brujo de la guitarra", por algo fue. Así lo definió un coetáneo suyo, Fernando el de Triana, en ése libro "grande y muy bonito", al que su hija se refiere en el transcurso de la entrevista; libro, por cierto, que tan sólo le dedica siete raquíticos renglones a su figura, muy escasos, escasísimos para la dimensión artística del jerezano (2).

Recientemente, Carlos Martín, ha compartido una interesante entrada sobre Javier Molina, en la que se puede oír su toque y leer sus andanzas por los cafés cantantes gaditanos, en El Arqueólogo Musical.

Ahora la entrevista. Disfrútenla. Que hace una mañana de categoría y la marea está llenando.

La Voz del Sur, 18 de junio de 1950
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(1) BLAS VEGA, José, Vida y cante de Don Antonio Chacón, Madrid: Editorial Cinterco, 1990.

(2) EL DE TRIANA, Fernando, Arte y artistas flamencos, Madrid: Editoriales Andaluzas Unidas, 1986 (Edición facsímil de la de 1935, Pág. 157 y 230).