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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La última corrida de Enrique el Mellizo, enero de 1906

Vapor Joaquín Piélago. Buque de 61,7 metros de eslora total, por 8,4 de manga, construido en Matagorda (Cádiz)


La última conocida —claro está— y con bastantes visos de ser la postrimera, en la que el jifero de oro ejerciera su vocacional segunda profesión de puntillero. La Casa de Matanzas municipal (El Matadero), oficio ancestral de los gitanos de Cádiz y Los Puertos, junto a la tauromaquia (banderillero y puntillero), constituían su principal fuente de ingresos, seguro que incrementada, de forma esporádica y generosa, con su actividad artística. Con todo, a pesar de su importancia y dimensión como cantaor maestro, no debemos considerar a Enrique el Mellizo un artista flamenco profesional, en sentido estricto, habida cuenta de la eventualidad de sus intervenciones en teatros y cafés cantantes. Que por cierto las hubo (aún así, su célebre malagueña llegó a impresionarse en un cilindro de cera, como en su momento vimos). Seguro que, en función del azar, ya íntimamente ligado a la diversión distendida, por los reñieros de gallos de pelea, en los círculos gallísticos de la ciudad, asomó otra fuente efímera de ingresos, más destinada a abonar rondas en tabernas que a engrosar la buchaca de su casa de la calle Mirador.

El mes de enero de 1906 había agotado veintitrés días de su cuesta del calendario. Él, Francisco Antonio Enrique Jiménez Fernández, Enrique el Mellizo, tenía cincuenta y ocho años, cumplidos hacía dos meses. Un hombre joven; bastante joven, diríamos hoy, cuando alguien fallece con esa edad ¿verdad? Sin embargo, era un señor muy mayor; muy anciano para su época (1848-1906). Por extraño que nos parezca, así era.

En diciembre de 1900 pueblan España 18 millones y medio de habitantes. La mortalidad española reducía la esperanza de vida al nacer a unos 33, 8 años para los hombres (35, 1 para las mujeres) (1).


Visto desde esa perspectiva —es decir, desde la visión real de un "anciano de cincuenta y ocho"—, añadan a ella que El Mellizo estaba enfermo, a la sazón; padecía los achaques y el consiguiente retraimiento de la vida social cotidiana. Su necrológica, publicada en Diario de Cádiz (verla en la página TAL), ya aludía a "sus padecimientos físicos".


Hemos hecho esta aclaración previa, en nuestro intento de querer contextualizar bien la noticia que a continuación compartimos.


El Joaquín Piélago atracado en Cádiz

El 23 de enero de 1906 una expedición flamenco-taurina embarca en el Joaquín Piélago, desde Cádiz rumbo a Algeciras, para la corrida que se va a celebrar en la localidad campogibraltareña, con los siguientes expedicionarios: Francisco Villegas, Juan Jiménez Rebujina, José Espeleta y Antonio el Mellizo

La noticia no tendría nada de particular, si no fuera por el hecho de que la prensa, en ocasiones, nombraba a Enrique el Mellizo con su segundo nombre de pila, Antonio; algo frecuente en las gacetillas de su época, esto es, referirse a él, indistintamente, como Antonio, como Enrique; incluso como 'Hermosilla', sobrenombre que, después, heredaría uno de sus hijos.




Pero claro, a ningún aficionado o estudioso serio se le escapa lo resbaladizo e inconsistente que resultaría decantarse sólo por una presunta errata en la forma de referirse a El Mellizo, por muy abundantes que éstas fueran en la prensa periódica de su tiempo, y porque, además, el hecho de que su hijo, Antonio el Mellizo, también siguiera los pasos de su padre (no ya como cantaor, sino asimismo como puntillero), le añade mayor propiedad resbaladiza a la hipótesis.

Mas aquí la prueba de la, casi segura, última participación de Enrique el Mellizo como puntillero, tan sólo cuatro meses antes de su deceso.


Una vez más —cómo no— de la mano, texto y rigor del maestro José Blas Vega, que poseía el cartel original de la corrida algecireña de enero de 1906, en la que aparece, por un lado, Enrique el Mellizo como puntillero en la cuadrilla de Rafael Molina Lagartijo, y por el otro, su hijo Antonio el Mellizo, discípulo y depositario de sus cantes y de las habilidades de cachetero, en la cuadrilla de Morenito de Algeciras:


"(...) Figurando en la cuadrilla de Hermosilla (se está refiriendo Blas Vega a Enrique el Mellizo) hemos visto carteles de toros fechados en Jerez, 1878; Málaga, mayo 1879; Cádiz, 18 de julio de 1886, y Puerto de Santa María, 28 de agosto de 1881, 3 de agosto de 1884, 28 de julio de 1885, 11 de julio de 1886, 28 de agosto de 1887. Recientemente he adquirido el cartel de la que pudo ser su última faena. Se trata de una corrida en la Plaza de toros de Algeciras, el 28 de enero de 1906 y en la cuadrilla del famoso Rafael Molina "Lagartijo". Y como curiosidad descubrimos en la cuadrilla del otro espada, Morenito de Algeciras, a su hijo Antonio Jiménez (El Mellizo) que figura también como puntillero. (2) (El resaltado en negrita es mío).



La Perseverancia. Antiguo coso taurino de Algeciras


Vista parcial de La Perseverancia hacia 1925. Foto: MdC

Veamos cómo se va fraguando parte de la expedición a través de la noticia contada por Diario de Cádiz:



Diario de Cádiz, 23 de enero de 1906

Concluyamos con algunos apuntes biográficos de los tres empresarios de la corrida. De mucho postín.

3 tauroflamencos 3


Francisco Villegas (Francisco González Monge, Paco Villegas), nació hacia 1862 en El Puerto de Santa María. Picador que actuó entre 1880 y 1899. Fue luego un exitoso empresario de varias plazas y negociante de compraventa de ganado. Íntimo amigo de Joselito el Gallo. Blas Vega recuerda las palabras de José Carlos de Luna sobre Paco Villegas: "los días de las corridas en El Puerto, era su casa algo así como la Sala Capitular de la Tauromaquia donde se celebraban juntas notables y notadas, entre sorbos de manzanilla y regalos de la mar". (3).



Juan Jiménez Ortega Rebujina*
Juan Jiménez Ortega Rebujina, nacido en Cádiz (1874-1927), fue hermano del matador Francisco Jiménez Ortega Rebujina (1862-1919). Casado con Esperanza Nondedeu, de cuya unión nacerían el diestro José Jiménez Nondedeu Rebujina y Francisco Jiménez Nondedeu Pacorro.


José Espeleta Madrugón El Pollo Rubio, nacido en Cádiz (1869-México, 1907) fue torero y cantaor, hermano del célebre cantaor Ignacio Espeleta.
Corrida de 1929. Director de lidia: José Jiménez Nondedeu Rebujina.
Preciosa fotografía de Antonio el Mellizo con un bastón en la mano,
de la colección particular de José Blas Vega

Justo al mes de fallecer Enrique el Mellizo, su hijo Antonio el Mellizo, participaba como puntillero en la Plaza de Toros de Cádiz, en la cuadrilla del matador Francisco Martín Vázquez, del Alcalá de Guadaíra (Sevilla), en la tarde del domingo, 1 de julio de 1906, según podemos ver en un cartel de nuestra propiedad (4), que gustosamente divulgamos entre farderos:




Torero de Alcalá de los Panaderos y puntillero de Cádiz. Arte en el albero y juntas dos enormes cunas de soleares y soleareros, en los albores del siglo XX.
_________________________

(1) CABRÉ Anna, DOMINGO, Andreu y MENACHO Teresa, Demografía y crecimiento de la población española durante el siglo XX, Almería: Centre d´Estudis Demogràfics, 2002 (Pág. 8).

(2) BLAS VEGA, José, Vida y cante de Don Antonio Chacón, Madrid: Editorial Cinterco, 1990 (Pág. 26).

(3) Ibídem, pág. 69. Véase también ZALDÍVAR ORTEGA, Juan José, Anuario taurino (Pág. 375) y de este mismo autor: Los varilargueros de El Puerto de Santa María.

(4) Cartel, Litografia-Tipografía Francisco Rodríguez de Silva, Cádiz, 1906. Colección particular de Javier Osuna.


* Foto del blog Arqueología flamenca.

sábado, 30 de marzo de 2013

La saeta flamenca de Cádiz. Enrique el Mellizo y los Ortega: papeles, no conjeturas (III)

Litografía ilustrada por Emilio Luis Bartús, Cádiz, 1944

Sigamos viendo las tradicionales saetas flamencas, que se interpretaban hace algo más de un siglo en Cádiz, siendo la imagen del Nazareno la que mayor número de ellas concentraba. Cien años después sucede exactamente igual. 

En esta entrega debe llamarnos la atención la descripción que se hace del "templete" en el paso de la Virgen —parece ser que una iconografía gaditana ya desaparecida—. Asimismo, debemos fijarnos cómo el periodista hace alusión a "los pasos de San Juan", imagen que antiguamente procesionaba con el Nazareno de Santa María, y redacta literal: "el popular que dio lugar a la copla". Ya que la imagen de San Juan está tristemente ligada a una tragedia acaecida el Jueves Santo de 1880, a la cual se le escribió y se le compuso un tango de Carnaval. Dicho tango luego irradió a Sevilla, según nos contó Demófilo (1), y hoy, instalada parte de su letra —y muy probablemente también parte de su melodía— en los tangos trianeros, vía El Titi y los Montoya, podemos escucharlo, lozano y fresco, en boca del grandioso Miguel Poveda, con todo el lustre y con todas las portentosas cualidades, en su último trabajo discográfico: 


                     ¡Ahora sí que no paso yo

                     por debajo de tu balcón
                     no se vaya a desprendé
                     y a mí me mande 
                     a San Juan de Dios!

El tema merece capítulo aparte y desde aquí nos comprometemos a contarlo en su momento con la documentación correspondiente.


En esta ocasión, en la Semana Santa de 1904, es el artista Silverio Chico o Ángel Pérez (véanse aquí noticias suyas) el que, a juicio del cronista, descuella entre la infinidad de saeteros que le cantaron al Nazareno en su recogida:



"La devota imagen, popularizada por la acendrada fe de los gaditanos, desfiló ayer, con todo esplendor, por la población en medio de las mayores pruebas de entusiasmo religioso.



Fotografía: Los fardos
La Hermandad, que con tanta brillantez celebró el quinario de su Titular, donde pudimos oír la mágica palabra del Sr. Arbolí, quiso que la procesión revistiese igual solemnidad, y justo es decir que lo consiguió, pues la religiosa comitiva fué digna de figurar al lado de las de más fama y lujosas de España.

El paso del Nazareno, al que tan gran realce dan la soberbia peana y las lujosas andas, contenía un caudal en planta, alhajas y bordado y profusión de flores preciadas, entre las que sobresalía una gran corbeille de camelias.


Las imágenes del Señor y la Magdalena lucían las vestiduras que en otro tiempo les donara la familia de Gibaja, protectora de la Cofradía. Jesús llevaba rica cruz de concha y plata, a la que le fueron colocadas nueve coronas, alguna de ellas enviadas desde los pueblos cercanos.


Cuanto digamos del buen gusto desplegado en el paso de la Virgen  de los Dolores, es pálido ante la realidad.


En el airoso templete se enroscaban grecas salomónicas de retama (la flor de moda), rosas y violetas. Una docena de ramos de tres cuerpos regalados por la Sra. Vda. de Iraola.


Don Francisco Ghersi y otros devotos exornaban el plan de las andas, la unión de rica candelería de plata y vaso del mismo metal.


Las alhajas de la Virgen llamaban la atención por sus luces y riquezas.


Para el año próximo estrenará la imagen un manto bordado.


También figuraban en el cortejo, muy bien combinados, los pasos de San Juan (el popular que dio lugar a la copla) y el de la mujer Verónica.


Los penitentes iban perfectamente ataviados con orden; muchos, con extraordinario lujo.


Los servicios muy bien llevados, y las farolas de plata, las mejores de Cádiz, corrieron parejas con los guiones, estandartes é insignias.


Asistieron la banda de Álava, que interpretó lucido repertorio, y la del Hospicio con tambores y cornetas.


También un piquete, con iguales instrumentos del mismo cuerpo, al mando del teniente señor Accame.


De preste, con la cruz de primera clase del Sagrario, el P. Ruiz Mateos.


Tanto la salida como el ingreso en el templo, fueron lucidísimos.


A media noche se verificó la entrada.


En los alrededores del templo hasta la cárcel más de 5.000 personas aguardaban al Nazareno y las saetas se sucedían sin interrupción, cantadas con todo fervor y arte.


Silverio cantó infinidad de ellas, como él sabe hacerlo y fueron escuchadas con recogimiento por los devotos.


Se encendieron bengalas, se iluminaron los arcos voltáicos, colocados ante la iglesia, las bandas interpretaron la Marcha Real, y el Señor de Santa María, entró en su casa despidiéndole aquella multitud con cariño, hasta el próximo año."



Diario de Cádiz, 1 de abril de 1904

A continuación aparecerá la figura de Enrique el Mellizo interpretando saetas. Gigantesca trayectoria la del gitano matarife y puntillero; uno de los más grandes creadores de estilos sigiriyeros, soleaeros, de malagueñas —doble y chica—, de tangos y tientos, de montañesa flamenca y metiendo por verea aromas maños en el compás soleaero de las alegrías. Posiblemente estemos ante la descripción de su última saeta, en 1905, sobresaliente saeta la suya, a pesar de que su muerte estaba próxima. En la primavera del año siguiente de 1906 fallecería.

"Hermoso sobre toda ponderación, resultó el desfile por nuestras calles, de la imagen tan popular y venerada.

No fué obstáculo el aire fresco en demasía para estas fechas, para que se despoblase Cádiz con objeto de ver y admirar al Nazareno de Santa María.

La hermandad ha puesto de su parte cuanto era preciso para que la procesión respondiese a este sentimiento general de expectación, consiguiéndolo con creces.

Orden perfecto, exquisito gusto en el adorno de los pasos, riqueza de trages (sic), mantos y túnicas, abundancia de plata y alhajas; profusión de finísimas flores colocadas con arte; cuidado y esmero en todos los detalles; tales fueron los rasgos de la grandiosa procesión que ya se ha hecho indispensable en nuestra Semana Santa.

El paso del Titular, soberbio en lujo y esplendor; el de la Virgen, magnífico y bellísimo.

Las miradas de todos se fijaban en el manto en construcción de la Virgen de los Dolores; previste ser verdaderamente regio, pues ya, con los bordados que anoche lucía, es uno de los más ricos que tenemos en Cádiz; el dibujo es un prodigio de arte y gusto: va colocado el manto a estilo de Sevilla, y tiene igual longitud á los famosos de la capital de Andalucía. En el manto iban señalados los adornos que aún restan por bordar.

Seguramente el año próximo saldrá la Virgen de los Dolores con el manto terminado por la piedad y devoción de los gaditanos.

Por todas las calles de la larguísima carrera se oyeron saetas en profusión tal, que no creemos que ningún año se hayan cantado tantas.

Al desfile por el barrio, revistió todos los tradicionales caracteres de esta procesión, ya tan conocidos, siendo el entusiasmo indescriptible: en las esquinas de la calle Mirador y Botica rayó aquello en delirio; bien es verdad que había artistas de primer orden en ambos sexos sobresaliendo el Mellizo que conmovió a su auditorio.

El ingreso en el templo fué muy hermoso; los alrededores estaban iluminados por potentes focos eléctricos.

Las bandas de la Columna Infantil de Marinería y Cazadores de Puerto Real, concurrieron á la procesión, siendo recibidos con cariño los pequeños artistas, que interpretaban sentidas marchas fúnebres.

La de cornetas y tambores de la de Marinería, es notable por todos conceptos.

Asistió un piquete de Álava con cornetas y tambores, al mando del teniente D. Antonio Montejo.

Por el Ayuntamiento los Sres. Galván, Serdio y Gutiérrez.

Nuestra enhorabuena a la Cofradía."

Diario de Cádiz, 21 de abril de 1905

En la Semana Santa de 1906, con la salud de Enrique el Mellizo ya haciendo mucha mella en su padre, es su hijo Enrique Jiménez Hermosilla, fiel heredero de su escuela, uno de los intérpretes de saetas reseñado en la noticia. Repárese en la frase: "cantó muy bien las saetas de estilo gaditano, que difieren algo de las que se cantan en Sevilla y otras poblaciones andaluzas". Significativa frase; significativa pista:

"El barrio de Santa María ha ofrecido estas dos últimas noches la nota pintoresca y sui generis del fervor religioso expresado con esas canciones dedicadas á las imágenes que figuran en las solemnes procesiones de Semana Santa.

Sería imposible recoger todas las saetas que en las noches del jueves y del viernes se han cantado, algunas por hermosas muchachas del barrio. En la calle de la Botica, núm. 2 se reunió anteanoche gran concurso para escuchar á la Srta. Dolores de la Rosa, cuya voz dulce é impregnada de sentimiento, llamó extraordinariamente la atención. También se distinguió cantando Rosario Vega y otra joven cuyo nombre no recordamos.



El conocido cantador Hermosilla, cantó muy bien las saetas de estilo gaditano, que difieren algo de las que se cantan en Sevilla y otras poblaciones andaluzas.

En la calle de Sopranis también se formaron reuniones que duraron hasta la madrugada, oyendo cantar en competencia á vecinos del barrio con unos jóvenes de Chiclana que han sido muy celebrados."




Diario de Cádiz, 14 de abril de 1906

A los cuarenta y siete días de publicarse esta noticia, fallecería Enrique Jiménez el Mellizo, un 30 de mayo de 1906. Su necrológica la recogió Diario de Cádiz que, aún por conocida y mostrada ya con anterioridad, merece la pena refrescarla para aquellos farderos que no la conozcan, pues su texto es bastante revelador en algunos aspectos —la descripción que se hace de su carácter afable y ocurrente, a través de la fuente primaria, es una prueba palpable, frente al talante huraño y taciturno, que en fuente secundaria, sobre él se nos había "vendido"—; y sobre todo por la noticia de su animadversión hacia los ritmos de tangos y chirigotas del Carnaval de su tierra, a los que vio con peligro y escepticismo. Se iba el "matarife y el rey" (al decir de Fernando Quiñones); "el último que quedaba de aquella generación de artistas chuscos y personas de gracia", decía el cronista en aquel mes de mayo de 1906:


Diario de Cádiz, 31 de mayo de 1906
(Continuará)
________________________

(1) MACHADO Y ÁLVAREZ, AntonioColección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996 (Pág. 87).