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| Foto: Kiki |
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| Foto: Kiki |
Nuestro planteamiento era desmontar y demostrar justo lo contrario: que la idea generalizada de que el flamenco y el Carnaval de Cádiz no tenían relación-conexión alguna, no sólo carecía de base que lo sustentara, sino que las pruebas hemerográficas y la documentación consultada, apuntaban en la dirección opuesta. Creo que el libro lo consiguió —perdónenme—; y desde luego, más que por mérito de su autor, por las copiosas evidencias históricas y documentales que, en su momento, fueron mostradas.
Que en el último tercio del siglo XIX la fiesta pagana y ultramarina de Cádiz le aportase al acervo flamenco un estilo, primero con el nombre de tango, para después fijarle a su nomenclatura el de tanguillo, ya es razón poderosa y de suficiente peso para —por lo menos— tener a la hipótesis en consideración.
Pero la interrelación fue mucho más allá. Consideremos que antes había venido otro tango, americano; tango de negros, también ultramarino, también con vitola afroamericana y también entró por el muelle, derivando en ése patrón de ritmo, que luego modelará: el tango flamenco y el tiento y gustándole los viajes en vapor, le devuelve —ya gaditanizado— al Buenos Aires sudamericano, su impronta europea. Por eso el Maestro Otero a inicios del siglo XX insistía en que los intérpretes de tangos eran siempre gaditanos (2); por eso cuando La Niña de los Peines grababa en pizarra los tientos Salomón con ser tan sabio para la casa Odeon, en 1929, los etiquetaba como Tangos de Cádiz (3); y por eso la cita del término 'tango' más antigua localizada, hasta el momento, es la tonadilla escénica La anónima, rastreada por Faustino y estrenada en el Teatro de la Cruz en el año 1779:
Los andaluces en sus tangos graciosos
sus chistes lucen (...)
...pero en Cádiz en La Viña está la sal.
Los andaluces en sus tangos graciosos
sus chistes lucen (...)
...pero en Cádiz en La Viña está la sal.
En aquél trabajo se aportó abundante información de muchos artistas flamencos que habían participado en las agrupaciones de Carnaval, no como una mera circunstancia o como hecho aislado, sino como algo habitual y característico, en este caso de una ciudad, cabecera en ambas manifestaciones musicales. Desde los tiempos de Rodríguez (segunda mitad del XIX); pasando por los procelosos años 20, la gitanería gaditana, castigada por la necesidad, encontraba en febrero la razón de subsistir y la posibilidad, que toda fiesta brinda, de recordarle al estómago cómo es la comida caliente.
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| Foto: Kiki |
Hay más detallitos en el libro —todas las circunstancias de cuando Camarón y Juanito Villar salieron en una chirigota— pero "yo he venido a hablar de mi libro" y quiero que quien no lo haya leído (si puede) arríe la carná y se lo compre, y así el 10% de su precio de venta al público (o sea, nada que te vaya a hacer rico) me dé para comprarme un kilito de galeras (que ahora es el tiempo) y dos botellas de manzanilla fresquita.A todo esto, el Carnaval asoma su antifaz por la vuelta de la esquina venidera. Los fardos lo van a tener muy en cuenta. Atentos. Y lean, lean... cómo los flamenquitos bailaban y cantaban que quitaba el sentío, por tangos y por alegrías, desde las comparsas carnavalescas. ¡Anda que no!:
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| Diario de Cádiz, 24 de febrero de 1903 |
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| Besitos para el libro de papá (que para eso me lo ha dedicado) |
"LOS GITANOS DEL CARNAVAL
Oportuno y acertado libro que revisa las relaciones entre el Flamenco y la copla carnavalesca para llegar, una vez más, a la conclusión de que en esto del "Cante Grande" casi todo es mestizaje e impureza.
Antonio Zoido
Existen dos conceptos muy sobados en el flamenco: el de la etapa hermética y el del famoso árbol con raíces, tronco, ramas y extremidades; los dos apuntan al mismo sitio, a los tiempos nebulosos en los cuales, casi como en los seis días de la creación, se habría formado el arte. Eso es lo que se desprendía del libro Mundo y formas del Cante flamenco, que por eso de condición de manual, entre Enciclopedia Bruguera y Marta Hanneker, pasó a ser "la Biblia".
En derredor de esos conceptos teóricos existían –y siguen existiendo– miles de documentos por investigar, clasificar y valorar y ahora, a medida que son analizados, va desapareciendo el mito y, en su lugar, instalándose la historia, la ciencia...; en definitiva, el saber que no se para en la mera erudición escolástica.
Y eso sencillamente es lo que hace Javier Osuna García en Cádiz, cuna de dos cantes al establecer relaciones abrumadoras entre las coplas o compases carnavalescos y los flamencos y al sacar a la luz la múltiple intervención de los gitanos en las agrupaciones de las fiestas de carnestolendas. O sea, al poner al día las relaciones que, desde el siglo XVIII se dieron siempre en la bahía gaditana. Así, a vuela pluma, he encontrado en los sainetes de González del Castillo –que no era un "mindundi" si no el maestro de D. Nicolás Böhl y el conductor de las tertulias de Doña Frasquita Larrea– referencias a las playeras, el zorongo, el minué de La Viña, las seguidillas, la pastorela, el fandango, el jaleo, el bolero, la marmotita, el cachirulo, el ole, el zapateado, las tiranas, la tonadilla, la bolera, el chandé... en fin, que de pureza siempre existió la precisa.
Todo lo cual es crudo invierno -sin ni siquiera un débil sol de York- para el mítico árbol del flamenco, y primavera para un campo silvestre en el que, desde Manuel Torres, hasta Chano Lobato, pasando por tía Anica la Piriñaca y Juanito Villar, fueron muchos los que espigaron cuanto le parecía hermoso y dúctil para el compás.
Esta recolección de coplas de Carnaval por los artistas flamencos, incluido el mismo Antonio Mairena, es la que ha recogido paciente y fehacientemente Javier Osuna en su libro, artillado con una profusión de notas de la que poca gente –Don julio Caro Baroja, y pocos más– suele hacer gala.
Estamos por lo tanto ante una obra que, de aquí en adelante, habrá que manejar a la hora de estudiar el tema del que trata e, incluso, algunos colaterales como, por ejemplo, la relación entre el cante de corrido y el cante de coplas. O cuando se quiera buscar lo mismo en los pliegos de cordel. O para indagar sobre la aparición de los palos. un libro que se suma a la afortunada lista de otros varios –cada vez más– que se han escrito en los últimos años desempolvando papeles o testimonios y descubriendo connotaciones. Descubriendo, en fin, que la etapa hermética sólo lo era porque nadie se había puesto manos a la obra para abrirla.
El flamenco no es un árbol o, en todo caso, el de verdad sería un óleo pintado por Magritte, con el saber culto en las raíces, el floklore en el tronco y las soleás, siguiriyas o tientos brillando como flores en las ramas de su copa. Y ya está.
Don Antonio Mairena llegó puntualmente a la hora de rescatar muchos cantes que sin su ayuda probablemente se habrían perdido o contaminado; a la de investigar llegó tarde y mal. Mal porque él y Ricardo Molina pretendieron hacer Historia traduciendo el mito.
Lo de llegar tarde no fue culpa suya; se trataba de algo que debería haber abordado nuestra intelectualidad a su tiempo. Pero Bernaldo de Quirós, en el primer tercio del siglo pasado, se quejaba de que un sólo bandolero catalán, tenía mucha más bibliografía que todos los andaluces: un fenómeno social que, además, dio de comer a medio Parnaso francés del XIX. Así son las cosas." (4)
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(1) OSUNA GARCÍA, Javier, Cádiz, cuna de dos cantes, Cádiz: Quorum editores, 2002.
(2) "Aunque el tango es baile antiguo no se ha generalizado hasta hace unos ocho o diez años. En Cádiz siempre se bailó el tango entre la gente artesana pues era su baile favorito, y aquí en Sevilla, en los cafés cantantes, en varias ocasiones se han visto bailadores de Tango que han sido de Cádiz y los dos últimos que vinieron fueron El Churri y Paquiro, que estuvieron en el Café de Novedades.", Véase: OTERO ARANDA, José, Tratado de bailes, Sevilla, 1912 (Edición facsimilar, Madrid: Asociación Manuel Pareja-Obregón (Pág. 223).
(3) Disco de 78 rpm, Niña de los Peines & Manolo Badajoz. Etiqueta Odeón, catálogo 182524, matriz SO 5230/3.
(4) Revista Mercurio, nº 46 (Pág. 10). Aquí una breve reseña de los amigos de Jondoweb
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(1) OSUNA GARCÍA, Javier, Cádiz, cuna de dos cantes, Cádiz: Quorum editores, 2002.
(2) "Aunque el tango es baile antiguo no se ha generalizado hasta hace unos ocho o diez años. En Cádiz siempre se bailó el tango entre la gente artesana pues era su baile favorito, y aquí en Sevilla, en los cafés cantantes, en varias ocasiones se han visto bailadores de Tango que han sido de Cádiz y los dos últimos que vinieron fueron El Churri y Paquiro, que estuvieron en el Café de Novedades.", Véase: OTERO ARANDA, José, Tratado de bailes, Sevilla, 1912 (Edición facsimilar, Madrid: Asociación Manuel Pareja-Obregón (Pág. 223).
(3) Disco de 78 rpm, Niña de los Peines & Manolo Badajoz. Etiqueta Odeón, catálogo 182524, matriz SO 5230/3.
(4) Revista Mercurio, nº 46 (Pág. 10). Aquí una breve reseña de los amigos de Jondoweb







