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lunes, 26 de noviembre de 2018

El Quiqui: una Perseida apagada. Diccionario Gaditano de Flamenquitos Insignes (X)


La memoria es caprichosa. Puede fijar lo prescindible olvidando lo esencial. Darle gloria a quien no la tuvo y arrebatársela a quien verdaderamente la poseyó. En ocasiones magnificamos a pequeños cuerpos celestes hasta convertirlos en estrellas que nunca lo fueron porque, en puridad, su brillo fue bastante menor que el que le otorgó una precipitada observación. Es de justicia enfocar un haz de luz en el firmamento de las constelaciones flamencas sobre figuras que hoy ya no brillan, como apagadas Perseidas de las que nadie recuerda su tránsito, que no fue precisamente fugaz, antes bien, todo lo contrario: tuvieron una existencia determinante e incluso decisiva, pese a lo cual, la historia la flamenca en este caso— ha oscurecido su brillantez, relegándolos al agujero negro del ostracismo. 


Aguada y témpera sobre papel de estraza.
Grito de cantaor. Manuel Martín Morgado
Perfecto desconocido en su tierra. Muy pocas líneas sobre su persona. Apenas dos o tres hilvanes biográficos. Sólo el recuerdo de algunos cantaores que mediante sus respectivos testimonios lo rememoraron; varios buenos investigadores de la era digital que han desenterrado en el último decenio alguna porción de datos de su huella... ¡Y pare usted de contar! Apenas doce renglones para el DEIF (1), como si hubiese sido una figura menor, circunscrita a su ciudad natal. 

El Quiqui. Nombre artístico de Teodoro Guerrero Cazalla, Cádiz, 1840Cádiz, 1905. Cantaor. Hijo de Joaquín Guerrero Cabanillas, natural de Cádiz y de María Cazalla Aguirre, natural de Sevilla, de cuya unión nacerían sus hermanos Manuel, José María, JoaquínMaría del Rosario y Carolina Guerrero Cazalla, ninguno de los cuales que sepamos— se dedicó profesionalmente al arte flamenco.

Fue El Quiqui una figura decisiva y determinante en el desarrollo de los estilos de Cádiz y los Puertos. Coetáneo y ocho años mayor que El Mellizo. Por alegrías y cantiñas se lo 'rifaban' en los principales cafés cantantes; siendo, junto a Paquirri Guanter, el propio Enrique el Mellizo, Romero El Tito, Tío José el Águila, Gabriela Ortega, Rosario La MejoranaEnrique Butrón e Ignacio Espeleta, uno de los artistas pioneros en el desarrollo y línea evolutiva de dichos cantes. Estuvo temporadas en Sevilla en los cafés cantantes, en donde le cantó para el baile a La Macarrona y a La Malena; siendo para ambas su artista favorito. Al mismo tiempo fue un cantaor muy largo de repertorio, cultivando, además de toda suerte de cantiñas y derivados, la soleá, el polo, la caña, el jarabe, el zapateado, la rondeña del Negro, la malagueña...





Cantaor. Aguada sobre cartulina.
Manuel Martín Morgado
Alternó con todas las figuras de su época, en los principales teatros gaditanos, (Teatro del Balón, Circo-Teatro Gaditano...), así como en los cafés cantantes de su ciudad natal (Café del Recreo, Café el Andaluz, Café de Madrid, Café El Invencible, Café La Pajarera...). Conoció muy de cerca la pionera Escuela de Cádiz de guitarra flamenca, que luego influiría en la Escuela guitarrística de Jerez— con el Maestro Patiño, el Maestro Tapias, Juan Trujillo, Manuel Pérez El Pollo, Juan Gandulla HabichuelaFrancisco Cantero... 

Con cantaores como Enrique Ortega El Gordo, Francisco Lema FosforitoDiego Ortega, Hermosilla, el hijo de El Mellizo, el propio Enrique el MellizoDiego Antúnez, El Chato de Jerez, Josefa Castrero La Rubia de La Viña, Antonio López El TroniAna Loza, Manuel Caro Carito, Manuel Vives El Zapatero, Manuel Monge, Tomás Ortega Mezcle Chico, Geroma Loreta (sic), Dolores la de Roque, El Niño de la Isla... O con bailaores como Mangoli, El Churri, La MacarronaFrancisco Cortés, Rosario Ortega, Carlota Ortega, La MalenaAntonia y Pepa Las CoquinerasMaría Cantos, Dolores y Mercedes Las Pitracas, Antonio Santos, Vicente El Colorao, Antonio El Raspaor, Francisca La Currilla, Ana Luisa La Gitanilla, Francisca La Fea, Lola, La Hija del Viejo (de la Isla), Rosario La Flamenca, Ramona La Chica, Antonia Hernández, Rocío Heredia La Gitanilla, Antonio Muñoz El Enano, Lola la Melliza, Carmen la del Ocho...

Por Antonio Barberán conocemos su empadronamiento más antiguo de 1850, residiendo en el número 129 de una casa de vecinos del barrio de La Viña; hábitat flamenco de primer orden, compartiendo barrio y acera de losa tarifeña con el gran tocaor José Patiño, el cantaor José Cantoral Valencia y con el célebre Nene, (depositario de ancestrales romances y de una gracia descomunal). Y todo cerca de la Plazuela de la Cruz Verde, asimismo habitada en el primer tercio del siglo XIX por El Planeta, su hermano Luis Alonso, Lázaro Quintana, y un par de calles hacia el sur, Las Cachucheras y su coetánea Rosario Monge La Mejorana.


Archivo Histórico Municipal de Cádiz (AHMC)

Ya en tiempos de la Primera República la familia Cazalla-Aguirre ubicará su residencia en el piso bajo de las casas números 18 —y posteriormente 19— de la calle San Bernardo del barrio de La Viña. Así lo confirman los padrones que hemos localizado y que ahora ven la luz, concretamente la Rectificación del padrón de 1872 y el Padrón de 1873:


Archivo Histórico Municipal de Cádiz (AHMC) Libro 1.944.
Archivo Histórico Municipal de Cádiz (AHMC) Libro 1.898

Próximo al cambio de siglo, Teodoro residirá en el piso primero de la casa número 22 de la calle Jesús, María y José, según consta en la Planilla para la rectificación del Padrón general del vecindario, correspondiente a 1899, que a la postre será la última vivienda que El Quiqui habite, según consta en su Certificación Literal de Defunción, que más adelante conoceremos:


Archivo Histórico Municipal de Cádiz (AHMC)

A José Blas Vega (2) debemos la actuación más pretérita hasta ahora conocida de El Quiqui, fechada hacia 1860 en el café cantante El Recreo, con motivo de la Velada de Nuestra Señora de los Ángeles, en el Paseo de las Delicias, con un excepcional plantel de artistas: Josefa Castrero La Rubia de la Viña, El Chato de Jerez, Carito; los bailaores Francisco Cortés, Antonio Santos, María Cantos; y los tocaores, Juan Trujillo y Manuel Pérez El Pollo:



Hacia 1870. (cit. José Blas Vega)

Antonio Barberán localizó en prensa en el periódico El Comercio el juguete cómico: Palmas y luces o una boda de flamencos, espectáculo que después complementó con el hallazgo del cartel de la citada función, en donde se especificaba su participación y se ampliaba con detalles los cantes interpretados por El Quiqui, con la guitarra de Juan Trujillo:


El Comercio 17 de junio de 1867 (cit. Antonio Barberán)


Archivo Histórico Municipal de Cádiz. (cit. Antonio Barberán)



Por nuestra parte, hemos localizado en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz un cartel del café cantante El Andaluz, que se instalaba en la Velada de los Ángeles en el Paseo de las Delicias, en cuya Sección de cantares andaluces (sic) se produjo otra actuación suya: "el simpático y acreditado cantante don Teodoro Casaya conocido por el Quiqui" (sic) a las puertas, por cierto, de producirse en Cádiz la revolución septembrina de La Gloriosa— nuevamente con el tocaor ("aventajado", sic) Juan Trujillo y ("el gracioso bolero Vicente de N. conocido por El Colorao" sic) Vicente el Colorao:


Archivo Histórico Provincial de Cádiz


Cádiz. Velada de Nuestra Señora de los Ángeles

¿Qué pasaba en Cádiz? (preguntaba, nerviosa, Madrid): pues que el anarquista Fermín Salvochea había tomado parte activa, defendiendo la Revolución de 1868 desde las barricadas. Trece años después, Antonio Machado Demófilo recolectaba el hecho histórico, reflejado en una copla, en su Colección de cante flamencos, formando parte ya de la memoria colectiva y en tiempo de soleá de tres versos:

                                                     Er día e las barricás
                                                     Era un dolosito, mare,
                                                     Ber los gachés currelá (3) 

Por su parte, Faustino Núñez encontró para 1869 una interesante y extraordinaria actuación en el Teatro del Balón, al tratarse de un beneficio a Gabriel Monge El Nene, en donde actuaron, además de El Quiqui, otros artistas invitados como Manuel Monge y Vicente el Colorao, y se cantó por seguiriyas, las rondeñas del Negro, el polo de Tobalo y cantiñas "por alegre" con la sonanta del Maestro Patiño (4):


El Comercio, 2 de junio de 1869 (cit. Faustino Núñez)

De 1873 data el cartel localizado por Blas Vega (5) del Café de Madrid, uno de los muchos cafés cantantes que se abrieron en Cádiz, en el que se ofertaba para el sábado 23 y domingo 24 de agosto una extraordinaria función, con "los barbianes que más se distinguen en este género" (sic). No hacía, por tanto, todavía un mes que el general Pavía había sofocado en la capital El Cantón de Cádiz, liderado por Fermín Salvochea, el 19 de julio de 1873. Nueve años más tarde, el folclorista Rodríguez Marín, en sus Cantos populares españoles, recopilaría la soleá de cuatro versos, testimoniando el calado que el anarquista gaditano había producido en el pueblo y cómo su arrojo y compromiso ético (habiéndose declarado único responsable de todas las revueltas que lideró), suscitaban la admiración, allá por donde pasaba:

                                                   Todas la mozas de Cádiz
                                                   se asoman a la azotea,
                                                   a ver pasar por las calles
                                                   al valiente Salvochea (6)

El cartel de 1873 agrupa, además de El Quiqui, a un elenco de arte, encabezado por José Patiño y Francisco Cantero; con Enrique Ortega El Gordo y el baile del hermano de Enrique el Mellizo: Mangoli ('Mingoli' sic), junto a una desconocida Rosalía que encabeza un baile de niñas:


Cartel 1873. (cit. José Blas Vega)


El rastro hemerográfico de sus actuaciones ya ha sido en gran parte dado a conocer en este blog, formando parte de otras entradas relativas a diferentes artistas coetáneos con los que El Quiqui actuó. No obstante, las volvemos a ofrecer, junto a algunas inéditas. 

En 1888, conforme al rastreo de Alberto Rodríguez, actuó El Quiqui en un café cantante, sito en el número 4 de la calle Chantre (véase también nuestra entrada: Los cafés de Cádiz: de la discusión liberal al café cantante), junto a Diego Antúnez, Ana Loza, Manuel Caro Carito, Dolores Jiménez y Mercedes Jiménez Las Pitracas, Carlota Ortega, Rosario Ortega, Francisca Jiménez La Currilla, Ana Luisa Jiménez La Gitanilla y el Maestro Tapia:


La Palma, 24 de octubre de 1888 (cit. Alberto Rodríguez)

En la calle San Juan, a la vera de la Catedral Nueva, concretamente en el número 23, había en Cádiz otro café cantante establecido, llamado El Invencible, que funcionaba desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana. En 1891, en dicho café continuamos con el rastreo de Alberto Rodríguez— figuraba El Quiqui contratado en el cuadro flamenco, que estaba dirigido por los tocaores José María Tapia y Francisco Molina; junto a un elenco de primer nivel. Dicho breve, extraído del periódico La Palma de Cádiz, es de suma utilidad, pues no sólo especifica qué cantaores actúan, sino qué cantes, a priori, se interpretan. 

Así, El Quiqui se templaba por cañas, polos y soleares; Tomás Ortega Mezcle Chico se rebuscaba por seguiriyas y malagueñas y Diego Ortega lo hacía por soleares, peteneras y alegrías. Completaba un nutrido cuerpo de baile femenino a destacar una de las hijas del celebérrimo siguiriyero El Viejo de la Isla, que por aquellas fechas ya residía en Cádiz—, compuesto por Antonia Hernández, Ramona la Chica, Rosario la Flamenca, Lola la Niña del Viejo, Francisca la Fea y el bailaor El Churri 'del barrio' (sic), (en Cádiz, la expresión 'el barrio' a solas se refiere, inequívocamente, a Santa María; todavía hoy sucede) que bailaba por alegrías, haciendo números bufonescos, con el gracejo que caracterizó a la saga de Los Churri, gitanos de gracia a raudales:


La Palma de Cádiz, 25 de enero de 1891 (cit. Alberto Rodríguez)

Una breve gacetilla del verano de 1896, de Diario de Cádiz, revela una actuación de El Quiqui con la sonanta de Juan Gandulla Habichuela, en un café cantante de San Fernando, al que acude en compañía de Las Hijas del Viejo, es decir, las hijas de El Viejo de la Isla las cuales, como su padre, es bastante factible que se quedaran a vivir en Cádiz:


Diario de Cádiz, 9 de julio de 1896

En 1899 ya era El Quiqui un 'hombre mayor', así lo reflejan las crónicas que cariñosamente se refieren a él como 'el viejo Quiqui' (sic); contaba entonces con 59 años, sin duda una edad muy avanzada para la época, cuya esperanza de vida, no tenía nada que ver con la actualidad. Pese a todo, seguía en activo, subiéndose aún a los escenarios. Es el caso del Circo-Teatro Gaditano, en cuyas tablas lo contratan en enero de ese año, en compañía de Fosforito y de Hermosilla, con el toque de Juan Gandulla Habichuela:


Diario de Cádiz, 13 de enero de 1899

Otra cabecera local, muy especializada en las artes escénicas, nos testimonia el arrollador éxito que estos tres veteranos cantaores estaban cosechando en el coliseo de la Plaza de Jesús Nazareno:


El Cocinero, 22 de enero de 1899

El sábado, 4 de marzo de 1899 y en la ciudad natal que lo vio nacer, Francisco Lema Fosforito, el gran competidor de Don Antonio Chacónmalagueñero ilustre como el jerezano, discípulo de Enrique el Mellizo recibió un beneficio en el Circo-Teatro Gaditano. No faltó su amigo El Quiqui, treinta años mayor que Fosforito, cuyas enseñanzas de cante seguro que no fueron escasas:


Diario de Cádiz, 4 de marzo de 1899

Mas el clou (o sea, 'lo mejor'; 'lo más destacable de todo', según una antigua expresión) fueron las actuaciones de los cantaores flamencos, tanto el homenajeado Fosforito como su compañero El Quiqui, deleitaron a toda la concurrencia; hasta El Pollo se atrevió por tangos; lo que décadas después, harían algunos de sus discípulos del toque (como Antonio El Herrero, que le roneó a Manolo Caracol por martinetes o José Capinetti, que cantaba extraordinariamente por soleá y por la malagueña doble del Mellizo) (7)


Diario de Cádiz, 4 de marzo de 1899






Durante el verano de 1900, en La Velada de los Ángeles, se instaló un café cantante-cervecería en La Pajarera del Bosque, una bella estructura metálica de cristal y plantas ornamentales que había dentro del recinto del Parque Genovés. La prensa local adelantó el elenco de artistas que se estaba formando con la dirección del tocaor de Cádiz, Juan Gandulla Habichuela:


Diario de Cádiz, 2 de agosto de 1900

A las figuras ya reseñadas de Dolores la de Roque, Geroma Loreta, Rocío Heredia La Gitanilla, Antonio Muñoz El Enano de Jerez y Antonio López El Troni, se unieron las de El Niño de la Isla, con Antonia y Pepa Las Coquineras, Carlota Ortega, Lola la Melliza, Carmen la del Ocho y La Serrana:


Diario de Cádiz, 17 de agosto de 1900

Aurelio Sellés fue toda una autoridad en materia de cantes. Tenía las cualidades del artista y la curiosidad extrema del buen aficionado. Heredero del Cádiz flamenco decimonónico y a caballo entre ambos siglos. Nació en la Edad de Oro del cante flamenco en el barrio de Santa María y oyó los testimonios de aquellos venerables ancianos de bronce que abrazados a un bastón de apoyo rememoraban tiempos pretéritos mejores. Su interacción con ellos y su fuente oral no sólo se circunscribió a las tiendas de vinos y a las tascas del barrio, sino en el seno de su propia familia encontró Aurelio el caudal sólido de vivencias y de información. Su hermano Chele Fateta, era un extraordinario saetero, de cualidades portentosas, amigo íntimo de Curro Dulce; siendo él, el benjamín de veintidós hermanos. Sobre el cante de El Quiqui dejó dicho Aurelio Sellés:


"Pero hubo uno aquí en Cái que la cantó mejor que Enrique el Mellizo, uno que le decían El Quiqui, que la cantó mejor que Enrique. Se lo llevaron a Sevilla y la Macarrona se volvió loca cuando lo escuchó cantar; que era embarcao, era fogonero de la compañía trasatlántica. (...) Ese Quiqui es que tenía buena voz, calculo yo que tendría buena voz, yo no lo sentí cantar, eh; pero según dicen la cantaba mejor que nadie esos cantes por alegría, esa jotilla. Y se lo llevaron a Sevilla La Macarrona y La Malena, se lo llevaron a Sevilla y se volvieron locas cuando lo escucharon cantar." (8)

Falleció El Quiqui en 1905. Justo un año antes que Enrique el Mellizo. Su necrológica fue rescatada por Antonio Barberán de las páginas de Diario de Cádiz:

"Muerte repentina.

Esta madrugada encontrándose en el restaurante El Siglo, Teodoro Guerrero Cazalla, conocido por El Quiqui, de 70 años de edad, fue acometido de fatigas, con vómitos de sangre, trasladándose a la Casa de Socorro, en donde falleció, constituyéndose allí el Juzgado, que dispuso la traslación del cadáver al depósito.

El finado era persona muy conocida por haberse dedicado desde su niñez al cante flamenco, en algunas de cuyas especialidades era competente, poseyendo además hermosa voz, que había perdido de algunos años a esta parte.

Figuró en los principales cuadros de cante andaluz, cuando hace tiempo éste se encontraba en su apogeo, y no había poblaci´n andaluza en donde no funcionara uno o dos cafés de esa índole.

Era persona de buenas cualidades y carácter.

Descanse en paz." (9)

Como complemento, ofrecemos del Registro Civil de Cádiz su Certificación Literal de Defunción:


Certificación Literal de Defunción de El Quiqui. Tomo 186. Pág. 86


Certificación Literal de Defunción de El Quiqui. Tomo 186. Pág. 87

"Número 687
Teodoro Guerrero y Cazalla.

En la ciudad de Cádiz, término municipal, partido y provincia de idem, á las once del día dos de julio de mil novecientos cinco, ante el Sr. Lcdo. D. Rafael Laraña y Ramírez, Juez Municipal del Distrito de San Antonio y Don Ángel Márquez y Díaz de la Bárcena, Secretario en virtud de diligencias instruidas en este Juzgado Municipal se procede a inscribir el fallecimiento de Teodoro Guerrero Cazalla, natural de Cádiz, de cincuenta y cinco años de edad, domiciliado calle de Jesús María y José, número veinte y dos, cuyo fallecimiento ocurrió en la Casa de Socorro de los Caballeros Hospitalarios en la madrugada de ayer a consecuencia de Hemotipsis (sic).

En vista de esta manifestación y de la certificación facultativa presentada, el Sr. Juez Municipal dispuso se extendiese la presente acta de inscripción, consignándose en ella, además de lo expuesto, y en virtud de las noticias que se han podido adquirir, lo siguiente:=

Que el referido finado era hijo de Joaquín y de María y de estado soltero. Y que al cadáver se le dará sepultura en el cementerio de esta ciudad.

Fueron testigos presenciales del acto. D. Joaquín Garibardo y don Félix de Uzuriaga, ambos mayores de edad y vecinos de esta Ciudad.

Leída íntegramente esta acta é invitadas las personas que deben suscribirla á que la leyeran por sí misma si así lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del Juzgado Municipal y la firmaron el Sr. Juez y testigos, certifico.

(Cuatro firmas y rúbricas) Rafael Laraña
                                           Joaquín Garibardo
                                           Félix de Uzuriaga
                                           Ángel Márquez." (10)


Grito. Témpera sobre cartulina. Manuel Martín Morgado

Todavía en 1915, en el periódico de Santander La Atalaya, era recordado en una crónica titulada Desde Fontibre:

(...) Se sentó en el estribo de la jardinera, dió unas palmaditas y empezó a cantar una malagueña.

                                           Cien años después de muerto
                                           y de gusanos comíos
                                           han de encontrarse en mis huesos
                                           señas de haberte querío.

Por mi mente y como en cinta cinematográfica, pasaron en aquel momento las figuras de Juan Breva, Bautista, El Quiqui de Cádiz y el Mezcle." (11)

_________________________

(1) BLAS VEGA, José y RÍOS RUIZ, ManuelDiccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco Tomo II, Madrid: Cinterco, 1988 (Pág. 632).

(2) BLAS VEGA, José, 50 años de flamencología, Madrid: El Flamenco Vive, 2007. (Pág. 31).

(3) MACHADO Y ÁLVAREZ, AntonioColección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996 (pág. 113).

(4) NÚÑEZ NÚÑEZ, Faustino, El Afinador de Noticias. Crónicas flamencas en la prensa de siglos pasados. El blog de Faustino Núñez, Sevilla: La Droguería Music, 2018 (Págs. 291 y 292).

(5) BLAS VEGA, José, Ob. Cit. Pág.50.

(6) RODRÍGUEZ MARÍN, FranciscoCantos populares españoles; edición e introducción de Enrique Baltanás, Sevilla: Renacimiento, 2005 (Pág. 39).

(7) "(...) Capinetti era un tocaor que había en Cádiz, que tocaba por soleá como yo no h`escuchao a nadie, con un aire suyo, y unas cosas y luego cantaba con voz de falsete que daba miedo, la malagueña doble del Mellizo l´hacía de una forma preciosa y emocionaba oírlo con aquella voz y el sentimieto que ponía." (ORTIZ NUEVO José LuisLas mil y una historias de Pericón de  Cádiz, Madrid: Ediciones Demófilo, 1975 (Págs 137-141).

(8) BLAS VEGA, José y SELLÉS NONDEDEU, Aurelio, Conversaciones flamencas con Aurelio de Cádiz, Madrid: Librería del Valle, 1978 (Págs. 73 y 74).

(9) Diario de Cádiz, 1 de julio de 1905. Véase: BARBERÁN REVIRIEGO, Antonio, El flamenco Teodoro Guerrero 'El Quiqui'.

(10) Registro Civil de Cádiz. Certificación Literal de Defunción. Tomo 186 Págs 86 y 87.

(11) La Atalaya. Diario de la mañana, 9 de diciembre de 1915.


viernes, 1 de agosto de 2014

Don Antonio Chacón (II). Banqueros y tabanqueros a sus pies. Notas nuevas (a José Blas Vega)



En toda la historia flamenca no ha habido una excepción más clara en el tratamiento de respeto hacia la figura de un artista que la de Don Antonio Chacón. Duques y marqueses, barones varones y excelsas baronesas; señoritos de toda ralea, braceros de piel curtida, limpiabotas de barrio; diputados con levita, condecoradísimos generales, prostitutas que escondían su oficio y condes que organizaban juergas en condados y vizcondados de cuartos reservados. Eminentes bodegueros, manijeros y gañanes; aficionados anónimos, humildes y poderosos: banqueros y tabanqueros... Todos le hablaron "de usted". Todos le tributaron y devolvieron la grandeza y el respeto que él le dio a la vida y que exigió para el arte flamenco, para sí y para los demás. Y todo sucedió en una época en la que dicho tratamiento estaba escrupulosamente reservado a personas muy concretas de prominente rango social.


Chacón triunfando en Buenos Aires

Hacia 1887, lo escuchó cantar el tenor Julián Gayarre y supo que estaba ante una garganta privilegiada: "Muchacho, si tú quieres, yo te llevo a Milán y te costeo los estudios para tenor. ¡Tienes una voz que parte un tono en cuatro!" No es fácil que una primera figura del bel canto te diga eso. A él se lo dijeron.


Las últimas investigaciones sobre su figura, realizadas a cabo por el crítico e investigador, Manuel Bohórquez (demostrando altura intelectual, al haberle dedicado en vida su hallazgo y respetado su condición de biógrafo) apuntan de manera diáfana a esclarecer algunos de los escasos enigmas que presentaba su espléndida biografía, elaborada por el maestro José Blas Vega (1), como por ejemplo que Chacón no era hijo de padres desconocidos, sino, hijo ilegítimo y que tuvo, por línea materna, diez hermanos. Aquí la investigación de Bohórquez, coincidente con el estudio llevado a cabo por el genealogista e investigador José Manuel Barbadillodon Antonio Chacón García, fue hijo adulterino, de dos personas que se amaron, a pesar de sus respectivos matrimonios: Antonio Chacón Rodríguez, natural de Bornos (Cádiz) y la jerezana María García Sánchez.



El flamenco acusa una estúpida y esperpéntica dualidad que trata de ensombrecer toda fuente de luz artística, alimentada todavía por algún sector interesado en la dicotomía, y en la división ridícula y racista que, a toda costa, se quiere hacer entre 'lo gitano' y 'lo gaché'. Es decir, entre lo que es y lo que no es gitano. Gachégachó, gachí, agachonao..., eran las voces (en ocasiones, un tanto despectivas, dependiendo de su contexto de uso) utilizadas en las comunidades que habitaban las gitanerías de la Baja Andalucía, de Jerez, Sevilla, Cádiz... para designar a aquellos que no lo eran.

                  ¡Blanquita como la nieve!

                  ¡qué lástima de gachí,
                  que otro gachó se la lleve! (2)

La voz payo-paya, de escasísimo uso en Andalucía, aunque hoy, cierto que más extendida, proviene de la lengua romaní, más propia de gitanos extremeños, del Levante español y de las dos Castillas; de la mima manera que la denominación: "castellanos nuevos" antiguamente designaba a aquellos gitanos que en siglos anteriores sufrieron las pragmáticas de los diferentes reyes del Reyno Español.



Tinta y témpera sobre cartulina,
70x50, 1989. Manuel Martín Morgado
Pues bien. Nada más apropiado para nutrir la falacia que crear una corriente desfavorable que desprestigie el curso natural, favorable y caudaloso. Y aquí lo acientífico y lo que es más peligroso: el racismo de creerse mejor que tu semejante. Los siglos anteriores vieron aparecer la perniciosa gitanofobia y ésta engendró otra, igual de imbécil e igual de carajota: la gachofobia, no sé cuál más grotesca; no sé cuál más estrafalaria; no tengo muy claro cuál más nociva. Ambas dignas de que el profesor Steffano Castillo las incorpore a su trabajo: Estudio de las fobias humanas y su relevancia en la sociedad actual. Porque toda fobia responde por definición a miedos y hay prejuicios, evaluaciones previas y expectativas anticipadas ante algo concreto. Y conclusiones muy erróneas, claro.


José Blas Vega
Y la corriente más gachofóbica, a la que sucumbieron algunos intelectuales de renombrón, se encargó de presentarnos a toda una figura titánica, incontestable para el arte flamenco, como don Antonio Chacón, como presunta figurita irrelevante que cantaba 'gracioso', con voz laína.



Pero llegó la luz, entre tanta tiniebla injusta, pseudointelectual, y apareció una biografía, basada en el método y en haber acudido a las fuentes primigenias que vino a colocar, en función de los testimonios documentales, a este descomunal artista en su justa e histórica medida: en la cumbre y cima de la Edad de Oro del flamenco. Todo (no se olvide nunca) gracias a un bibliófilo, dueño de una prestigiosa librería de antiguo (Librería del Prado), que había dedicado su vida entera a la investigación, con un olfato intuitivo agudo, con argumentos de peso y con absoluta honestidad literaria: José Blas Vega, Padre de la moderna flamencología y azogue en el cual mirarse, para varias generaciones.


Enrique el Mellizo
Ya se ha contado en este blog el papel tan determinante que ejerció la ciudad de Cádiz en la carrera de don Antonio Chacón, el cual sentía una admiración, rayana en la devoción, por las figuras artísticas gaditanas que le precedieron, de la segunda mitad del siglo XIX, a las que consideraba, junto a Silverio Franconetti, una Escuela de innegable maestría: su padrino y consejero, Enrique el Mellizo; su hermano Mangoli, el bailaor; Curro Dulce y los Ortega.; de tocaores los maestros Patiño y Tapias.


Don Antonio Chacón, próximo a los sesenta años, en uno
de sus últimos retratos de Campúa. Revista Nuevo Mundo


El periodista Juan Ferragut conversa con don Antonio Chacón. Foto: Campúa


Caseta  de la Velada de Nuestra Señora de los Ángeles

De esta forma lo contó el propio Chacón, con la perspectiva de su memoria, con 53 años de edad ya cumplidos y en el contexto de 1922, año del célebre Concurso de Granada, a los periodistas Agustín López Galerín, y Luis Bagaría, respectivamente. A los dos entrevistadores les rememoró su debut en Cádiz, en la Velada de Los Ángeles, la Velada del Perejil, en los cafés cantantes que se instalaban allí (3), donde fue contratado por recomendación de Enrique el Mellizo, que asimismo y en unión de otros cantaores, como Enrique Ortega —tío de Caracol el del Bulto y abuelo de Manolo Caracol— estaban contratados en dicho café y, a la sazón, eran los mejores cantaores del momento, así como los tocaores de mayor línea maestra. Dejemos que sea el propio Chacón el que lo refiera:


La Velada de los Ángeles en 1871. La Ilustración Española y Americana


"Allí cantaba por seguiriyas Enrique Ortega, tío padre de ese niño Caracolito y El Mellizo (...) los mejores que había en aquella época. Ya ve usted cómo cantarían, que yo, al verlos en el café cantante, dije a mi tocaor, el maestro Patiño: yo no canto por seguiriyas. Me da vergüenza. Y entonces, qué quieres cantar, "armamía"?... Tóqueme por malagueñas y canté por ese cante que no sabía bien y me aplaudieron mucho." (4)



"Yo la primera vez que canté fue en Cádiz, el año 86, en la feria del Perejil. Iba a cantar seguiriyas, y cuando ya me había sentado al lado del gran Patiño vi entrar a Enrique el Mellizo y a su hermano Mangoli con varios aficionados inteligentes y, la verdad, me dio miedo cantar por seguiriyas y canté malagueñas. Se puede decir que de allí arranca mi personalidad. Aquellos aplausos me llevaron a crear varios estilos de malagueñas. Silverio oyó hablar de mí, me conoció y me llevó el año 87 a Sevilla, a su célebre café." (5)




En sus palabras —recordemos que están expresadas en 1922, sólo con once días de diferencia entre una y otra— hay una evidente nostalgia de cómo se cantaba en tiempos pretéritos, con la omnipresente sensación de que antes se hacía mejor; un discurso que, por otra parte, nunca ha abandonado a los flamencos. Junto a su gran maestro Enrique el Mellizo, que le proporcionó uno de sus primeros contactos siguiriyeros, así como el amplio universo de la malagueña, Chacón se acuerda de Silverio Franconetti y le da su sitio prominente, como también se lo da a los gaditanos Curro Dulce y a Paquirri Guanter, como modelo paradigmático y matriz de seguiriya (en el caso de Curro) y de soleá (en el de Paquirri); y en ambos ejemplos por la dificultad de su ejecución y la belleza de su melodía, técnica y virtuosismo. Chacón recuperaría el cante siguiriyero de Curro Dulce

           Ay, ay //

           y era una madrugá 
           de Santiago y Santa Ana // Santa Ana 
           ay, ay, a eso de la una 
           las fatiguitas grandes le diñaron
           ay, a mi madre Curra.

Sería otro jerezano, Manuel Torre, el que luego se inspiraría en Dulce: Eran los días señalaítos / de Santiago y Santa Ana. Volvamos a don Antonio Chacón:


"(...) Cada día me explico menos (no hoy, que soy viejo, sino cuando era joven, igual) por qué se ha perdido el recuerdo del hermoso cante por seguiriyas de Curro Dulce, y, en general, todo el cante de Silverio Franconetti, como no sea por el temor a no poder vencer las grandes dificultades que tenían los cantes del uno y del otro. ¿Qué me dice usted de aquella serranas y aquellas cabales de Silverio, y aquellas soleares de Paquirri?" (6)


Antonio Chacón y Ramón Montoya, una perfecta compenetración artística,
muy similar a la que, andando el tiempo, conocimos con Camarón y Paco de Lucía


Chacón visto por Vázquez de Sola
Sin embargo, hay una respuesta en la entrevista al caricaturista catalán, Luis Bagaría que nunca he visto que se haya enfatizado sobre ella, y que, sin embargo a nosotros nos llama particularmente la atención, toda vez que Chacón, sin perder un ápice de admiración por Enrique el Mellizo, le censura (desde el respeto) que éste se dejara influenciar por la corriente malagueñera, sucumbiendo a la tendencia, al gusto y a la moda de la época. Y nos sorprende por partida doble, pero sobre todo porque Chacón hizo lo mismo, y tras Enrique el Mellizo y al mismo tiempo que su coetáneo Fosforito de Cádiz, transformaron y dignificaron luego un cante, con la estructura de fandango de Málaga, divulgado por Juan Breva, El Canario, y otros, pero que con la alquimia de los anteriores —y con la suya, pues creó varios estilos de malagueñas— se hizo luego un bello cante, sobrio, flamenquísimo y de exquisitas melodías para una misma estructura de versos:

"A mi entender, la causa principal de la decadencia fue el gran éxito de Juan Breva con sus malagueñas. El público se deslumbró y se fue tras él, y olvidó con ingratitud los cantes pasados. Eso sí: para mí Juan Breva, dentro de su plano, tenía mucho mérito. Vino luego El Canario, que con su cante delicioso apartó aún más al público de la idea del cante gitano. Y, por si faltaba algo, el exquisito cantaor Enrique el Mellizo, aun sabiendo cantar muy seriamente por seguiriyas y de una manera admirable por soleares, se metió de lleno en las malagueñas, y aunque las cantó como yo no las he oído a nadie, abandonó el arte puro y se entregó a los gustos de la época." (7)

Curiosa, cuando menos, la respuesta de quien hizo —había hecho ya en el año 22— de la malagueña, toda una monumental cátedra, como luego así, parafraseando a Sebastián Souvirón, lo explicaba su biógrafo: "fue la encarnación de la teoría del cante por malagueñas" (8). Más adelante veremos cómo un periodista gaditano, a propósito de una actuación suya en Cádiz, fechada en 1903, escribió de él: "(...) notable y sin rival Antonio Chacón, cuyas malagueñas no se ha cansado de aplaudir las tres cuartas partes del mundo que lleva recorridas."





Gracias también a su testimonio, conocemos que el arte flamenco decimonónico era ya motivo de encendidas discusiones; así como el cachet artístico que tenían, maestro y discípulo, en el siglo XIX, Chacón mucho menos que Enrique el Mellizo; acorde, claro, con el "niño" que, entonces, estaba empezando:


"¿Se discutía de cante?

Una cosa horrible. Subíamos al tablao Enrique el Mellizo, que ganaba ochenta pesetas por noche, con su tocador el maestro Tapia, y yo, que ganaba siete pesetas, con el maestro Patiño. Cantaba él una copla de seguiriya y luego yo una malagueña. Las discusiones duraban un rato y volvía él de nuevo, y otra vez el niño, como a mí me decían. " (9)

Una tercera entrevista suya, apareció publicada en la revista Nuevo Mundo, el 13 de agosto de 1926, cuyo contenido —así como las fotografías interiores— ya fue usado en el aparato crítico de la biografía de Blas Vega. Está realizada por Juan Ferragut, pseudónimo de Julián Fernández Piñero y en ella, el artista jerezano narra cómo y en qué contexto se produjo su encuentro con El Mellizo, en un día tan señalaíto (que para eso era "de Santiago y Santa Ana"):


"El día de Santiago se celebró en Jerez una corrida de toros, que mataron Hermosilla y Felipe García. Aquél convidó al día siguiente á las cuadrillas á una comida, y á los postres se organizó la juerga de rigor... Aquella noche canté yo, y me oyeron Joaquín Laserna y Enrique el Mellizo, que eran de los mejores artistas de entonces... El Mellizo habló mucho de mí, y me llevaron a Cádiz á un café cantante donde aquél iba contratado. Yo ganaba siete pesetas y el Mellizo una onza; pero el público le dio por ponernos en competencia, y logré un gran éxito. Entonces Silverio me hizo un contrato para Sevilla, y desde esa fecha —hace cuarenta años— no he dejado de cantar." (10)


Diario de Cádiz, 12 de febrero de 1881
Pero su primer contacto con Cádiz se había producido antes. A mediados de los años 80 del siglo XIX, don Antonio Chacón es contratado, según su propia declaración, en el Teatro-Café la Infantil, sito en el número 2 de la planta baja de la Plaza de las Flores. Este local ofrecía, fundamentalmente, funciones para niños, como así indica la propia denominación de este teatrillo, que luego ampliaría género con dramas, comedias, funciones de títeres (La Tía Norica) y cante flamenco. Ninguno de los tres coliseos, anunciados en 1881, queda ya en pie. En 1887 el café-teatro La Infantil se publicitaba nuevamente en Diario de Cádiz:


Diario de Cádiz, 22 de febrero de 1887

En 1888, Chacón debutaba en el famoso Café del Burrero, en Sevilla, pero antes, lo hacía en Cádiz, en el Café del Correo, de las calles Cardenal Zapata y Rosario, en las noches de mayo. Obsérvese cómo el cronista ya le reconoce cierta fama y especialidad en malagueñas:


Diario de Cádiz, 9 de mayo de 1888

Su discografía incipiente ya suena en los locales de moda y en los salones aristocráticos en los que se programan audiciones fonográficas y los cantes flamencos se mezclan con tiples, barítonos, pianos y bandas de regimientos. Mayoritaria la música (tenida por) culta; y residual y "oculta" la tenida por popular. Dos ejemplos: el Salón Bettini y el Casino Gaditano, con generosas copas de ponche:


El Guadalete, 27 de junio de 1889
Diario de Cádiz, 12 de febrero de 1900



1914. Chacón en los catálogos fonográficos. Insólita imagen con peluquín

Carlos Martín, experto en grabaciones antiguas, dio a conocer en el Congreso Monográfico sobre "El Tío de la Tiza", una impresión fonográfica, realizada por Antonio Chacón para la casa Huguens y Acosta, con la guitarra de Miguel Borrull, en la que le dedicaba unas soleares a un destacado coleccionista de la época (11).










El pequeño Teatro Eslava, que estaba instalado en la calle Hospital de Mujeres, fue otro coliseo que conoció las actuaciones de Chacón (12):


El Orden, 29 de mayo de 1893



En 1902, en el Teatro Circo Gaditano, precioso coliseo que coronaba la Plaza de Jesús Nazareno, entre La Viña y El Balón y con el toque de Juan Gandulla Habichuela, Chacón encabeza cartel, según nos mostró Antonio Barberán. El tamaño de la grafía con la que el jerezano es anunciado respecto del elenco, ya denota su importancia artística:

Entre abril y mayo de 1903, Chacón vuelve a Cádiz y participa en distintos espectáculos que se programan en el Teatro Circo Gaditano. En aquellas funciones, Chacón compartió cartel con otras figuras de relieve: su gran competidor y coetáneo: Francisco Lema Fosforito; junto a otro gran jerezano de pro, más joven: Manuel Torre (anunciado como El Niño de Juan Torres y avalado como "aplaudido cantador de farrucas, -sic-"), Enrique Jiménez Hermosilla, hijo de Enrique el Mellizo; El Troni, El Niño de Ríos; los bailaores Antonio Ramírez, El Colorao, con las guitarras de Manuel Pérez el Pollo y de Manuel García el Pintor. El espectáculo se completaba con dos boleras, sobrinas ambas del famoso Teté: Francisca Jiménez y Juana Jiménez, así como con la participación de agrupaciones carnavalescas gaditanas, que fueron: "Los prestidigitadores", "Los gaiteros", "La muñeira", "Los bemoles" y "Los lilís". Ya mostramos algunas de estas actuaciones en su día, pero reiteramos las fotografías hemerógraficas y damos a conocer otras, para que el lector las tenga reunidas en este recorrido chaconiano por Cádiz:



Diario de Cádiz, 3 de abril de 1903
Diario de Cádiz, 4 de abril de 1903
Diario de Cádiz, 5 de abril de 1903
Diario de Cádiz, 6 de abril de 1903
Diario de Cádiz, 4 de mayo de 1903
Diario de Cádiz, 6 de mayo de 1903
Diario de Cádiz, 9 de mayo de 1903
Diario de Cádiz, 9 de mayo de 1903 (edición de tarde)
Diario de Cádiz, 10 de mayo de 1903
Diario de Cádiz, 10 de mayo de 1903
Diario de Cádiz, 11 de mayo de 1903

El 11 de mayo de 1903, Chacón retornó a Sevilla, ciudad en la que vivió durante muchos años y en la que se encontraba empadronado:


Diario de Cádiz, 11 de mayo de 1903 (edición de tarde)


Caricatura de Chacón de Luis Bagaría 
publicada en La Voz, 28 de junio de 1922




En marzo de 1904, acude Chacón a Cádiz a una reunión íntima, en compañía del tocaor Miguel Borrull, en la que participaron otros artistas locales, en esta ocasión no especificados:



Diario de Cádiz, 1 de marzo de 1904
Diario de Cádiz, 3 de marzo de 1904

Por estas fechas, años más arriba o abajo, debió suceder el pasaje que Pericón de Cádiz le narró a Ortiz Nuevo, en una noche veraniega, con La Parra la Bomba y la Casa de Viudas como protagonistas:

"(...) Y entonces lo escuché yo en Cádiz. Había allí un señor mu aficionao, un tal Diego Mateo, y este hombre que se metía en juerga y se tiraba tres o cuatro días de juerga tenía mucha pasión por Chacón, así que una de las veces que estaba en la Parra la Bomba le dio por llamarlo y mandó el recao a Madrid pa que vinieran a Cádiz él y Ramón Montoya, esto era por el verano, en el mes de agosto, y estaban allí los mejores artistas de Cádiz: El Morcilla, Antonio el Mellizo, El Troni, Antonia la Negra, una negra verdá, que cantaba y bailaba..., en fin, que había una buena porción de artistas, hasta que a eso de las diez de la noche un montañés avisó de que habían llegao Chacón y Montoya de Madrid: lo abrazos, las copas, en fin, esas cosas de los encuentros, y la juerga que sigue y sigue...


Y a eso de las tres de la noche, como hacía tanta calor allí dentro, decidieron de salir afuera, a unas mesas que pusieron en la terraza pa continuar la fiesta. Chacón hasta entonces no había cantao, una copa, otra copa... y ya Diego Mateo que le dice:

—Bueno, don Antonio, ¿le podemos escuchar a usté una vez?


—Eso está hecho, hombre...

Se sentó Montoya al lao de Chacón, las cuatro de la noche ya... en el verano... y este hombre cantando...


¡Oh, mare mía de mi alma! ¡Aquello era una locura!


Y me acuerdo que enfrente la Parra la Bomba había una casa que pillaba una manzana entera que le decían "La casa de la Viuda", porque nunca en esta casa se abrían las ventanas... y aquella noche, a las cuatro de la mañana, cuando cantó Chacón, las ventanas de par en par abiertas escuchando al hombre aquel, no se me olvida." (13)



Sevilla, 1912. Chacón, con el toque de Javier Molina en juerga con Bombita y Belmonte.
Foto: Mundo Gráfico

Meses más tarde, la prensa recogerá una actuación suya en el Teatro Principal de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), así como la vuelta a su ciudad de residencia:



El Guadalete, 4 de octubre de 1904
El Guadalete, 5 de octubre de 1904

Una de las actuaciones de mayor relevancia de don Antonio Chacón en Cádiz, se produjo el 21 de mayo de 1905 en el Teatro Cómico, un bello coliseo, de capacidad pequeña que estaba ubicado en la calle San Miguel. El teatro era propiedad de Rodolfo Olea, empresario gaditano, dueño de los afamados Naipes Olea, y se especializó en programar funciones de zarzuelas y opereta, aunque en ocasiones ofrecía espectáculos como el que nos ocupa (14). Se desprende del texto recogido en la prensa que la elección del coliseo fue un requerimiento del propio Chacón y es posible que así fuera por las buenas condiciones acústicas que ofrecía el inmueble, a pesar de su aforo reducido. Era el teatro preferido de las clases populares y dejó en la ciudad una huella imborrable en varias generaciones.


Foto: © Kiki


El Teatro Cómico, después Cine San Miguel, sin la cubierta y medio derruido.
Foto: Rafael Garófano

El edificio, reconvertido con los años en Cine San Miguel, fue derruido a inicios de la década de los años 90 (15). Bajo sus cimientos, El Cómico nos tenía reservado un hallazgo de enorme relevancia para la historia: un yacimiento arqueológico ejemplar, que ha asombrado a toda la comunidad científica del mundo, por tratarse del trazado urbano que se resistía a aparecer y a confirmar lo que, de forma apabullante, indicaban los abundantes textos clásicos: el Gadir fenicio con ocho viviendas (una de las cuales contiene un taller de alfarería y recipientes de tinte) distribuidas en dos terrazas y ubicadas en el trazado de dos calles pavimentadas. Todo, junto al cadáver de un fenicio, al que han apodado "Mattan", cuyo rostro ha sido reconstruido, a partir de las técnicas de la arqueóloga Caroline Wilkinson y ha sido sometido a pruebas pioneras de ADN. En el lugar de El Cómico se ha edificado el Teatro del títere La Tía Norica, bajo el cual, es posible visitar hoy el corazón de Gadir, preservado en cotas inferiores, de lo que fue promontorio de la isla fenicia de Erytheia.



Foto: La Voz digital

Volvamos a nuestro protagonista y al concierto programado para el Teatro Cómico. Chacón se encontraba en Cádiz y es la propia afición la que le demanda que actúe en un teatro, en lugar de hacerlo en las reuniones de carácter privado. Y él accede
:



Diario de Cádiz, 19 de mayo de 1905

El espectáculo está cargado de importancia y de significación. Queremos decir, que no es ninguna casualidad la elección que tiene el jerezano por los dos artistas que le acompañan en el escenario: al completar el cartel con los dos hijos varones de Enrique Mellizo, Antonio y Enrique.


Es preciso recordar que ya en el Teatro Eslava de la calle Hospital de Mujeres había cantado Chacón, hacia 1894, en agradecimiento a todo cuanto Enrique el Mellizo había hecho por él: recomendarlo y apadrinarlo. No dudó Chacón en devolverle el favor, cuando el Mellizo, preocupado por la posibilidad de que enrolasen a su hijo en la Guerra de Cuba o Filipinas —que estalló a los pocos años—, cantó desinteresadamente, y la recaudación sirvió íntegra para adquirir la exención a filas de Antonio el Mellizo. El propio Enrique el Mellizo también participó en dicho festival benéfico y legó una seguiriya histórica, basada en un estilo de Cádiz y los Puertos de Tomás el Nitri (16).



Preciosa fotografía: Chacón y el diestro Bombita



Indudablemente, la función del Teatro Cómico de Cádiz, está plagada de significados: don Antonio Chacón con Antonio Jiménez y Enrique Jiménez, los dos vástagos varones del patriarca de Santa María, que al año siguiente de este espectáculo, fallecería.

Manuel Pérez el Pollo fue el tocaor de los gaditanos. Repárese cómo el cronista denomina Hermosilla, indistintamente, a los dos hijos de Enrique, saltando el sobrenombre de uno a otro; y repárese también, cómo no había forma alguna en que el redactor se aprendiese de manera correcta el apellido Borrull, por Burrull, errata que persistirá varios días:



Diario de Cádiz, 20 de mayo de 1905

Diario de Cádiz anunció el concierto; incluso reprodujo el cartel con detalles pormenorizados, como, por ejemplo, el horario de los dos pases y los precios de las distintas localidades de El Cómico.


Y dale (que dale) con Burrull:

Diario de Cádiz, 20 de mayo de 1905


Diario de Cádiz, 21 de mayo de 1905

Y ésta fue la crónica de la función, con tres artistas de postín, el gran don Antonio Chacón con los Mellizos, transmisores de la escuela de su padre:



Diario de Cádiz, 22 de mayo de 1905
Diario de Cádiz, 23 de mayo de 1905


Manuel Pérez el Pollo
Manuel Pérez el Pollo fue uno de los tocaores predilectos del propio Enrique el Mellizo y, al decir, de Fernando Quiñones, el último acompañante que tuvo, incluso en su lecho de muerte (17). Fue un gran mantenedor de la Escuela guitarrística de Cádiz —de hecho, impartía clases diarias de guitarra en la calle Sacramento—, esa escuela que arranca del Maestro Patiño y de Paquirri Guanter, pasa por el Maestro Tapias, prosigue en Manolo El Pintor, continua en Juan Gandulla Habichuela, se prolonga con Juan Díaz y Baldomero Jiménez y cristaliza en José Capinetti y en El Niño de los Rizos...

A los pocos meses, Chacón se va de gira en otoño de 1905, llevándose de tocaor a El Pollo, para actuar en Tánger:



Diario de Cádiz, 14 de septiembre de 1905

No volvemos a tener noticias suyas hasta 1908, cuando Chacón en la Viña de San José —suponemos que en el contexto de la Feria de Jerez— actúa, acompañándose de Javier Molina, una vez más con mando en pla
za:



Diario de Cádiz, 8 de mayo de 1908

Poco después, será el Picadero de los Domecq, donde actúe en compañía de El Niño de la Isla:



Diario de Cádiz, 8 de mayo de 1908

Indudablemente, Chacón era el cantaor predilecto de las grandes personalidades; incluso de un tipo de aficionado que hoy día ya no existe y que, a pesar de su alto estatus social, eran enormes admiradores y profundos conocedores del arte flamenco. Esta "especie" compartía territorio, 'hábitat' y cuarto flamenco con el señorito, arrogante e irrespetuos
o:



El Guadalete, 15 de mayo de 1908

Una afección de garganta detiene momentáneamente la carrera de Antonio Chacón:



Diario de Cádiz, 1 de marzo de 1910


Chacón en uno de sus últimos retratos

Un 21 de enero de 1929: le sobrevino la muerte en Madrid, la última ciudad en la que residió y en donde terminó de fraguarse su leyenda
.



El Imparcial, 22 de enero de 1929


Madrid, enero de 1929. El féretro con los restos de don Antonio Chacón
a las puertas del teatro, en su último y multitudinario adiós

Su marcha dejó una gran consternación en toda España. La necrológica que publicó el periódico de Cádiz, El Noticiero Gaditano (18) con la firma anónima de "Un periodista", rememoraba con mucha fidelidad su trayectoria: el apoyo inicial dado por El Mellizo, sus comienzos en La Velada, el esplendor de aquellos cafés cantantes del Paseo del Peregil "de grata memoria para los que somos viejos" (escribiría el enigmático periodista), y un reconocimiento a su talla artística, con la plena certeza de estar despidiendo a una excepcional, primerísima figura, de esas que cada centuria, la historia arroja tan sólo un reducido número de veces:



El Noticiero Gaditano,
23 de enero de 1929
 Foto: www.jerezsiempre.com



Las opiniones y juicios sobre don Antonio Chacón son muy abundantes y, en general, coincidentes de su excepcionalidad. Para conocer a fondo su trayectoria, su obra y su vida, volvemos a remitir al trabajo biográfico mencionado. Cerremos este paseo chaconiano con la muestra de una opinión suficientemente autorizada: las palabras de Aurelio Sellés:

"Marcó una época. Fue un revolucionario del cante flamenco. Como maestro merecía la consideración y respeto de todo el que lo trataba y quizá por humana condición, se preciaban los brotes de vanidad de los que empiezan y de los que terminan, quedando todos eclipsados cuando intervenía Chacón, que, obligadamente tenía que hacerlo en último lugar, porque cantar después de él, equivalía a hablar después de Castelar o de don José María Pemán. (...) Don Antonio Chacón, fue durante muchos años dueño y señor del gran público, y por sus dotes personales mereció el honorífico Don, ganado por su prestigio y admiración." (19)


El tiempo traerá nuevas notas sobre él, y entonces, otro fardo se depositará en la orilla. Entretanto, disfrutemos sin juzgarlo con los parámetros sonoros y los patrones estéticos de cante actual:



— ANTONIO CHACÓN y PERICO EL DEL LUNAR.

Seguiriyas:





— ANTONIO CHACÓN Y PERICO EL DEL LUNAR.
Caracoles:



_________________________

(1) BLAS VEGA, JoséVida y cante de Don Antonio Chacón, Madrid: Editorial Cintero, 1990.

(2) Antonio Machado Demófilo calificó esta copla de "preciosa" y anotó, en 1881, un significado distinto para las voces 'gachí' y 'gachó': "Gachí y gachó; voces gitanas, que significan mujer y hombre. Los gitanos llaman también gachés a los andaluces." Véase: MACHADO Y ÁLVAREZ, AntonioColección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996 (pág. 101).

(3) Para conocer los cafés cantantes gaditanos, el ambiente y la cartelería de la época, a la que se refiere Chacón, véase nuestra entrada: Los cafés de Cádiz. De la discusión liberal al café cantante.

(4) El Liberal de Sevilla, 9 de julio de 1922.

(5) La Voz, 28 de junio de 1922.

(6) Ibídem.

(7) Ibídem.

(8) BLAS VEGA, José, Ibídem (pág. 257).

(9) El Liberal de Sevilla, 9 de julio de 1922.

(10) Nuevo Mundo, 13 de agosto de 1926. La entrevista íntegra puede consultarse en el blog Papeles flamencos de David Pérez: aquí.

(11) MARTÍN BALLESTER, Carlos, Origen y evolución del sonido grabado en España. Análisis de la obra del "Tío de la Tiza" desde la discografía antigua. (Pág.5).

(12) El Orden, 29 de mayo de 1893. Gentileza de Gregorio Valderrama.

(13) ORTIZ NUEVO José LuisLas mil y una historias de Pericón de  Cádiz, Madrid: Ediciones Demófilo, 1975 (Págs 251-252).

(14) VILA VALENCIA, Adolfo, Memorias del Teatro Cómico de Cádiz (1886-1932), Cádiz: El Autor, 1995.

(15) "Después de permanecer cerrado durante muchos años; las lluvias provocan importantes hundimientos en el edificio del antiguo Cine San Miguel; lo que lleva al Ayuntamiento a realizar urgentes medidas de seguridad, con el derribo de cubiertas y paramentos interiores". Véase GARÓFANO SÁNCHEZ, Rafael, Crónica social del cine en Cádiz, Cádiz: Quorum Editores, 1996 (pág. 202).

(16)                                Mira la vergüenza
                                     que me has hecho pasar
                                     de andar pidiendo limosnas de puerta en puerta
                                     por tu libertad.
      
BLAS VEGA, José, Ibídem (págs. 63 y 64). El testimonio oral del cantaor Pepe el de la Matrona, ya había confirmado este extremo: "Los Mellizos (se refiere Matrona a los dos hijos de Enrique) respetaban mucho a Chacón, porque le había dao un beneficio a Antonio de mil quinientas pesetas, pa que se librara de ir a la Guerra de Cuba y de Filipinas, que pagando mil quinientas pesetas se libraban, y por esto lo querían mucho y le llamaban padrino." Véase ORTIZ NUEVO, José Luis y NÚÑEZ MELÉNDEZ, José, Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano, Madrid: Ediciones Demófilo, 1975 (pág. 51).

(17) "Contaba su tocaor, Manuel Pérez el Pollo, que el día de su muerte aún tuvo pasión y arrestos el agotado Enrique para pedirle, junto a la cama, un toque por malagueña, y para un final, improvisadas como tantas, que fue como su sentencioso, fatalista adiós a la vida:

                                       Ni la experiencia ni el tiempo
                                       a mí me sirven de ná
                                       Undebé a mí me tenía
                                       sujeto a su voluntad."

Véase, QUIÑONES CHOZAS, FernandoDe Cádiz y sus cantes. Llaves de una ciudad y un folklore milenarios, Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2005 (pág. 185).

(18) Mostrada en su día por Antonio Barberán en su blog Callejón del Duende.

(19) MORENO DELGADO, Manuel, Aurelio, su cante, su vida, Cádiz: Escelicer, 1964 (pág. 51).