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miércoles, 2 de enero de 2013

La Tía Norica baila la cachucha (1847)

Ramón de Mesoneros
La cachucha fue un pre-cante alumbrado en torno al Cádiz de las Cortes. Eso nos lo contó Ramón de Mesoneros Romanos. La abundante hemerografía del Doce contabiliza numerosas cachuchas que se interpretaban durante el Sitio, en la Posada de la Academia, en el Teatro del Balón y en el Teatro Principal, junto a guarachas y a fandangos. En las inmediaciones de la actual Plaza de Fragela, existía un "café de tablas", llamado La Cachucha. Sus letras (siempre "yendo" a algún sitio, acaso por estar sitiadas) reflejaban la cotidianidad de la resistencia ante el enemigo, en torno a los batallones de voluntarios distinguidos, como ésta, conservada a mediados del siglo XIX en Puerto Rico:

                                           Vámonos china del alma
                                           vámonos a La Caleta
                                           que allí están los Guacamayos
                                           con fusil y bayoneta.

La cachucha saltó luego a Jerez y a Sevilla y, posteriormente, se difundió por toda España y más tarde por Europa, primero Francia, hasta alcanzar Dinamarca y buena parte de Sudamérica y Centroamérica: ChileMéxico, Argentina, Cuba y Puerto Rico

No deja de ser curioso cómo la voz 'cachucha' tenga acepciones tan dispares. En Argentina es el órgano sexual de la mujer; en México, Venezuela y Colombia es la gorra con visera. En Cádiz tiene, actualmente, dos significados, en función de su género: en femenino es una playa de Puerto Real, a cuyos fangos le atribuyen propiedades curativas; en masculino es un pescao que quitó mucha hambre en la posguerra (que se lo digan a nuestros padres). Añadan la dinastía de Las Cachucheras, de cuyo tronco fértil ramificó la viñera Rosario Monge La Mejorana, (madre de Pastora Imperio), una gitana guapa como ella sola y bailaora, que revolucionó los cafés cantantes sevillanos del antepasado siglo y que le aportara a Manuel de Falla, un excepcional caudal musical, de la más rancia tradición calé, para que su hija protagonizara El Amor Brujo.

En el Teatro del Balón en 1837 y a beneficio del señor Quintana, actor "de carácter anciano" (sic) encontramos a una niña de ocho años debutando con el baile de la cachucha. Junto a ella, la señora María Jesús y su esposo bailando el jaleo y boleras de los dos Fígaros y la representación de un sainete de Juan Ignacio González del Castillo, El día de toros en Cádiz o el gitano Canuto Mojarra (otro pescao que quitó hambre y otra voz sudamericana):

Diario Mercantil, 16 de enero de 1837


Foto: Los fardos
Como estamos en Navidad, en plena representación de los Autos, ha aparecido también un precioso fardo con una noticia, cuando menos curiosa: la constatación del baile de la cachucha por los títeres de La Tía Norica, concretamente por la propia Norica, matriarca de unos títeres gaditanos, símbolo y joya etnológica del teatro de marionetas, que los hermanos Bablé dirigen, como último eslabón de una larga cadena de marionetistas, que discurre larga, doscientos y pico de años.



Foto: Los fardos

El hecho se produjo en 1847, en funciones vespertinas, en el Teatro Isabel Segunda, concretamente en el tercer acto. En el cuarto, una niña y un niño de trece años ejecutaron varios bailes nacionales. ¡Ay, los bailes nacionales y del país, qué flamenquitos eran!

El Nacional, 2 de enero de 1847

Foto: Los fardos



Al año siguiente, 1848, la Tía Norica vuelve a bailar la cachucha en el mismo coliseo y con los mismos niños; que digo yo que tendrían ya un año más de trece... ¿o más que voy a cumplir años yo?

El Nacional, 30 de enero de 1848


Dibujo de Rivero Gil.
La Libertad, 18 de junio de 1927
Actualmente, la mayor autoridad sobre los títeres de La Tía Norica es la especialista Désireé Ortega Cerpa, cuyo extraordinario trabajo de investigación para su doctorado (1) "ciencias del espectáculo", puede ser consultado en red y desde este blog recomendamos su lectura. Aquí.

Como, asimismo, lo hacemos del estudio histórico del titiritero y profesor de la Universidad de Sevilla, Francisco J. Cornejo: La Tía Norica, orígenes y difusión.

¿Vendrá Batillo de 'bato', en caló: 'padre'? (2)























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(1) ORTEGA CERPA, Désireé, Sainete de la Tía Norica. Edición crítica, introducción y notas, ISBN 689-0667-0.

(2) JIMÉNEZ, Augusto, Vocabulario del dialecto jitano por D. Augusto Jiménez, Sevilla: Imprenta de don José María Gutiérrez de Alba, 1846 (edición facsimilar de la Asociación de Libreros de Viejo).

viernes, 21 de diciembre de 2012

Sopa al cuarto de hora. Patronato de Tourismo

Quizá flamenco y gastronomía compartan más aspectos de los que imaginemos. No sólo el vino ha jugado un papel muy importante en la litúrgica del cante, sino que los estilos flamencos, como los guisos, tienen en común supuestos orígenes, ambos aceptan mezclas y ambos se engrandecen con sabores e ideas nuevas. Digamos que en la gastronomía también hubo una ida y una vuelta, de la misma manera que los cantes se ligaron en armonía con patrones rítmicos de ultramar. El tomate es al gazpacho lo que el patrón de tango al flamenco. Papas de ida, tomate de vuelta. Maridaje de tonos y de cadencias. Ligazón de notas y salsas.

Al cante y a la receta también les une la dificultad de datar con precisión sus respectivos orígenes, porque en los alumbramientos, generalmente, nunca hay notarios de guardia, a pie de cunas que levanten el acta del parto, musical o culinario. Por eso este tipo de discusiones son estériles y propensas a que el chovinismo sea lo primero que llame a la puerta. Pero siempre hay fardos y papeles que acreditan una determinada teoría, así como indicios claros que dan pistas de por dónde pudo estar el origen.

Curiosamente, tanto el comediógrafo gaditano Juan Ignacio González del Castillo, primero, como el escritor malagueño Serafín Estébanez Calderón, después, aludirán al "taco", el antecedente de la palabra "tapa", según puso recientemente de relieve el mayor especialista en la cocina gaditana del siglo XVIII, Manuel Ruiz Torres. Y curiosamente también, la literatura de ambos autores (González-Estébanez), es decisiva y muy valiosa para comprender la historia del arte flamenco.

Es bastante más probable que una sopa, basada en productos de la mar tenga su origen a orillas de un litoral, como más probable también es que una receta, basada en la verdura, naciera a la vera de una huerta. Con todo, uno se encuentra recetarios de cocina "genuina" que causan asombro, como uno de cocina "autóctona" de una ciudad a orillas de un río, bien cerquita de la Meseta Central, que aseguraba en su flamante "pedeefe" que las Papas con choco eran originarias de allí. Chocos de río. Naturalmente.


La Sopa al cuarto de hora, sopa marinera con arroz, muy probablemente de la Bahía gaditana, ya aparece citada en las crónicas de la ciudad de Cádiz en el Novísimo romancero español de 1880. Según Ruiz Torres, también lo hace así en las memorias de Luis Taboada: Intimidades y recuerdos, de 1900 (donde nada más llegar a Cádiz probó la sopa al cuarto de hora y bebió manzanilla); y en la Guía del buen comer español, de Dionisio Pérez, de 1929 (guía de referencia) como un plato gaditano, cuyo principal elemento era el ostión.

Diario de Cádiz, 15 de abril de 1903


Y como América tuvo y tiene su petenera de Petén, para que nada le falte al mestizaje gastroflamenco, también tuvo y tiene su sopa de ostiones, como lo cuenta María Antonieta Reyes (1).

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(1) REYES GAVILÁN Y MOENCK, María Antonieta, Delicias de la Mesa. Manual de Cocina y Repostería, La Habana, 1925.