Otoño de 1512. Una goleta navega rumbo a Cádiz. Una galerna la encalla en la Punta la Nao. El cargamento es sumamente valioso; trae estibado los misterios aurorales del flamenco. Lingotes de seguiriya y soleá, plata pura de corridos y tonás, de cantiñas y perlas preciosas de aroma indiano. Por testigo su orilla y la sangre dinástica de la gente del bronce. Pericón lo dijo y el poeta de Archidona dio fe.
Aquí están los fardos, sin pretensión de fardar. Papeles flamencos de Cádiz y sus Puertos.
Corría el año 1989. Se había disuelto Alianza Popular, el partido creado por siete ex ministros franquistas. El príncipe Akihito barruntaba relevo; al poco, fallecería su padre, Hiroito —¡ay porejito!, le cantaron por aquí—. Salman Rushdie publicaba Los versos satánicos y desataba la furia del mundo musulmán y en Pekín se había iniciado la revuelta de la Plaza de Tiananmen.
En Cádiz, un mago salvadoreño sacaba de su chistera, regates imposibles, haciendo magia con un balón al filo del banderín de corner y bebiéndose a tragos la vida, le daba coba a un gallego que le entrenaba, con sus sempiternas noches de faldas y alcohol: la ecuación de la vida para un genio que te hacía una cachita, una culebrita macheteada o le daba decenas de volaítas a una naranja, más pronto que decir amén. La vida en siete sorbos.
Mágico González y Juanito Villar ante las cámaras de TVE
Camarón en Abbey Road (Londres)
Otro mago, sorprendente, con increíbles similitudes al anterior, de ser y de estar ante la vida; melenudo como él, imprevisto como él, tímido como él, célebre por sus espantás como él, también genio de origen humilde, nacido en La Isla de León, Camarón, ultimaba en Abbey Road, su penúltimo long play de vinilo con la Royal Philharmonic Orchestra; disco que presentaría en la Navidad de ese mismo año, un 3 de diciembre de 1989 en el Teatro Andalucía de Cádiz.
Foto: Jaime Gorospe
Fernando Quiñones, Josefina Junquera y Pilar Paz Pasamar
Antonio Reguera
A finales del mes de marzo de ese año, oficiosamente, y en abril, ya de forma oficial, nacía en Cádiz una nueva emisora de radio: Canal Sur Radio S. A., filial de la Radio Televisión de Andalucía. En la primera quincena de mayo efectuaba su período de prueba y el día 29 de ese mismo mes se presentaba al público de Cádiz en el Hotel Atlántico, ante toda la sociedad gaditana, con una representación nutrida de invitados ilustres, autoridades y celebridades, variopintas, desde los poetas Fernando Quiñones y Pilar Paz Pasamar, al cantautor Javier Ruibal o al gurú de la pocavergüenza, Antonio Reguera.
El Peña, último galán del Cortijo, interpretando Ágata, tras su gira con Los Beatles de Cádiz
Juan Martínez Neto, Juman, hijo de Pericón de Cádiz
Canal Sur ocupaba una finca en la céntrica Plaza de España y una antena de veinte metros de altura, coronaba la azotea del inmueble. El emplazamiento de los estudios de Cádiz tenía desde allí mismo el centro emisor, con una potencia de 5/5 Kw. y le fueron asignadas las frecuencias 102.5 y 104.4 de la Frecuencia Modulada.
Carmen Abenza y Mariana Cornejo. Atrás, Curro la Gamba y Manolo Gago
Nos tocó producir y coordinar íntegra la gala, que duró más de doce horas, así como organizar también la fiesta flamenca; en un tiempo récord (menos de una semana, por mor de cositas naíta más que regulares), con la única e inestimable ayuda de Joaquín Ponce de León y Miret (¡cualquiera no pone aquí sus muy nobles y muy heráldicos, tres apellidos!).
Dirigía la delegación gaditana Pepe Cervantes, y Paco Sánchez, eminente radiofonista y fotógrafo especializado en flamenco, lo hacía desde el organigrama primigenio de aquella incipiente emisora autonómica.
Luci Vera, Javier Osuna y Mariana Cornejo
Joaquín Linera Cortés, El Niño de la Leo
Ningún artista fue cobrando. Todos actuaron de forma altruista; ése fue el pacto alcanzado con Jesús Antonio Pulpón. Pero la guasa meridional afloró como en las salinas cristaliza la flor de sal, o el velo de flor emerge en la superficie de la bota de manzanilla: un corrillo travieso de flamenquitos de Cádiz: (comandados por Juanito Villary Pansequito) se pusieron de acuerdo para gastarle una broma a Rancapino —que le gustaba una peseta, más que a un cangrejo moro una lapa— al que le dijeron que todos habían cobrado ya por adelantado y le había pagado en efectivo un tal Javier Osuna...
Como pueden imaginar, Rancapino me persiguió por todo el Hotel Atlántico, —como una palometa a una parpuja— exigiendo que arriara la carná. Desde las cabinas telefónicas del hotel, en plena actuación, tuve que desenredar el nudo ballestrinque llamando a Sevilla a las oficinas de Pulpón quien, una vez enterado de la cuestión y al otro lado del hilo telefónico, me dijo: —No se preocupe, Sr. Osuna. ¿Tiene usted ahí cerca a Rancapino? Póngamelo al teléfono, si es tan amable, y deje el asunto en mis manos... (dijo el famoso manager) —¡Sí, sí!; ¡Bueno, bueno!; ¡Vale, vale!; ¡Claro, claro!... ¡Lo que usted diga, don Jesús Antonio Pulpón! (concluyó Rancapino)
Beni de Cádiz. Siempre elegante
Fiesta de mucha altura. Telegramas de adhesión de Camarón de la Islay de Paco de Lucía; momento inolvidable con el maestro Manolo Sanlúcar; con el elegante Beni de Cádiz, que bien clarito lo advirtió: "—Vale, sentrañitas mías, me parece todo muy bien, pero yo no cantó ¿eh, mi vida?"; con Chano Lobato, que le acompañó su hijo Chanito; Mariana Cornejo, risueña y zalamera, que compartió sus bulerías con Carmen Abenza, la popular presentadora que, junto a Manolo Curao, protagonizaron todas las entrevistas; Rancapino que con el toque de piano se acordó del maestro Manolo Caracol con Carcelero; Juanito Villar, Jineto, Manoli de Gertrudis y Gertrudis, que improvisaron una fiesta irrepetible de un patio de la calle Ángel... Tina Pavón, Curro la Gamba, Manolo Gago, El Niño del Parque, El Niño de la Leo, que ofició de tocaor a todos los artistas; Reyes Martín, María Jesús Figuereo, Luisa la de Enrique, Jaime Montero... Veintisiete años hace. Y juraría que fue ayer.
Manolo Sanlúcar entrevistado por Manolo Curao
Rancapino acordándose de Caracol. Atrás El Niño de la Leo
Chano Lobato, por alegrías, acompañado de su hijo Chanito
Carmen Abenza y Mariana Cornejo
Carmen Abenza y Mariana Cornejo con las palmas de Curro la Gamba y de Manolo Gago
Carmen Abenza y Mariana Cornejo
Carmen Abenza y Mariana Cornejo
Mariana Cornejo, Chano Lobato, Manolo Curao, Chanito y Carmen Abenza
Curro la Gamba conversa con Manuel Curao y Carmen Abenza
Reyes Martín. Atrás, María Jesús Figuereo, Ani la del Pina y Luisa la de Enrique
El Niño del Parque y El Niño de la Leo
Jineto, Manoli de Gertrudis, Juanito Villar y Manolo Curao. Al lado, Carmen Abenza y Gertrudis
Juanito Villar. Atrás, Manoli de Gertrudis, El Niño de la Leo y Jineto
Manoli de Gertrudis, Niño la Leo, Juanito Villar, Gertrudis y Jineto
Gertrudis
Gertrudis
Gertrudis
Con José Peña Herrera, El Peña, Luci Vera, Mariana Cornejo, María Jesús Figuereo, Reyes Martín, Ani la del Pina, El Libi y Miguel el Mellao, se hizo uno de los radioteatros cómicos, más divertidos y de un humor inteligente, propio de una época, de personajes excepcionales y maestros de la improvisación, que hicieron reír a toda una generación de oyentes. El radioteatro formaba parte del magazine, conducido por Salvador Estudillo y producido por Javier Osuna.
Javier Osuna
Ani la del Pina, Luci Vera, El Libi, El Peña, María Jesús Figuereo y Reyes Martín
Luci Vera, Ani la del Pina, El Peña y María Jesús Figuereo
Luci Vera, El Peña y María Jesús Figuereo
Ani la del Pina, Luci Vera, El Peña, El Libi y María Jesús Figuereo
El beso de dos enormes artistas: Luci Vera y El Peña
Ani la del Pina, Luci Vera, El Peña y María Jesús Figuereo. Arriba, El Libi, Salvador Estudillo y Reyes Martín
La gaditana Luci Vera, del barrio de Santa María, íntima amiga de Mariana Cornejo. ¡Genio y figura!
La fotografía en blanco y negro tiene su aquel. "Aquel", más cerca de significar inteligencia (según raíz árabe), que del pronombre demostrativo, como adelantó Adolfo de Castro en su estudio de arcanidades. O sea, su nosequé: ese comodín lingüístico que sirve para explicar lo que no tiene explicación: como el duende flamenco, los agujeros negros o la mirada de Farruco.
Claro que para hacer buenas fotografías hay que ser buen fotógrafo. Y en modo alguno están ante uno, por más que en esta marea hayamos querido compartir un fardo con fotos de la cosecha de nuestro atrevimiento. Porque es evidente que hacer fotos no nos convierte en fotógrafo; como escribir libros, tampoco en escritor; y como ni siquiera ser productor de radio nos convierte en periodista. Otros sí se sienten convertidos, y en su derecho que están, ¡oigusté!
Mariana Cornejo
No busquen —pues— en estas imágenes composiciones inteligentes, ni buenos encuadres o mejores definiciones. Son fotos escandalosamente simples, con vocación advenediza; llenas de defectos de mero aficionado, cuyo único denominador común es que estuvieron hechas con mucha ilusión.
Son también hijas del carrete y del revelado, de asas, de líquidos en cubeta, de tiempos de exposiciones y de alfileres de madera "tendiendo" pequeñas ilusiones en papel fotográfico, que pendían de un hilo de expectativas, en aquel laboratorio oscuro de luces rojas. Oscuro y rojo como el ilusionante contraste de lo prohibido.
Mariana Cornejo
El proceso, no por conocido, dejaba de tener un envolvente de absoluta magia, cuando de forma fantástica, iban apareciendo en el blanco de los papeles bañados por los líquidos fijadores, fantasmagóricas líneas y trazos que luego se convertían en siluetas, más tarde en figuras y al poco en personas, paisajes y cosas.
Imagino las caras asombradas de los pioneros del daguerrotipo y de aquellos caballeros decimonónicos de la albúmina y el colodión, cuánta fascinación tuvieron que sentir, cuando fijaron para siempre la imagen, en el ecuador del siglo XIX.
Si algo tienen de positivos estos retratos —aparte de haber sido positivados de negativos— es su indiscutible valor testifical y fedatario de un tiempo del Cádiz flamenco de lo inicios de los años 90, que ahora estamos encantados de compartir en este aguaje de abril, veintipico años después.
Aquella noche (como diría Félix Grande) Mariana Cornejoestuvo tocada por los duendes de la vieja Fábrica de Electricidad que la Sociedad Cooperativa del Gas había abierto en la plaza del Pozo de las Nieves, luego Central Lechera, espacio cultural que todavía conserva dicha denominación. Mariana se encontraba en plenitud de facultades. Hacía unos años que había ganado el Concurso Nacional de Córdoba y su fama de dominadora de los estilos de Cádiz y los Puertos, se había extendido por toda la geografía española, con el espaldarazo que le supuso la otra fama mediática de los anuncios televisivos y su participación en la serie de Canal Sur TelevisiónPensión el Patio, de Gonzalo García Pelayo.
Mariana Cornejo
Aquella noche (proseguiría Félix) Mariana invocó a los dioses de la vieja central de electricidad. Desplegó toda la bipolaridad de su cante. Transitó por los tonos agudos y graves y por toda la baraja rítmica. Se acordó de El Pena (padre), arrebujó las cantiñasdel Torrijo con el pregón verdulero del mirabrás; rememoró por bulerías a La Perla y a veces con su timbre llegaba a recordártela, con la sonrisa aprobatoria de su marido, Curro la Gamba, que con las palmas le secundaba atrás —con El Morcillero y su hermano Juan— los tres con soniquete milimétrico.
Se puso seria con la malagueña del Mellizo: Si dios me diera a mí el mando / yo quitaría del mundo... Conmovió con la soleá de Cádiz: ¡Omaíta de mi alma / dime dónde estás metía / que a voces te estoy llamando / y tú no me respondía! Y festera la formó por tanguillos: con los textos del poeta arcense Antonio Murciano y la melodía anticuaria de Rodríguez, El Tío de la Tiza, sin saber Marianita que los arcanos de las calichas de La Lechera estaban en complú, pues Rodríguez había trabajado en la empresa de fabricación de gas (luego de electricidad) que ocupó el mismo edificio en el que estaba actuando: Aquí está la Mariana con sus tanguillos / pa alegrá a los viejos, gordos, pellejos y a los chiquillos...
Paco del Río presentando el acto. Atrás, Curro la Gamba, Juan Cornejo y El Morcillero. Alante: Mariana Cornejo y Pascual de Lorca
Mariana Cornejo y Pascual de Lorca.
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo y Pascual de Lorca
Insólita imagen suya cantando con gafas
Mariana Cornejo, Juan Cornejo, El Morcillero y Pascual de Lorca
Mariana Cornejo
El Morcillero
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo y Pascual de Lorca
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo, Curro la Gamba Juan Cornejo y El Morcillero
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo y Pascual de Lorca
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo y Pascual de Lorca
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Mariana Cornejo
Te recuerdo con el corazón, con tu sonrisa y tu alegría, que eran más verdad que todos los amaneceres juntos. Mira qué guapa estabas en la boda de David Palomar, que te cantó con admiración y tú le bailaste a él. ¿Te acuerdas que nos pusieron un arroz con chorizos frescos, de gran categoría, a las lorquianas cinco de la tarde?